Ansiedad Miedos y Fobias

La ansiedad se dispara ante algún peligro, a los ansiosos sin peligro aparente. ¿Quiere esto decir que los ansiosos somos miedosos?


El espectro de los llamados trastornos del ánimo, aquellas dolencias psicológicas que no responden a una alteración contrastada médicamente de nuestro cerebro (como pueda ser la esquizofrenia), son alteraciones que tienen mala consideración social, sobre todo porque su existencia no puede ser demostrada de la misma manera que el resto de dolencias; cuando tenemos un brazo roto o padecemos paperas, es difícil que alguien te lo cuestione.

Ansiedad Miedos y Fobias
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En el caso de los trastornos del ánimo (depresión, ansiedad y estrés) quien los padece sabe de su sufrimiento, pero este no puede ser demostrado con una prueba clínica, lo cual da pie al engaño y el que la gente que nos rodea pueda pensar que no es realmente nada grave lo que nos ocurre sino que, simplemente: o estamos fingiendo o somos personas débiles que no sabemos afrontar los problemas con los que todos tenemos que lidiar a diario.

En el caso de las personas que padecemos trastorno de ansiedad: sabemos que la ansiedad es un sistema preventivo que nos prepara ante los peligros, sabemos que las personas ansiosas tenemos un mal funcionamiento de este sistema y se nos está activando ante peligros que en realidad no existen.

Si pensamos que el miedo es una emoción que surge cuando interpretamos una situación como peligrosa, que tiene como objetivo alertarnos y obligarnos a actuar para evitarlo, huyendo, luchando o pidiendo ayuda, y que esto es lo que ocurre cuando se dispara el sistema ansiedad, la conclusión es rápida: los ansiosos somos miedosos, somos gente que tenemos miedo a cosas a los que los demás no suelen temer: espacios abiertos, espacios cerrados, muchedumbres, soledad, viajar en avión, etc.

Cuando ese miedo es algo muy intenso y responde a cosas a las que la gente no suele temer porque tienen muy poca probabilidad de ocurrir (que se estrelle un avión) o simplemente no son amenazas reales (las cucarachas), en este caso estamos hablando de fobias. Las fobias por su intensidad extrema de respuesta al peligro serían las desencadenantes del ataque de ansiedad.

Con este panorama es normal que cuando te diagnostican que tienes ansiedad, que padeces de trastorno de ansiedad, que no te estas muriendo sino que tienes un ataque de ansiedad, lo normal es que tu primera reacción sea la negación: lo que a mí me ocurre no es ansiedad, yo no soy una persona débil ni un miedoso, mi problema responde a otra causa, es un error de diagnóstico.

Podemos seguir consultando a distintos especialistas y obteniendo una y otra vez el mismo diagnóstico. Antes de seguir insistiendo en que se trata de errores de diagnóstico deberemos aceptarlo lo antes posible y concentrar nuestros esfuerzos en aprender a controlar la ansiedad y controlar el ataque de ansiedad y, respecto a la opinión popular, preguntarnos:


Los Ansiosos somos miedosos



¿Has observado como con frecuencia las personas mayores tienen más reparos en conducir de noche que las personas jóvenes? Algunas personas, en especial las jóvenes, te dirán que esto responde a que con los años nos hacemos más miedosos. La pregunta ahora sería si estas personas mayores son más miedosos o más responsables: Al conducir, estamos desplazando 1 tonelada a 120Km, esto deja bajo nuestras manos una gran cantidad de energía. Las personas jóvenes no suelen ser conscientes de la responsabilidad que esto supone, por el contrario, las personas mayores sí suelen ser conscientes de ello y de que sus reflejos ya nos son los de antaño, por tanto ¿Son más miedosos o más responsables?

El miedo tiene una función adaptativa, la de informarnos de los peligros.

En principio todos nacemos sin miedos o con miedos muy básicos (no está demostrado pero es posible que todos nazcamos con miedos innatos a cosas como a no tener cubiertas nuestras necesidades básicas, los ruidos fuertes inesperados o los golpes) y nuestra experiencia personal, es la que hace que los desarrollemos por un proceso de aprendizaje: estimulo – desenlace. De esta manera cuando recibimos determinados mensajes, anticipamos determinadas consecuencias.

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Por desgracia, proceso de asociación no siempre está muy definido, no siempre está claro qué es lo que provocó que ante determinados estímulos asociemos determinadas respuestas. Ello es debido principalmente a que: todos tenemos días malos, días en los que estamos especialmente abatidos, tristes, cansados, etc. días en los que asociaremos estímulo–consecuencia de manera errónea y que, generalmente, nos gusta muy poco la incertidumbre y tenemos una tendencia natural a asociar aquello que no podemos controlar con malas consecuencias.

Además, está demostrado que los miedos tienen a generalizarse y a extenderse a estímulos similares. Aunque algunas personas tienen más facilidad que otras para diferenciar, con frecuencia tendemos a ser generalistas y extender lo que fue un aprendizaje estímulo-consecuencia concreto a estímulos similares, previendo consecuencias que pueden ser equivocadas, pero que aceptamos como ciertas (y malas).


Siguiendo este razonamiento no siempre es fácil saber qué proceso mental es el que se ha desarrollado en nuestra mente para que ante determinados estímulos responda con una percepción de peligro y dispare el sistema ansiedad. Puesto que desconocemos estos mecanismos, sólo percibimos los síntomas de la ansiedad y no sabemos por qué se están produciendo, lo que nos lleva al equívoco de pensar que no responden a la ansiedad sino a otras causas.

En realidad no tenemos miedo, no tenemos un temor consciente a algo concreto sino una (o varias) malas asociaciones estímulo-consecuencia, que hacen que se dispare la ansiedad sin que – normalmente – sepamos a qué es debido. En el caso de las personas con una ansiedad concreta, las que padecen agorafobia, fobia a volar, fobias específicas, etc. sí son conocedoras del detonante, pero no del proceso asociativo que las ha conducido a esta ansiedad.

Para comenzar a desenredar esta madeja primero debemos comprender que el temor a algo responde a dos cuestiones:
  • El peligro objetivo en sí: No es lo mismo ir paseando por una calle y al girar la esquina toparnos de cara con un gatito o hacerlo con un tigre. Aunque en ambos casos nos hemos cruzado con un felino y un gato que se siente acorralado puede ser muy peligroso, objetivamente es mucho más peligroso encontrarnos con un tigre.
  • Las herramientas, capacidades, medios en definitiva los recursos que tengamos para afrontar esta situación


Ante nuestra ansiedad el primer paso será conocer cuáles son los detonantes reales de nuestro trastorno y aprender a valorarlos en su justa medida. Por ejemplo: si tenemos miedo a volar, no podemos buscar la solución a nuestro problema en una garantía al 100% de que el avión no se estrellará o en transformarnos en lo que le ocurre a la mayoría de gente y es que ni tan solo piensa conscientemente en este peligro; aunque minúscula, la opción de estrellarse existe y superar nuestro miedo pasará por asumirlo igual que asumimos tantos otros peligros, esta vez de forma consciente.

El segundo factor del miedo, los recursos que tengamos para afrontarlos; es la herramienta que nos va a permitir controlar nuestra ansiedad. Aun no conociendo el origen de la misma, aún sin saber qué asociación estímulo-consecuencia fue el detonante de nuestro trastorno de ansiedad, de nuestro ataque de ansiedad, es posible recuperar o desarrollar los recursos que nos permitan afrontar esta consecuencia con garantías y, por tanto, que nuestro sistema ansiedad no se active ante los estímulos pues no apreciaremos peligro en su consecuencia.

Volviendo al caso de las personas adultas y su reticencia a conducir de noche, podemos hablar de los niños pequeños que tienen miedo a la oscuridad. Este temor, habitualmente, se supera con el tiempo cuando el niño razona lo improbable de su miedo (nadie puede asegurar al 100% que la oscuridad no esté “escondiendo” ningún monstruo o malvado) y cuando el niño se desarrolla y adquiere mayor confianza en sus capacidades para solventar ese improbable acontecimiento.




Taquicardias y Palpitaciones por Ansiedad

La taquicardia, la sensación de estar sufriendo un ataque al corazón es frecuente entre los ansiosos. Analicemos por qué y qué podemos hacer.


Taquicardia por Ansiedad
A muchas personas que no saben de qué estamos hablando puede parecerles que las personas que padecemos de trastorno de ansiedad somos personas hipocondriacas (que estamos constantemente pendientes de nuestra salud), eso es porque no saben que - pese a que el nuestro es un trastorno de origen mental - la manera en que se muestran los síntomas es física y muy real, tan real como si respondiera a una alteración física.

En este caso vamos a centrarnos en uno de los síntomas físicos que más suelen preocupar a las personas que padecemos de trastorno de ansiedad: las Taquicardias y Palpitaciones.

Cuando padeces ansiedad, es habitual que en uno u otro momento (en especial cuando estamos ante un ataque de ansiedad), sintamos taquicardias y palpitaciones: nuestro corazón comienza a latir con mucha más fuerza y cada vez más rápido y a esto puede ir unido el que sintamos que nos comienza a doler el brazo izquierdo y que nos duela el pecho. Cualquier persona medio instruida sabe que esto son síntomas claros de un ataque al corazón, por lo que es normal que nos invada la preocupación de estar sufriéndolo y temamos por nuestra vida.

La realidad es que - afortunadamente - no estamos sufriendo ningún ataque al corazón, es sólo otro de los síntomas de la ansiedad; algo desagradable pero inofensivo.

La pregunta que nos haremos ahora es:


¿Por qué la Ansiedad produce 

Taquicardias y Palpitaciones?



Para entender por qué las personas ansiosas tenemos tendencia a sufrir taquicardias, debemos primero entender como funciona el sistema Ansiedad:

La Ansiedad es el sistema que tiene nuestro cuerpo de prepararnos para tener mayores posibilidades de salir airosos de una situación de peligro. Cuando sentimos que estamos en peligro, nuestro cuerpo responde poniendo en marcha el sistema Ansiedad, el cual será el encargado de producir una serie de cambios químicos y físicos para prepararnos para luchar o huir ante esta amenaza.

A grandes rasgos, al activarse la ansiedad, esta manda órdenes a nuestras glándulas suprarrenales (unas glándulas que tenemos encima de los riñones) para que comiencen a producir grandes cantidades de adrenalina. La adrenalina es una hormona que en nuestro torrente sanguíneo va a producir que se activen nuestros sistemas. Nuestros músculos necesitan más fuerza y para ello necesitan más alimentos y por ello comenzamos a respirar con mayor fuerza, pero estos alimentos deben ser distribuidos rápidamente por nuestro cuerpo y ello implica que nuestro corazón debe comenzar a latir con mayor fuerza y a mayor ritmo.

Las personas ansiosas, las que padecemos de trastorno de Ansiedad, aquellos a las que nuestro sistema Ansiedad no nos funciona de manera adecuada, nuestro trastorno nos provoca que el sistema ansiedad se ponga en funcionamiento cuando aparentemente debiera hacerlo. Se dispara la ansiedad, no sabemos que lo ha hecho y nosotros lo que percibimos es que, sin causa aparente, se nos ha acelerado el pulso y nuestro corazón late con mucha más fuerza. Tenemos Taquicardia física real, aunque no responde a que nos esté dando ningún ataque al corazón, “es sólo” un síntoma de nuestra ansiedad.


Ahora ya sabes el porqué científico de las taquicardias y palpitaciones por ansiedad. Aun así, es probable que esta explicación se te quede corta pues no descarta el que realmente estés sufriendo un ataque al corazón y, probablemente, el hecho de que tengas diagnosticado que padeces de trastorno de ansiedad y te hayamos informado de que es un síntoma habitual de los ansiosos, no te tranquilices y necesites el diagnóstico de un profesional que te corrobore este extremo. Si este es tu caso, pese a que te recomendamos que se lo comentes al especialista y que este te realice las pruebas oportunas para descartar que tengas problemas del corazón, te interesa el siguiente apartado.


Qué hacer ante una taquicardia por Ansiedad



Aunque ya sabemos que el trastorno de ansiedad y en concreto los ataques de ansiedad tienen como síntoma frecuente la taquicardia y conocemos a qué responden físicamente, necesitamos saber qué hacer ante estas palpitaciones, como controlar la taquicardia por ansiedad.

Las taquicardias por ansiedad no desaparecerán completamente hasta que aprendamos como controlar la ansiedad el ataque de ansiedad, pero antes podemos reducirlas de manera muy considerable siguiendo estos sencillos pasos:

  1. Obsérvate y recuerda que estabas pensando o haciendo. Lo más seguro es que descubras que hay algo que te intranquiliza; pensamientos negativos, situaciones incómodas, te sientes atacado o simplemente acabas de ver una película u oír una canción muy intensa. Graba este posible detonante para un análisis cuando estés tranquilo y deja de pensar en ello.

  2. Dite a ti mismo que, pese a lo real que se está mostrando, tu sabes que es un síntoma de la ansiedad, que no estas padeciendo ningún ataque al corazón.

  3. Demuéstrate que realmente no estas sufriendo ningún ataque al corazón.
    Para ello debes centrarte en tu respiración, en mantener una respiración profunda y rítmica. Una respiración en la que debes ser consciente de que estas respirando, fijando tu atención en como entra y sale el aire, una respiración en la que oxigenemos nuestro cuerpo sin llegar a hiperventilarnos.
    Cuando hayamos alcanzado el ritmo de respiración debemos centrar nuestra mente en otra cosa, distraer nuestra atención de nuestro corazón. Recordar una película que hayamos visto y nos resulte agradable, preparar una conversación que debes mantener, repasar las tablas de multiplicar, etc. Ocupar la mente en algo distinto y no prestar atención a cómo late nuestro corazón. (Si estás acompañado, no te aísles y busca la conversación con la persona que te acompaña, invítala a tomar algo, descéntrate).

  4. Sin que apenas te des cuenta, tu ritmo cardiaco volverá a la normalidad, tu corazón recuperará la calma, con lo que tendrás dos puntos muy importantes:

    • No padeces de ningún ataque al corazón, pues este no se habría parado.

    • Sabes que, ante un nuevo episodio de taquicardias por ansiedad, tienes herramientas para recuperarte de manera rápida.



La ansiedad, pese a ser una alteración mental, produce muchos síntomas físicos. Síntomas muy reales y uno de los más preocupantes y frecuentes es el de las Taquicardias y Palpitaciones por ansiedad. Descartado el que realmente tengamos un problema de corazón, podemos y debemos aprender que somos capaces de controlarla de una manera fácil que, cuanto mayor control tengamos sobre ella, será además más rápida.







Tecnicas de Relajacion Rapidas

Un ataque de ansiedad o la ansiedad en sí, ponen nuestro cuerpo en tensión: aprendamos aquí y ahora técnicas de relajación rápidas para volver a la calma.


Al hablar de ansiedad estamos hablando del trastorno de ansiedad, una alteración de nuestro sistema defensivo ansiedad, un funcionamiento anormal del sistema ansiedad, que hace que se dispare previniéndonos de peligros que, en nuestro estado anterior, no existían. Cuando el sistema se dispara, se desencadenan toda una serie de procesos en nuestro interior encaminados a tensionar nuestro cuerpo y a prepararnos para poder huir o luchar contra esta amenaza con las mayores probabilidades de éxito.

En la vida actual los peligros que nos acechan no son fieras hambrientas, ni fuegos, ni derrumbamientos, ni ninguno de esos peligros a los que estaban expuestos nuestros primeros antepasados viendo directamente en la naturaleza; nuestros peligros están más relacionados con situaciones en las que no queremos estar, personas que no nos resultan beneficiosas, problemas económicos, etc. Una serie de amenazas de las que – aunque sintamos la urgente necesidad – no podemos salir huyendo (por nuestra educación social), ni contra las que podamos luchar “a puñetazos”.

Tecnicas de Relajacion Rapidas 01
El resultado es que se dispara la ansiedad, se altera nuestro cuerpo, nos llenamos de tensión y no podemos liberarla. Algo que se acentúa cuando hablamos de un ataque de ansiedad que, como ya comentamos, es una concentración de la ansiedad en mucha intensidad durante un relativamente corto espacio de tiempo.

Necesitamos saber cómo recuperar la calma, tenemos que aprender cómo relajarnos, cómo resolver toda esta tensión acumulada de manera voluntaria y, para ello, tenemos que aprender técnicas de relajación rápidas. Técnicas de relajación que nos permitan retomar el control sobre nuestro cuerpo y nuestra mente, que nos permitan reducir los síntomas y recuperar pensamientos más claros y objetivos.

Existen multitud de técnicas de relajación, probablemente las que resulten más efectivas a la larga son las que requieren de un periodo más largo de aprendizaje, pero existen otras mucho más rápidas que podemos poner en práctica desde ya mismo. Dependiendo de cómo seas tú y de tus características, unas te resultaran más útiles que otras, pero ahora te vamos a exponer aquellas que han demostrado ser más efectivas:


Tecnicas de relajacion rápida en un ataque de ansiedad



Aunque no se trate exactamente de técnicas de relajación, hemos querido comenzar exponiendo dos cosas que podemos hacer ante un ataque de ansiedad.

Para aquellos que hayan tenido la fortuna de no padecer ninguno, vamos a explicar que un ataque de ansiedad es una crisis de ansiedad, esto es: es un periodo en el que la ansiedad nos ataca de una manera singularmente fuerte, es como si toda la ansiedad que padeces a lo largo del día se acumulara en muy poco tiempo (aunque, no por ello, desaparece el resto del día). Un ataque de ansiedad es, probablemente, la manifestación más dura y extrema de la ansiedad, es un estado en el que pasas a estar convencido de que tu vida peligra, tus síntomas disparados y mostrándose en su máxima expresión no te dejan dudar de ello. Para aquellos que sí la hemos padecido, ¿qué hace falta explicar?

La cuestión es que el ataque de ansiedad es intensamente desagradable y, cuando está en su esplendor, sumamente difícil de razonar de manera objetiva. Aun así, hay dos cosas que podemos y debemos forzarnos a hacer en cuanto comience un ataque de ansiedad.

  • La primera tiene que ver con un proceso biológico de nuestro cuerpo: es incapaz de generar a la vez adrenalina y saliva. Esto puede parecer una tontería pero es un hecho demostrado del que podemos sacar grandes y prontos beneficios.
    Cuando se activa el sistema ansiedad y en concreto cuando padecemos un ataque de ansiedad, el sistema ansiedad ordena una producción masiva de adrenalina, una hormona que se encargará a su vez de incrementar el ritmo y la fuerza de nuestros latidos, de contraer las venas, de dilatar los conductos del aire, de aumentar nuestra respiración, etc., en definitiva, de desencadenar toda la sintomatología del ataque de ansiedad.
    Puesto que conocemos que nuestro cuerpo no puede generar saliva y adrenalina a la vez, cuando notemos el inicio de un ataque de ansiedad deberemos forzar la producción de saliva: masticando un chicle o mordiendo la punta de la lengua (sin hacernos daño). Cuando más saliva generemos menos adrenalina y, por tanto, menos nos activaremos.

  • El segundo punto tiene que ver con el hecho de estar convencidos de que nuestra vida corre peligro y tener la necesidad urgente de huir o responder justamente de la forma contraria y quedarnos paralizados. Pese a que va contra naturaleza (puesto que, cuando sentimos que nuestra vida está en juego, lo normal es intentar poner todos los medios para evitarlo), ante un ataque de ansiedad debemos sobreponernos a estos pensamientos y forzar a nuestra mente a centrarse en otras cosas. En este sentido es útil utilizar una palabra o muletilla (frase que preferentemente sea alentadora) y repetírnosla una y otra vez, intentando no pensar en nada más que en esta palabra. Debemos intentar no alimentar los pensamientos catastrofistas que aumentarán nuestra ansiedad y prolongarán nuestro ataque de ansiedad.


Remarcar que, aunque es muy difícil mantener la mente lo suficientemente fría para recordar y poner en práctica lo anteriormente expuesto, para minimizar al máximo el impacto del ataque de ansiedad, debemos ponerlas en práctica lo antes posible y mantenerlas hasta que notemos que el ataque remite.

Realizada esta anotación sobre qué hacer para actuar rápido ante un ataque de ansiedad vamos ahora a centrarnos en las

Tecnicas de relajación rapida para la Ansiedad



Respiración.

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Al padecer ansiedad uno de los síntomas más frecuentes tiene que ver con la sensación de ahogo, de falta de aire. Como respuesta a esta sensación tendemos inconscientemente a incrementar más y más nuestra respiración, aumentando la intensidad y frecuencia de las bocanadas. La consecuencia es que no liberamos la sensación y sí hiperventilamos (o hiperrespiramos): introducimos más oxígeno del necesario en nuestro cuerpo y este reacciona con sequedad bucal, mareos, debilidad, vértigos, etc. síntomas que, responden a la hiperventilación, pero que tendemos a asociar a la ansiedad y esto hace que nuestra ansiedad se dispare aún más. (Aquellos aficionados al cine es probable que hayan visto películas en las que, cuando una persona tiene una crisis de ansiedad, se le da una bolsa para que respire por ella, el principio es el mismo: al respirar sobre una bolsa, el aire que introducimos es el que hemos expulsado anteriormente y, por tanto, pobre en oxígeno. Nota: no es una buena técnica la de la bolsa de aire, puede ser peligrosa, es mucho mejor la que exponemos abajo)

La técnica que debemos aplicar consiste en conocer y controlar cual es nuestro ritmo respiratorio adecuado, aquel que nos proporciona el suficiente oxígeno sin ser excesivo y, ante un aumento de la ansiedad, centrar nuestra mente y nuestro cuerpo en conseguir y mantener este ritmo. Aprovecharemos para enviar a nuestro cuerpo una orden de romper la tensión muscular cada vez de exhalemos aire, aprovecharemos para recorrer nuestro cuerpo y en cada exhalación relajar una zona de nuestro cuerpo.


Repetición.

La ansiedad tiene a hacer que nuestra mente esté constantemente dando vueltas y más vueltas sobre temas que nos obsesionan, temas que queremos aparcar durante un tiempo para concederle un descanso a nuestro cerebro y, paradójicamente, cuanto más intentamos alejarlos, más insistentes se vuelven.

La realidad es que hace falta tener un alto grado de autocontrol sobre el pensamiento para conseguir apartar de manera voluntaria pensamientos (en especial los que resultan negativos), pero, si podemos utilizar la técnica de la repetición para aplacarlos.

Esta técnica consiste en realizar actividades que requieran de nuestra atención sin suponer un esfuerzo mental: lavar los platos, barrer, limpiar cristales, caminar, etc. Cualquier actividad en la que debamos centrar nuestra atención en algo distinto a lo que nos obsesiona. Es importante destacar que no sirve de nada que nos pongamos a barrer si mientras lo hacemos continuamos dándole vueltas a nuestra preocupación, debemos barrer y forzarnos en hacerlo bien, fijándonos en no dejarnos nada por barrer y en recoger todo lo barrido, es casi seguro que mientras realicemos la actividad nos invadan los pensamientos, en ese momento debemos alejarlos, como apartarlos diciéndoles que ahora no es su momento y volver a centrarnos en la tarea que nos hemos impuesto.

Normalmente, esta técnica será más efectiva si realizamos actividades opuestas a las que hacemos habitualmente, puesto que exigirá más concentración por nuestra parte, ejemplo: si somos amas de casa, barrer es una actividad que realizamos habitualmente y que “haríamos de manera automática” (y probablemente muy bien), en este caso debemos buscar algo que no hagamos con tanta soltura (quizás poner un cuadro o pintarlo), pero, si por el contrario trabajamos fuera de casa y no solemos barrer, esta actividad sí nos puede resultar muy adecuada.


Desenfocar.

Probablemente hayas oído en alguna ocasión que una muy buena técnica para vencer el miedo escénico, el miedo a hablar en público o enfrentarte a un superior consiste en imaginártelo en ropa interior o directamente cuando visita el baño por las mañanas recién levantado. En realidad este es el principio que podemos utilizar para, de una manera rápida, bajar nuestro nivel de ansiedad y conseguir la tan necesaria relajación.

Esta técnica requiere de una explicación mucho más amplia de la que podemos dedicarle en este artículo, aun así, podemos introducirla para que observes en qué consiste y puedas ponerla en práctica desde ya mismo:

Cuando tenemos un ataque de ansiedad o ansiedad, habitualmente en nuestra mente se estarán representando de manera obsesiva alguna o las tres de las siguientes opciones: una imagen, una voz o una alteración física. La aplicación de esta técnica de relajación rápida consiste en modificar la manera en la que esta alteración se nos está haciendo presente para conseguir disminuirla. Si es una voz que se repite en nuestra mente con un mensaje, debemos intentar modificar la frecuencia (que hable más rápido o más lento), la intensidad (ponerle voz grave y ridícula o muy aguda como la de un niño) o el volumen. Mentalmente debemos centrarnos en ir modificando esta voz que se repite en nuestra mente hasta encontrar aquella en la que nos sintamos más cómodos, menos presionados para luego continuar hasta hacerla desaparecer.

Si lo que se nos está representando es una imagen, podemos modificar el enfoque (imaginemos que estamos en un tren, si en la imagen que nos afecta nos vemos dentro del tren, trataremos de imaginarla como si estuviéramos fuera y, si estamos viéndola desde fuera – como una cámara que nos observa – trataremos que modificar la perspectiva a que estamos dentro), modificaremos el color, la luminosidad, la haremos más borrosa o más nítida, etc., la modificaremos hasta encontrar una en la que nos sintamos más cómodos, menos presionados, menos ansiosos.

En el caso en el que sea una alteración física: falta de aire, opresión en el pecho, sensación de vómito, etc. En este caso para conseguir relajarnos de manera rápida lo que haremos será intentar con la mente introducir ese malestar en una especie de bola imaginaria, una bola que abarcará todo el malestar y que se irá cerrando paulatinamente haciendo que ese malestar vaya quedado cerrado y centrado en la bola. Una vez en la bola, trataremos de mover este malestar centrado un poco en algún sentido. Poco a poco iremos moviendo este malestar de manera paulatina hasta ponerlo fuera de nuestro cuerpo y, desde ahí, alejarlo cada vez más de nosotros.



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Existen una gran cantidad de técnicas de relajación rápida, técnicas como la musicoterapia, la digitopuntura, la aromaterapia, la colorterapia, caminar, una ducha fría o caliente, etc. En este artículo hemos querido centrarnos en aquellas técnicas que, no queriendo de un largo proceso de aprendizaje, han demostrado ser más efectivas en las personas que padecemos de trastorno de ansiedad.

Ahora que las conoces es el momento de que las pongas en práctica para encontrar aquella técnica que te resulta particularmente efectiva y rápida y que comiences a practicarla de manera continuada, porque no hay que esperar a que el nivel de ansiedad se eleve o que tengamos un ataque de ansiedad. Debemos practicarlas por dos motivos: primero, la práctica de las técnicas de relajación rápida no dará un control sobre la misma que incrementará su efectividad en el momento en que realmente nos haga falta y segundo porque con la práctica continuada conseguiremos un estado de bien estar y relajación que alejará la posibilidad de sufrir un ataque de ansiedad.




Controlar la Ansiedad con Ejercicio Fisico

Podemos controlar la Ansiedad y los ataques con ejercicio? Veamos como el ejercicio físico además de para el cuerpo tiene muchos beneficios para la Ansiedad.


Controlar la Ansiedad con Ejercicio Fisico
Actualmente estamos contantemente siendo bombardeados por imágenes, eslóganes y anuncios en los que nos indican que debemos practicar ejercicio. Las revistas, las películas, las series de televisión no paran de vendernos la imagen de cuerpos sanos y esbeltos. Hemos entrado en la era de la era de la metrosexualidad. Debemos trabajar nuestros cuerpos para que luzcan bonitos y saludables, algo con lo que – de manera más o menos expresa – nos indican que obtendremos, además de salud (que aparenta ser un subproducto lateral), felicidad, reconocimiento social y esa pareja ideal y despampanante.

Dejando de lado lo que la publicidad intenta vendernos de manera tan insistente, lo que es una realidad conocida desde antiguo, es que el ejercicio físico proporciona a nuestro cuerpo salud. Somos animales y nuestro cuerpo es la máquina con la que nos enfrentamos al día a día. Nuestro cuerpo, como cualquier máquina, debe ser revisado y puesto a punto constantemente o se atrofiará y dejará de funcionar. Nuestra vida sedentaria es totalmente contraproducente con la salud. Cuanto menos nos ejercitemos menos salud tendremos, aunque a muchos nos disguste el aceptarlo: “descansar” todo el día va a atrofiar nuestro cuerpo y nos va a hacer vulnerables a las enfermedades, para conseguir tener salud deberemos trabajar nuestro cuerpo ejercitándolo.

El beneficio que aporta el ejercicio físico a nuestro cuerpo es conocido desde antiguo: sabemos que, al practicar ejercicio de manera regular, nuestros sistemas cardiaco (corazón), vascular (sangre), pulmonar (respiración), locomotor (brazos y piernas), digestivo (aprovechamiento de las comidas), endocrino (generación de hormonas) e incluso el nervioso van a tener una mejora considerable en su funcionamiento.

Estos beneficios son los que han hecho que los médicos hayan prescrito la realización de ejercicio físico como como tratamiento y prevención de muy distintas dolencias que van desde la diabetes, la hipertensión, el asma, la obesidad hasta algunos tipos de cáncer.

Todo esto demuestra que la práctica del ejercicio va a resultar muy beneficiosa para nuestra salud física pero, el problema que nos atañe ahora es de tipo mental, estamos buscando como controlar la ansiedad, como controlar ataques de ansiedad, algo que – según dicen los “especialistas” – tiene un origen y una curación “mental”. Por tanto, es lógica nuestra duda, ¿va a ayudar el algo realizar ejercicio en nuestra cura de la ansiedad? Veamos cómo


Controlar la Ansiedad con Ejercicio Físico



“Mente sana en cuerpo sano”, esta es la interpretación que se da actualmente a una cita de la antigua Grecia. Una interpretación que dista del sentido original de la frase (que no era otro que el poner de manifiesto la necesidad de orar para disponer de un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado), pero con la que ahora se quiere poner de manifiesto la conexión de cuerpo y mente.

La medicina occidental (a diferencia de la oriental, tradicionalmente más interesada en encontrar y tratar el auténtico origen de la dolencia), se ha especializado en proporcionarnos soluciones rápidas a nuestros problemas. En el caso de controlar ataque de ansiedad o controlar la ansiedad, también se ha propuesto encontrar este tipo de soluciones algo en lo que, como vimos en nuestro artículo Pastillas para la Ansiedad, por el momento no está resultando nada eficaz.

En los últimos tiempos cada vez se están realizando más estudios que demuestran que existe una relación directa entre nuestra salud mental y nuestra salud física, una relación que podemos aprovechar para, trabajando nuestro cuerpo mediante el ejercicio, sanar nuestra mente (en nuestro caso controlar ataque de ansiedad).

Estos estudios se basan en los beneficios que aporta el ejercicio sobre nuestra mente, beneficios que se extienden a los mecanismos biológicos y psíquicos.


Biológico:

Como comentábamos antes, la práctica de ejercicio físico mejora nuestro sistema cardiovascular. Esta mejoría tiene un impacto directo en los procesos ansiosos. Se ha demostrado que, al mejorar este sistema cardiovascular conseguimos que, en situaciones de estrés, la frecuencia y la fuerza con la que late nuestro corazón sea menor. (Los que hemos padecido algún ataque de ansiedad, sabemos de la importancia de que este incremento de pulsaciones sea lo más moderado posible).

Controlar Ataque de Ansiedad con Ejericio
Con la Ansiedad nuestro cuerpo se vuelve más vulnerable a las infecciones, gripes, resfriados, etc. Los que padecemos de Ansiedad sabemos que nuestro sistema inmunitario se debilita con nuestro trastorno. Mediante el ejercicio físico se consigue que este sistema inmunitario se vuelva a estimular y, además, facilita la eliminación de sustancias tóxicas.

La serotonina es un neurotransmisor encargado de regular nuestro estado de ánimo y nuestro nivel de ansiedad. Los médicos son conocedores de ello y también de que, pese a que son capaces de sintetizarla en laboratorio, esta no puede ser suministrada a nuestro cuerpo puesto que este la destruye antes de que pueda hacer su función, por ello han desarrollado sistemas (pastillas) que impiden que el cuerpo – siguiendo lo que sería su proceso natural – las reabsorba. No podemos suministrar serotonina química a nuestro cuerpo, pero sí podemos hacerlo de manera natural: el ejercicio físico hace que nuestro cuerpo la genere y, por tanto, mediante este podemos restablecer los niveles normales de serotonina (y noradrenalina) de forma totalmente natural.

De modo análogo a la serotonina tenemos las endorfinas. En el conocimiento popular a estas cadenas proteicas se les atribuye el poder de la felicidad y el bienestar, a esto – que es acertado – debemos añadir que las endorfinas son los opiáceos naturales contra el dolor (hay estudios que demuestran que pueden llegar a ser incluso 20 veces más potentes que los medicamentos contra el dolor) y que promueven la calma, mejoran el humor y contrarrestan la adrenalina producida por la Ansiedad. Podemos propiciar la producción de endorfinas de muchas formas naturales como puedan ser reír, jugar, cantar o bailar, pero las personas ansiosas tenemos a tener dificultades en realizar este tipo de actividades y, para nosotros, la forma más sencilla y eficaz de estimular la producción de endorfinas, será mediante la práctica del ejercicio físico. (Nota: Cuando incrementemos nuestro nivel de endorfinas, volveremos a encontrar la satisfacción de reír, bailar y jugar).


Psíquico:

El ejercicio físico ayuda a mejorar la regulación del sueño y, en consecuencia, del descanso. Sabemos que el trastorno de ansiedad te tiene agotado y, aun así, no puedes dormir. Esto es debido a que la Ansiedad produce un agotamiento mental pero, para dormir, lo que necesitamos es el agotamiento físico que producirá la práctica de ejercicio. Un sueño que nos resultará reparador tanto para nuestro cuerpo como para nuestra mente.

Controlar Ataque de Ansiedad
Mediante la práctica de ejercicio físico, se consigue templar el estado de ánimo. Esto es así, porque al practicar ejercicio, nuestro cuerpo se cansa y es como si los problemas que nos atenazan pasaran a un segundo plano, como si perdieran importancia y en ese momento lo más importante fuera reponernos del desgaste del ejercicio.

Con la práctica del ejercicio físico mejoramos nuestro estado de forma, nuestros cuerpos lucen más esbeltos y agiles, mejoramos nuestra fortaleza y resistencia y aumentamos el control sobre nuestro cuerpo y todo ello se ve reflejado en un aumento de la confianza, de la seguridad en nosotros mismos. Conseguimos una sensación de autosuficiencia que aumenta nuestra autoestima. (¿Qué persona, ansiosa o no, no lo agradece?).

Un producto lateral de la práctica de ejercicio viene determinada por dónde lo practiquemos. La práctica de ejercicio puede ser una muy buena oportunidad de aumentar nuestras relaciones sociales y compartir nuestras nuevas inquietudes con personas distintas. Un apoyo social y una distracción de nuestro problema de Ansiedad que puede resultarnos muy beneficioso.



En resumen, los estudios recientes demuestran cada vez más que la práctica de ejercicio físico nos aporta una serie de mecanismos biológicos y psicológicos con los que nos va a resultar mucho más fácil nuestro objetivo de controlar ataque de ansiedad.


Hemos comentado que resulta recomendable disponer de una guía que nos marque de manera precisa, fácil y segura el camino que debemos seguir en nuestro proceso para controlar ataques de ansiedad. En el caso del ejercicio físico esto no es distinto: debemos comenzar a practicar ejercicio pero debemos hacerlo siendo conscientes de nuestro estado físico actual y encontrando la rutina que mejor se nos adapte y que nos permita mejorar de manera progresiva pero segura.




Pastillas para la Ansiedad

Tienes Ansiedad y buscas resolverla con pastillas. Veamos qué opciones ofrecen las Pastillas para la Ansiedad.


Pastillas para la Ansiedad 02
Desde antiguo el ser humano descubrió que se podía apoyar en los alimentos y los recursos que ofrecía la tierra para mejorar su salud. Desde ese momento hemos evolucionado y hemos desarrollado la manera de conservar y concentrar esos principios en pastillas que nos ayudan a superar nuestras dolencias.

Cuando tenemos un problema de salud, sea el que sea, estamos acostumbrados a acudir a nuestro médico quien, casi con total seguridad, nos prescribirá medicamentos para superar el problema. El caso que nos atañe actualmente, la ansiedad, no es una excepción. Si acudimos a nuestro especialista y se lo solicitamos, este nos recetará medicamentos para ayudarnos a superar el trastorno de Ansiedad.

En este artículo vamos a tratar sobre qué tipos de pastillas podemos encontrar para resolver el problema de la ansiedad, sopesando cada uno de ellos. Para comenzar el estudio observamos que podemos encontrar tres grupos básicos de pastillas:


Pastillas Milagro.

En este grupo encontramos lo que nosotros denominamos pastillas milagro, son todo ese tipo de tratamientos alternativos que podemos encontrar por medios “fuera de los cauces habituales” (principalmente Internet) y que dicen haber desvelado el secreto que las farmacéuticas y los médicos nunca quisieron decirte para que no pudieras curar tu ansiedad y así tuvieras que seguir consumiendo sus caros y poco productivos fármacos durante mucho tiempo.

Este tipo de tratamientos se basa en aprovechar la desesperación que produce en las personas ansiosas el no encontrar el camino para superar la dolencia (no conseguir controlar la Ansiedad) y lo traumatizante que la Ansiedad resulta unido a la, cada vez más atrayente, teoría conspiratoria, en este caso de las farmacéuticas, los médicos y, por qué no, un gobierno que sólo busca el enriquecimiento de sus gobernantes sin valorar la salud de los ciudadanos....

Hemos querido empezar con las pastillas milagro porque, a nuestro entender y al de la mayoría de especialistas, son un gran peligro: Con las mismas pruebas con que sustentan su argumentación, permítannos opinar que en realidad no se trata de ninguna teoría conspiratoria y si de una gran estafa. Este tipo de tratamientos, fuera de cualquier control médico y estudio que corrobore su veracidad es sólo una patraña ideada por sus desarrolladores para conseguir, en el mejor de los casos, hacer un agujero en nuestros bolsillos… y decimos en el mejor de los casos porque - en el peor - ese agujero además, será físico y estará en nuestro estómago.


Pastillas Naturales.

Pastillas Para la Ansiedad 01
En este grupo encontramos todas aquellas sustancias obtenidas directamente de la tierra y que no han sufrido ningún tratamiento químico.

El conocimiento de estas sustancias ha sido transmitido por muchos pueblos durante muchas generaciones, por lo que tienen más que probados sus efectos y su eficacia, algo que hoy en día corroboran también los laboratorios que las han analizado.

La tila, la pasiflora, la flor de san juan, etc. Son plantas que han sido utilizas con éxito por generaciones como ayuda para superar momentos de alteraciones nerviosas, entre las que incluiríamos el Trastorno de Ansiedad.


Pastillas médicas.

Los fármacos. Los preparados químicos desarrollados por los laboratorios concentrando en capsulas los principios activos que van a potenciar nuestra curación. Como diría un médico (en conversación distendida y en tono de sarna), un diazepam no deja de ser el principio activo de 2000 valerianas concentradas en una única pastilla.

Cuando acudimos a nuestro médico, este es el grupo que suele recetarnos pastillas de los grupos:

  • Benzodiazepinas. Muy frecuentes como primera línea de batalla por la rapidez con la que actúan en su función de reducir el nivel de ansiedad. Actúan sobre el sistema nervioso central, con efectos sedantes, ansiolíticos e hipnóticos. Además de para tratar la ansiedad, este tipo de medicamentos se utiliza para tratar el insomnio, los espasmos musculares o la abstinencia alcohólica.

  • Inhibidores de la recaptación de Serotonina: Conocida como la droga natural de nuestro organismo, por atribuírsele directamente los estados de bienestar y relajación.
    La serotonina es un neurotransmisor que sintetiza directamente nuestro organismo y se ha demostrado que en los casos de Ansiedad, nuestro cuerpo la elimina a mayor velocidad que la crea por lo que tenemos una carencia.
    La serotonina presenta el problema de que, aunque puede ser sintetizada en laboratorio y almacenada en pastillas, al ingerirla nuestro sistema gástrico la destruye y no puede llegar a nuestro cerebro donde realizaría su función, por este motivo, en lugar de desarrollar pastillas con concentrados de Serotonina, se han desarrollado una serie de fármacos que lo que producen es que nuestro cuerpo no destruya la serotonina existente.

  • Inhibidores de la Noradrelanina: La Noradrenalina puede actuar como hormona o como neurotransmisor. Aunque actúa como la Adrenalina potenciando la actividad, en el tratamiento del trastorno de ansiedad se receta por su actividad como neurotransmisor y porque niveles bajos de esta sustancia han sido relacionados directamente con procesos depresivos.
    (En otro artículo trataremos de porqué, aunque se trate de trastornos distintos, es frecuente utilizar medicación antidepresiva en la cura del trastorno de ansiedad).

  • ...


Llegados a este punto la pregunta es:


¿Son buenas las Pastillas Para la Ansiedad?



En este punto son muchos los libros y las páginas web en las que nos informarán de que las pastillas para la ansiedad no son buenas, algunas incluso intentarán asustarnos describiéndonos los problemas que su consumo va a ocasionarnos. El objetivo de este blog es distinto: nosotros queremos que tú cures tu trastorno de ansiedad, sabemos que tú puedes controlar tu ansiedad y recuperar su vida y, bajo esta premisa, no vamos a mentirte: las pastillas para la ansiedad no son malas.

Si dejamos de lado las denominadas pastillas milagro de las que te recomendamos encarecidamente que te separes porque tu salud no es algo con lo que se pueda jugar, nos quedan dos grupos de pastillas:

Las pastillas naturales:

Como comentábamos al principio, se trata de los tratamientos naturales, no procesados químicamente, que se han utilizado desde antiguo para ayudarnos a superar nuestras alteraciones, en este caso concreto el de Ansiedad.

Tienen la ventaja relativa de no precisar de receta médica para conseguirlas, pero presentan el inconveniente de resultar demasiado lentas para la premura con la que queremos superar nuestro trastorno y algo de lo que no se suele tener constancia y es importante: Se ha extendido la creencia de que los tratamientos naturales no pueden ser peligrosos, algo que es totalmente falso. De la misma manera que es posible encontrar plantas beneficiosas en la naturaleza, también es posible encontrar plantas venenosas. Los tratamientos con pastillas naturales deben realizarse de la manera correcta en las dosis y los tiempos prescritos o corremos el riesgo de envenenarnos o similares.

Las pastillas médicas:

Estos preparados químicos deben ser tomados bajo control médico. Por ser concentrados de sustancias, resultan mucho más peligrosos que las pastillas naturales. Por su singularidad, deben ser introducidos en nuestro cuerpo de manera paulatina y controlada, así como el proceso de retirada no puede realizarse de golpe sino que se deben seguir las pautas que indique el especialista.

El "inconveniente" que presentan las pastillas médicas es que generan dos problemas:

  • La dependencia: Nuestro cuerpo se acostumbra a su presencia y luego no quiere dejar de tenerlas, de que te das cuenta ya no puedes dejar de tomarlas.

  • La Tolerancia: Cuando más las tomas menos notas sus efectos, por lo que cada vez en necesario tomar una dosis mayor para obtener los mismos efectos.

Insistimos en que las pastillas médicas para la ansiedad deben ser tomadas con el adecuado control médico.


Sentimos deciros que ahora viene la dosis de realidad:

La cuestión que da origen a esta bitácora es cómo curar la ansiedad, cómo controlar los ataques de ansiedad y la misma ansiedad: una respuesta que no vamos a encontrar en las pastillas.

Hablar de trastorno de ansiedad es hablar de una alteración del sistema ansiedad, una alteración que afecta la manera en la que percibimos la realidad. El trastorno de ansiedad es un mal funcionamiento de nuestra percepción de los hechos y las circunstancias que nos rodean. Una alteración de percepción que no van a curar las pastillas. Las pastillas no modifican la manera que tenemos de pensar.

Podemos, en estadios iniciales o especialmente descontrolados incluso debemos, recurrir a las pastillas para recuperar un cierto control sobre nuestro cuerpo, una cierta sensación de volver a ser quienes tenemos las riendas con las que comenzar a enderezar nuestra deriva, pero hasta ahí llega la utilidad de las pastillas para la ansiedad.

Las pastillas para la ansiedad pueden resultar beneficiosas en un primer control de situación, pero nunca van a conseguir nuestro objetivo: las pastillas para la ansiedad no curan la ansiedad.

Lo único que va a ayudarnos a conseguir nuestro objetivo de controlar la ansiedad es aquello que nos permita redirigir nuestra manera de percibir la realidad a una forma libre de temores irracionales, algo para lo que seguramente necesitemos de los conocimientos y experiencia de otros.