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En la ansiedad no seas tú el obstáculo

La Ansiedad está condicionando tu vida, te la está robando pero, lo que casi nunca pensamos, es que nosotros podemos estar ayudando.


El trastorno de ansiedad y los ataques de ansiedad son una alteración que limita mucho nuestra calidad de vida lo que justifica el que busquemos desesperadamente maneras de curarla que, ante la mala solución que plantea la medicina tradicional, busquemos la cura en brujos, embrujos y píldoras milagro, obviando lo que comentamos en nuestro anterior artículo “Controlar Ansiedad: lo imprescindible eres tú” , y es que la cura de la ansiedad va a necesitar fundamentalmente de nosotros.

En la Ansiedad no seas tu el obstaculo 02
Probablemente puedas considerar que estamos diciendo algo sin sentido, pues tú quieres curar la ansiedad, puede que pienses que esto resulta incluso ofensivo, pues sientes que te estamos criticando por no poner todo lo necesario para la cura, pero no es esta nuestra intención: vamos a dedicar este artículo a esas limitaciones que inconscientemente nos ponemos y dificultan la cura de la ansiedad.

Piensa en las situaciones que te proponemos:

  • Cuando te sucede algo que aparentemente es demasiado bueno para que te ocurra a ti, ¿Piensas que no es cierto y recelas? Por ejemplo: el jefe se acerca a ti y te dice que está contento con tu trabajo ¿Piensas que algo malo ocurre y prevés tu despido?
  • Haces planes para cualquier cosa, intentas tener controlado cualquier imprevisto y nunca consigues llevarlos a término porque algo más importante te lo impide.
  • Dedicas todo tu tiempo y esfuerzo en los demás y el amor que les procesas, ¿tanto que no te queda tiempo para ti?


Estas no son cuestiones lanzadas al azar, son las tres situaciones típicas de trampa-psíquica, son las tres situaciones más características en las que creemos estar actuando correctamente y paradójicamente son las que nos están impidiendo disfrutar y ser un poco más felices, perpetuando nuestra ansiedad.


Nuestras trampas hacia la Ansiedad



En la Ansiedad no seas tu el obstaculo 02
Pese a que algunos expertos consideran que son necesarias, ojala la vida estuviera exenta de dificultades, ojala pudiéramos vivir toda nuestra vida felices, sin sobresaltos, sin nada que enturbiara esa dicha, pero la realidad de la vida es que está llena de situaciones difíciles, en muchos casos dolorosas y nuestra actitud ante ellas es la que dictará cómo nos repercutan (y consecuentemente cómo afecten a nuestro problema de ansiedad).




Perfeccionismo.

Sabes que no eres perfecto, que en ocasiones fallas pero tienes un alto nivel de superación e intentas en casa momento, en cada faceta de tu vida (en tu trabajo, con tu pareja, con tu familia, incluso contigo mismo) mejorarte y hacer lo correcto.

Como dice el psicólogo Walter Riso, ¡¡Tú naciste para ser feliz, no para ser perfecto!!, es una de esas enseñanzas que no se dan en los colegios pero se debería.

Puede que no te sepas perfecto, pero empecinadamente tratas de serlo, lo cual implica que no te aceptas, que no interiorizas que - como cualquier otra persona – tienes derecho a equivocarte.

El intentar mejorar día a día es una actitud que nos dignifica pero no podemos confundirla con el no permitirnos errar o el recriminarnos por hacerlo. Ni nosotros ni los demás somos perfectos y todos cometemos errores, algo que debemos aceptar y asumir como paso previo a ser más tolerantes con los demás y con nosotros mismos, a juzgar a los demás de una manera más justa y a juzgarnos a nosotros con la misma escala.

Pregúntate: ¿Cuántas veces te has recriminado cosas que en otros habrías disculpado?


Aplazar las decisiones.

La ansiedad ya es de por sí bastante traumática como para añadirle las dudas del futuro. Nuestra vida implica tomar decisiones, decisiones que nos obligan a salir de esa zona de confort en la que solemos establecernos. Estamos tumbados en el sofá con dolor de tripas y no nos atrevemos a movernos por si aumenta el dolor, con lo que nos perdemos la posibilidad de que mejore.

Todos tenemos tendencia natural a no abandonar nuestra zona de confort, una zona que puede ser dolorosa pero es conocida. Decidir supone arriesgar, supone hacer algo que puede mejorarnos o empeorarnos, pero inevitablemente salir de nuestro confort, por lo que tenemos tendencia a aplazar esa decisión.

Este problema se acentúa aún más en las personas que padecemos de trastorno de ansiedad, el problema es que en ese aplazamiento perdemos la oportunidad de hacer las cosas. No nos decidimos y acabamos haciendo las cosas urgentes (inevitables) y no las importantes. Es algo que debemos aprender a superar desde ya:

El momento ideal para hacer aquello que quieres es ahora.


La Culpa

En la Ansiedad no seas tu el obstaculo 03
Dice el refranero español “Quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra” y es que todos tenemos algo de lo de arrepentirnos. La culpa es un sentimiento hasta cierto punto bueno pues nos sirve como freno que impide que hagamos determinadas acciones moralmente inapropiadas, pero cuando este nivel se sobrepasa, la culpa se transforma en una losa que impide que avancemos.

Esto o aquello lo hice mal, en esa situación no actué como debía, intento esquivar mis responsabilidades con….

La culpa que nos atenaza, la culpa que hace que no seamos capaces de perdonarnos el error cometido y darnos una segunda oportunidad, la culpa que hace que nos sintamos despreciables por eludir determinadas cosas a las que teóricamente estaríamos obligados.

En realidad normalmente no somos tan despreciables como nosotros mismos nos atribuimos, normalmente somos un juez bastante injusto cuando el juzgado somos nosotros mismos, debemos aprender a darnos segundas oportunidades y no olvidar nunca que, si bien los demás tienen derecho a ser felices, nosotros también tenemos el mismo derecho.


La muralla.

Nada más natural que el intentar protegernos de los peligros que nos acechan. Nada más antiguo que levantar una muralla para proteger el castillo.

Ante los peligros de la vida tendemos a construir una coraza que nos aísle y nos proteja de ellos. El problema de esta coraza es que, además de protegernos, nos convierte cada vez más en personas más inseguras, más miedosas, más débiles y debemos reforzarla cada vez más. Una coraza que nos va a evitar en cierta medida los problemas pero, y esto sí es seguro, nos va a evitar conocer situaciones y personas que nos serían muy beneficiosas, incluso va a alejar a nuestros seres queridos.

Es recomendable mantener cierta cautela, pero no debemos levantar una muralla que impida entrar lo bueno.

Como comentábamos al inicio de este artículo existen una serie de actitudes que aparentemente nos protegen y nos ayudan a evitar los problemas de la vida pero, como hemos visto, estas actitudes esconden una trampa que puede dificultar, incluso impedir nuestro objetivo de aprender cómo controlar la ansiedad.


La vida esconde peligros pero 
la única manera posible de disfrutarla, de aprovechar los buenos momentos, 
es vivirla.





Aprender a Desenfocar

La Ansiedad nos traumatiza y estamos pendientes de ella. Sin quererlo estamos favoreciéndola. Revertir el proceso implicar aprender a desenfocar.


Aprender a Desenfocar para controlar la Ansiedad 01
Si tienes Ansiedad, si has padecido algún ataque de ansiedad, no es necesario que te comentemos todo el sufrimiento que este trastorno ocasiona entre quienes lo padecemos, todas las limitaciones que nos impone en nuestra vida y como va minando tu capacidad para luchar contra ella.

Todo este sufrimiento hace que temamos tener un ataque de ansiedad, que estemos constantemente pendientes, revisando nuestro cuerpo y nuestras sensaciones intentando prever el que la ansiedad se active y vuelva a coger esos niveles que la hacen francamente insoportable. Es una reacción lógica, cuando algo nos produce sufrimiento, instintivamente buscamos la manera de evitarlo y, con la ansiedad no va a ser distinto.

El problema radica en que, en el caso de la ansiedad o del ataque de ansiedad, el peligro, aquello que nos causa sufrimiento no está fuera de nosotros sino que proviene de nosotros mismos. Es algo interior y, por tanto, algo que no podemos esquivar, bordear, ladear, etc. - aunque sí podemos aprender a controlar -.

La mayoría de personas, tengan o no ansiedad, si en un momento dado del día, paran su actividad y comienzan a realizar una revisión de su cuerpo y de su estado de ánimo, descubrirán que tienen un picor, una molestia, una inquietud, una aceleración o un bajón, etc. Es lo normal, en todo momento hay cosas que nos están afectando. Para las personas que no tienen ansiedad es lo normal, simplemente no están todo el día comprobando su cuerpo y su estado de ánimo, continúan su vida sin prestar demasiada atención a estos detalles.

En realidad, no estamos diciendo nada que no sepas. Te recordamos que tú también eras así antes de padecer de trastorno de ansiedad, antes de que sufrieras un ataque de ansiedad. Nota como has cambiado, nota como ahora dedicas mucho, sino todo tu tiempo, a controlar qué sensaciones te está informando tu cuerpo y como fluctúa tu estado de ánimo, nota como estas en constante alerta observando cuando comienza o como evoluciona tu “dolencia”.

Como hemos comentado el problema con la Ansiedad es que es algo que se produce dentro de nosotros y, al intentar controlar la ansiedad, al prestarle atención, lo que estamos haciendo inconscientemente es aumentar la propia Ansiedad.


Desenfocar para Controlar la Ansiedad



La idea creemos que ya está claramente definida: Al intentar controlar la ansiedad le prestamos mucha atención y es precisamente esta atención la que hace que percibamos cosas que, de otra manera, pasarían desapercibidas y, como consecuencia, aumentamos nuestro nivel de Ansiedad.

La solución es “tan simple” como volver a ser “normales”, esto es: no prestar tanta atención a aquello que nos ocurre y, simplemente, continuar con nuestra vida.

Aprender a Desenfocar para controlar la Ansiedad 02
Por desgracia y como en tantas otras cosas, la teoría es muy bonita pero llevarla a la práctica resulta mucho más difícil. Nosotros no somos como esos vendedores que te indican qué debes hacer, tú lo haces y, cuando no funciona, te dicen que es que no lo has hecho bien, que el problema es tuyo, culpabilizándote, cuando – en realidad – el problema está en su sistema que no funciona o por lo menos no lo hace en todos los casos. No, nosotros sabemos que, si estás en esta circunstancia es porque no puedes evitar estarlo y, por eso, vamos a explicarte en qué consiste desenfocar.

Hay personas que consideran que Desenfocar es “mirar a otro lado”, ignorar lo que te ocurre. Este proceso, además de poco útil, va contra natura: cuando a ti te duele algo, puedes hacer como que lo ignoras pero el dolor se encarga de estar constantemente recordándote que está ahí. En un ataque de ansiedad, cuando temes por tu vida, puede hacer como que lo ignoras pero es luchar contra tu propia naturaleza, tu instinto de supervivencia hace que busques instintivamente la manera de salvarte y, cuándo no encuentras cómo - pues desconoces el origen - lógicamente te asustas (con lo que estás aumentando tu ansiedad).

Desenfocar no es ignorar, 
desenfocar es centrar la atención en otro punto.

Cuando sentimos que la ansiedad se activa intentamos controlarla, algo que, como hemos visto, es a la vez natural y contraproducente. Aprender a desenfocar es aprender la manera de, cuando esto ocurra, en lugar de centrar nuestra atención en lo que nos ocurre e intentar controlarlo, obligar – de manera consciente – a nuestro cerebro a prestar atención a otras cosas: fijar nuestra atención en nuestro entorno, en el paisaje, en la gente que nos rodea, forzar una conversación, etc. En definitiva impedir que nuestro cerebro se centre en lo que nos ocurre; no impediremos que llegue la percepción desagradable, pero sí el que el cerebro se centre completamente en ella, estamos "retándole importancia" de manera voluntaria.

Repetimos que resulta más fácil de decir que de hacer pero pensemos en cuando no padecíamos de ansiedad y tuvimos que acudir al trabajo, a la escuela, a una reunión con un catarro que nos tenía totalmente congestionados o un tirón en el muslo que nos dolía al caminar. En este momento acudimos al acto y tuvimos que ignorar nuestra dolencia para centrar nuestra atención en aquello a lo que asistíamos. El sistema de desenfocar es similar.

Como todo proceso, desenfocar es algo que requiere práctica pero con la práctica se consigue el que sea un sistema natural y automático, se aprende y se desarrollan mecanismos de en qué cosas te resulta más fácil y productivo enfocarte. A cada persona, dependiendo de sus inquietudes, sus intereses, etc. le resulta más fácil o más efectivo (en el sentido de que consiguen centrar más sus mentes) en unos temas o cosas que en otras, tú debes practicar y descubrir qué es lo mas beneficioso para ti pero, lo que sí podemos asegurarte, es que al desenfocar, al centrar tu mente en otras cosas, al dejar de prestar atención a la ansiedad, esta se estará reduciendo, estarás aprendiendo cómo controlar la ansiedad y el ataque de ansiedad.




Que es Agorafobia

La agorafobia ¿es el temor a los espacios abiertos o es más? En este artículo analizamos que es mucho más.


Que es Agorafobia 01
En griego, fobia es la palabra para definir el temor y agora la palabra que utilizaban para nombrar las plazas y posteriormente ampliado para referirse a las reuniones, de ahí que al hablar de agorafobia estamos, según la RAE, hablando de: fobia a los espacios abiertos, como plazas, avenidas, campo, etc. Un término que, en el conocimiento popular, se ha ampliado al temor a estar en situaciones con mucha gente.

Bajo este prisma, tradicionalmente se ha considerado que una persona que padece de agorafobia ha tenido una evolución similar a la siguiente:

Un día estaba en algún espacio abierto cuando, sin motivo aparente, comienza a notar como se le acelera la respiración, siente sudores fríos, nota una presión en el corazón y que le falta el aire para respirar. En este momento la persona no entiende que le está pasando y comienza a temer por su vida.

En el artículo Que es la Ansiedad ya explicamos que aquello que está padeciendo la persona de nuestro caso es “simplemente” ansiedad. Nuestro cuerpo está percibiendo un peligro y está activando nuestras defensas para que tengamos mejores posibilidades de huir o luchar, de enfrentarnos o esquivar el peligro, en definitiva: de salir airosos de la situación, cuando la activación es muy rápida, repentina, y muy intensa, estamos hablando de un ataque de ansiedad.

Cuando ocurre algo en lo que realmente nuestra subsistencia ha estado en peligro: un accidente de tráfico, una maceta que se ha caído del tercero y ya reventado al lado nuestro mientras caminábamos, etc., nuestro cuerpo dispara el sistema ansiedad y notamos todos los síntomas que ha notado nuestro caso ejemplo. Nuestro cerebro busca inmediatamente una explicación a aquello que le está ocurriendo, una explicación que encuentra rápidamente. Nuestro cerebro asimila la situación, asimila los síntomas (entiende que responden al “susto”) y cuando percibe que el peligro ha pasado, va retomando poco a poco la normalidad.

Lo normal es que cuando se activa la ansiedad busquemos una justificación de a qué responde, algo que justifique porqué nos está ocurriendo esta activación. Cuando lo encontramos y sentimos que esta responde a algo que consideramos normal (un accidente de tráfico), nuestro cerebro lo asimila rápidamente y desactiva la ansiedad. En el caso de la persona que estaba en ese espacio abierto, sin ningún peligro aparente, nuestro cerebro no encuentra esa razón “normal” y hace asociaciones erróneas: en este caso asocia la activación de la ansiedad al lugar en el que estaba.

El cerebro aprende por asociación y entiende que situaciones similares producirán efectos similares. Con este principio comienza un efecto de bola de nieve que tiene mucho que ver con lo que se conoce como la profecía auto cumplida: Estando en ese espacio abierto se nos ha activado la ansiedad de manera irracional, con esta experiencia nos acercamos a un centro comercial recelando de que se vuelva a producir, inconscientemente estamos en tensión y estamos poniendo los elementos para sentirnos mal, el resultado es que tenemos otra experiencia desagradable.

Siguiendo con este proceso de asociación, vamos aumentando la cantidad de sitios y situaciones en las que percibimos que se puede activar nuestra ansiedad y vamos evitándolos. Una evolución que nos puede llevar a quedar recluidos en nuestras casas, incluso en habitaciones de las mismas (algo que justifica sobradamente el que busquemos cómo controlar la ansiedad y el ataque de ansiedad).

Si bien esta es la descripción habitual de la agorafobia, puede que nuestra evolución sea distinta y, por tanto, pensemos que nuestro trastorno es algo distinto. Es por ello que vamos a intentar describir con mayor precisión:


¿Qué es Agorafobia?



Pese a que, como decíamos al principio de este artículo, la agorafobia se entiende normalmente como el temor a los espacios abiertos, en realidad el término agorafobia hace referencia al sentirse mal en un momento dado, no poder controlar esta sensación de malestar y no tener la posibilidad de huir.

Como podemos ver es un concepto distinto y mucho más amplio.

Al definir la agorafobia como un temor a los espacios abiertos estamos hablando de lo que técnicamente se conoce como el sistema exteroceptivo, esto es: son nuestro sentidos los que nos están informando de un peligro exterior y los que están desencadenado la activación de nuestra ansiedad.

En la segunda concepción el problema está en nuestra función interoceptiva, en los estímulos que nos remite nuestro propio cuerpo para indicarnos que algo no está bien (por ejemplo cuando tenemos dolor de estómago y es nuestro propio cuerpo quien nos está informando de que tenemos un problema en esa zona).

Según esta concepción de la agorafobia, el problema de los agorafóbicos no es que tenemos temor a determinadas situaciones o lugares, nuestro temor está en que se active nuestra ansiedad. No tenemos ni el sitio ni la situación, nuestro temor es la propia ansiedad, es lo que se llama coloquialmente: miedo al miedo.

Que es Agorafobia 02
Aquí debemos hacer un pequeño inciso porque sabemos que a los ansiosos no nos suele gustar que nos confundan con miedosos. El trastorno de ansiedad además de estigmatizante provoca mucho sufrimiento, los síntomas físicos que lo acompañan tendrán un origen mental, pero son tan dolorosos como los producidos por alteraciones físicas, y los síntomas cognitivos podrán no ser peligrosos, pero si te hacen sentir que estás loco o muy próximo a la locura. Las personas que no lo han sufrido tienen dificultades para entender de qué estamos hablando, pero aquellos que lo hemos padecido o estamos padeciéndolo sabemos de qué estamos hablando y, lo que sí sería una locura, es no temerlos o  - por lo  menos - no tenerles el respeto suficiente como para intentar evitarlos todo lo posible.

El problema en la agorafobia es que las personas ansiosas tenemos tanto respeto a las sensaciones desagradables que se producen cuando se activa la ansiedad que evitamos los lugares o las situaciones en las que esta puede activarse, en especial esas situaciones o lugares en los que – de activarse la ansiedad – tendríamos dificultades para “escapar”.

La agorafobia no es por tanto una alteración que tenga que ver con el sitio o la situación (lo que por otra parte podría ser considerado como una fobia específica: a los aeropuertos, a los centros comerciales, a las multitudes, etc.) sino una alteración que tiene que ver con todos aquellos sitios o situaciones en los que notamos que no podríamos salir, que no podríamos abandonar en un momento dado y que tememos porque, que producirse ahí la ansiedad y no ser capaces de controlarla, esta comenzaría a crecer hasta límites insoportables sin que pudiéramos hacer nada.

El temor esencial del agorafóbico no es el lugar o el momento, sino la ansiedad en sí.

Es probable (si tienes agorafobia) que hayas notado que te sientes peor cuando estás en la cola del supermercado, en la cola de un banco, en un transporte público, etc. Es posible además que hayas notado que tu ansiedad comenzaba a aumentar en esta cola, viendo como no avanzaba y, con sólo pagar y salir del supermercado, hayas notado que esta ansiedad se reducía hasta casi desaparecer de manera misteriosa (como sería si ya hubiéramos aprendido a controlar el ataque de ansiedad)

De esta situación podría desprenderse que el problema está en que no te gustan los supermercados porque ahí tuviste alguna experiencia que te traumatizó. Si fuera así, bastaría con no ir a estos establecimientos para “estar bien”. El problema es que son los supermercados, los bancos, la cola del colegio, etc. y cada vez son más los sitios y situaciones que nos desencadenan la ansiedad.

En todos los sitios y situaciones, por muy distintas que parezcan hay algo que se repite: nosotros. No son las situaciones o los sitios los que nos desencadenan la ansiedad, somos nosotros mismos los que tememos los sitios o lugares en los que se puede desencadenar y no podemos huir. En realidad a lo que tememos es a la propia ansiedad.


Con esta nueva concepción de la agorafobia, vemos que el problema es distinto al que tradicionalmente se ha considerado y el tratamiento, el qué hacer para controlar la ansiedad es también diferente.

No debemos aprender que los fantasmas no se esconden tras las cortinas, no debemos asimilar que los fantasmas no nos esperan en el armario, no debemos forzarnos a creer que los fantasmas no aparecen por la noche, la respuesta no es ir aprendiendo en qué lugares y situaciones no hay fantasmas sino “simplemente” interiorizar la realidad de que los fantasmas no existen.

Aprender a controlar la ansiedad es aprender a no temerla. Comprender que nosotros somos su principal activador y aprender cómo hacer para no alimentarla.





Controlar Ansiedad Consecuencias

En muchas ocasiones el malestar que nos produce el no afrontar la consecuencia es mayor que la consecuencia en sí y es la causa de nuestra ansiedad.


Los seres humanos vivimos en constante relación los demás: tenemos relaciones familiares, relaciones de amistad, relaciones laborales, relaciones de pareja, etc., en estas relaciones solemos mantener distintos roles. Así, es difícil encontrar personas “auténticas”, personas que sean ellos mismos con todas las relaciones. La mayoría con mayor o menor grado de autenticidad solemos jugar distintos papeles según el grupo de relación con el que estamos.

Controlar Ansiedad Aceptando Consecuencias 01
En cierta manera podría decirse que mantenemos un grado de insinceridad en las relaciones. En todas ellas buscamos la mejor manera de encajar y controlar la situación, lo que no siempre se consigue, llegando incluso a ocurrir que siendo muy valorados en un grupo, seamos “despreciados” en otro. (Pensemos que es en este hecho en el que se basan los juegos de realidad virtual que tanto éxito están teniendo: podemos ser otros seres, en otros mundos, con otras vidas…y, - si no estamos enganchados – dejarlo en cuanto nos disguste).

En el objeto concreto de este blog (aprender a controlar la ansiedad y el ataque de ansiedad), una de las cosas que se ha descubierto como mayor generador de ansiedad es precisamente el que los ansiosos evitamos enfrentar situaciones que nos producen malestar por temor a las consecuencias que se suponemos que tendrían.

Es muy probable que consideres que este no es tu caso, en realidad para la mayoría de nosotros esta situación incómoda se ha interiorizado tanto que ya no somos capaces de determinar qué nos está produciendo malestar, simplemente “es nuestra vida”.

Aquello que nos está produciendo malestar puede deberse a cosas y situaciones muy diversas:

  • Puede que no nos sintamos valorados en el trabajo y no lo expresemos por temor a perderlo.

  • Puede que nuestros padres estén dependiendo excesivamente de nosotros y no lo expresemos porque pensamos que es nuestra obligación atenderlos y que pudiera pasarles algo de hacerlo.

  • Puede que no nos sintamos cómodos con los amigos de nuestra pareja y no podamos mostrarnos como somos por temor a las consecuencias que tendría en nuestra relación de pareja.

  • Puede que sintamos que nuestro diagnóstico es incorrecto, que pensemos que – en realidad – sí tenemos un problema físico (por ejemplo un problema cardíaco) y necesitemos una total garantía de no tener ese problema físico.



Controlar Ansiedad Aceptando Consecuencias 2
Probablemente estarás pensando que esto les ocurre a las personas ansiosas y a las no ansiosas. Tienes razón pero, como comentábamos antes, en el caso de las personas ansiosas se ha demostrado que en muchas ocasiones este no atreverse a afrontar las consecuencias es el causante de su trastorno de ansiedad.

Como vemos tenemos un amplio abanico de posibilidades de inquietudes o dudas que nos pueden estar produciendo malestar.

Si seguimos con el proceso, es probable que – de manera consciente (si conocemos el problema) o inconsciente (si no lo conocemos) – hayamos intentado encontrar alguna manera de resolver esta inquietud, hayamos buscado la manera de controlar lo que nos inquieta.

Hayamos comenzado una búsqueda obsesiva de la solución que no haya tenido frutos y, como consecuencia de ello, esta búsqueda lo único que nos haya reportado es un aumento, una confirmación de nuestra duda o inquietud que ha aumentado

Como hemos dicho es esta inquietud la causante de nuestro malestar. El no buscar o no encontrar una solución a esta inquietud hace que esta crezca, se haga más grande y consecuentemente aumente nuestro nivel de malestar.

Hemos comenzado un circulo peligroso: el aumento de nuestro malestar nos incitará a buscar soluciones a nuestra inquietud, esta búsqueda será infructuosa (recordemos que tenemos ansiedad y, de encontrar la solución, ya se habría resuelto) y esto hará aumentar nuestra incertidumbre que, a su vez, aumentará el malestar, esto es: la ansiedad.

Descrito el problema llega el momento de tratarlo, de aprender cómo controlar la ansiedad.


Incertidumbres en la Ansiedad



Como hemos descrito al principio, es posible, incluso probable que no seamos conscientes plenamente de aquello que está produciéndonos el malestar (la ansiedad). Tratando de facilitar la identificación de esta incertidumbre o duda, vamos a describir las que se presentan con mayor frecuencia:

  • Realmente esto que me pasa ¿es ansiedad o tengo una enfermedad grave que no me están diagnosticando? (enfermedad mental o física).

  • ¿Puedo perder el trabajo?

  • ¿Soy un buen padre? ¿Soy un buen marido? ¿Soy un buen hijo?

  • ¿Se siente atraído por otra persona? ¿Me está siendo infiel?

  • ¿Puedo sufrir un accidente de avión? (coche, moto, parque atracciones,…)

  • ¿Estoy bien considerado por la gente? ¿Me comporto de la manera correcta? ¿Debería cambiar algo en mi forma de ser?

  • ¿Me habré equivocado al comprar ese piso? ¿Hice bien al cambiar de trabajo? ¿Realmente ese coche era la mejor opción? (libro, chaqueta, lavadora, etc.)

  • ¿Le habré molestado? ¿Habrá malinterpretado mis palabras? ¿Me excedí?



Una vez identificada la inquietud debemos comenzar un proceso de ¿Y qué pasaría si?

Este es un proceso recurrente en el cual una consecuencia es causa de otra consecuencia y así sucesivamente. Debemos ir haciendo preguntas y buscando las respuestas hasta llegar al temor esencial que es el desencadenante de nuestra ansiedad.

Controlar Ansiedad Aceptando Consecuencias 3
Pongamos un ejemplo: Nos preocupa el hecho que perder nuestro trabajo porque las ventas del último trimestre están siendo malas. Ante este hecho dos personas distintas pueden prever consecuencias distintas: una puede considerar que dejará de ingresar dinero y esto va a impedir que mantenga su nivel de vida, mientras que otra teme que no volverá a encontrar trabajo nunca. Tanto la primera persona como la segunda pueden seguir indagando y si nos ponemos en el caso de la primera (dinero) puede considerar que esto va a hacer que sus hijos no puedan estudiar, o que tenga que aplazar su mayor hobby o que su pareja le abandonará; de la misma manera la segunda (nunca encontrará trabajo) puede pensar que va a ser un fracasado, que sus suegros se lo van a recriminar, etc.

Debemos encontrar el temor origen, el esencial, aquel que es principio y desencadenante de nuestro malestar para, una vez detectado, buscar la salida.

Destacar en este punto que hemos dicho buscar la salida y no la solución, porque esta puede no ser la que nosotros querríamos.

Si, por ejemplo, detectamos el problema origen está en que necesitamos que alguien o algo nos garanticen al 100% que el avión no se va a estrellar o que nuestra dolencia no es fruto de un problema cardíaco, esto es algo que nunca vamos a conseguir. Si nos preocupa si nuestra pareja nos es infiel, podemos buscar maneras de tener una certeza alta de que ahora no, ¿y mañana?



Debemos distinguir entre lo imposible y lo improbable. Nadie puede asegurar al 100% que no caiga un avión, que no haya un error de diagnóstico o qué pasará mañana. En realidad, nosotros vivimos con esa incertidumbre en casi todas las cosas, una incertidumbre que asumimos de manera inconsciente pero, cierto es: en cosas que no nos afectan tanto.

La manera de afrontar esta duda, incertidumbre, la manera de conseguir controlar la ansiedad y el ataque de ansiedad, será reconocer y aceptar que de las cosas y las acciones podemos llegar a conseguir saber con un alto grado de probabilidad que no se van a producir, pero casi nunca tendremos una garantía total.

Debemos llegar a entender que, en nuestro caso, es mayor el grado de malestar que nos está produciendo esta incertidumbre que el que tendríamos si se produjera aquello que tememos: piensa en cómo te está haciendo sentir la ansiedad, en todo el sufrimiento que te está produciendo y el tiempo que llevas soportándolo y ahora valora el que te produciría el que ese conocido pensara que eres tonto, o el que perdieras el trabajo (que es peor: ¿continuar en este trabajo sintiéndote así o recuperar las fuerzas, la energía, la alegría, la vitalidad y poder encontrar otro?)



Sabemos de la dificultad que entraña encontrar el auténtico origen de nuestro malestar y lo problemático que puede resultar tomar acciones para solventarlo. Todo cambio implica salir de nuestra zona de confort, una zona en la que – aunque estamos mal – conocemos y creemos que controlamos y el salir de esta zona supone introducir una nueva incertidumbre, una duda de si nos habremos equivocado o no.




Porque tengo ansiedad

Tenemos ansiedad, hemos sufrido algún ataque de ansiedad y, la pregunta ahora es: ¿por qué tengo ansiedad yo y otros no?


Porque Tengo Ansiedad 02
El origen de los problemas del ánimo (ansiedad, estrés y depresión) todavía no está definido, existen distintas teorías de por qué se produce, teorías de van desde aquellas que defienden que se trata de alteraciones físicas o químicas de nuestro cerebro (fundamentalmente de la zona llamada amígdala) a teorías que defienden que todos los trastornos del ánimo son el mismo trastorno y que la diferencia radica en cómo o qué sintomatología muestra el paciente como más relevante.

Sea cual sea el origen, nuestro problema y el fundamento de esta bitácora (Controlar Ataque de Ansiedad) es aprender cómo controlar la ansiedad y el ataque de ansiedad y, en este objetivo, la teoría que está resultando más útil y efectiva, es la teoría cognitiva-conductual.

Simplificando diremos que, según esta teoría, el proceso por el que nosotros percibimos las cosas es:

   Situación --> Pensamiento --> Sentimiento --> Acción   

  • La situación es aquello que nos ocurre, en principio es algo objetivo distante a nosotros.
  • Ante la situación nosotros pensamos aquello que ha ocurrido, en esta punto añadimos a aquello de lo que nos informan nuestro sentidos nuestras experiencias propias y nuestra “manera de ser”.
  • Del pensamiento, de cómo razonemos la situación (que era algo objetivo, ajeno a nosotros), se construirán nuestros sentimientos: qué sentimos de aquello que ha ocurrido.
  • Son los sentimientos los que determinarán cómo actuamos en respuesta.



De este proceso se desprende que la diferencia entre cómo nos afectan las cosas depende de cómo pensemos las cosas.


Porque Tengo Ansiedad 01
Ante un mismo problema objetivo dos personas no lo piensan igual y, por tanto, las emociones que les generan son distintas. Ejemplo: Dos personas con edades y situación familiar parecidas son despedidos de una empresa; a la primera de ellas esta noticia le llena de preocupación: ¿Qué pensará mi familia?, ¿Cómo voy a ajustar el presupuesto?, ¿Volveré a encontrar trabajo?, ¿Cuándo?, etc.; la segunda persona tras el primer impacto decide afrontarla con optimismo: Voy a tener unos días para aprovechar con la familia, seguro que mi familia me arropa, es sólo un parón momentáneo que superaré enseguida consiguiendo un trabajo mejor, etc. Ambas personas han pensado el mismo hecho objetivo de distinta manera y los sentimientos que se les han generado son distintos, por lo que las acciones, la forma de actuar serán también distintas.

Suponemos que ante el ejemplo anterior puedes estar pensando que el primer caso corresponde a una persona realista, consciente de sus responsabilidades y que, como tal, no puede negar la existencia de un problema tan serio y la segunda persona es un idealista irresponsable, un inconsciente que no reconoce la complejidad de la situación en la que acaba de entrar. Suponemos que es así porque es precisamente ahí donde está el origen de tu problema de ansiedad (y del nuestro).


Pensamientos erróneos en la Ansiedad



En realidad ninguno de los dos pensamientos está equivocado, ni el primero responde a una persona responsable ni el segundo a un irresponsable. Sabemos que sientes que esto te aporta poco pues tu manera de pensar es la que es y, aun en el improbable caso, que consiguiéramos demostrarte que tu razonamiento no es el correcto o, por lo menos, hacerte tener alguna duda razonable, aun así consideras que, ante la misma situación, la pensarías igual.

La teoría cognitivo-conductual ha demostrado que el cerebro humano es un ente plástico, un órgano que puede ser moldeado y, por lo tanto, nuestra manera de pensar puede cambiarse (sí, aunque tú seas reticente), un cambio que es nuestra vía para controlar ataque de ansiedad y la ansiedad en sí.

Veamos brevemente cuales son esos pensamientos erróneos que nos generan ansiedad:

Generalización excesiva.

Trasladar un acontecimiento concreto a la totalidad.

Que el jefe te mira mal, es que vas a perder tu empleo (o que le duele la muela); que la pareja de deja, vas a ser una solterona toda tu vida (o vas a encontrar a tu auténtica media naranja), etc.


Abstracción Selectiva o filtro mental.

Ante un hecho concreto quedarnos sólo con aquellas partes que corroboran lo que tememos y “despreciar” las que se contradicen.

Estas impartiendo una clase y un alumno mira a la puerta: no estás impartiendo bien la clase, estás siendo monótono, no estás sabiendo despertar el interés de los alumnos, no te va a volver a llamar para impartir clases, aunque, en realidad: te han llamado porque ya conocían tu trabajo y saben que eres bueno en él y el tema sobre el que tratas les parece muy interesante a quienes te han contratado.


Autoinculpación o personalización.

Atribuirnos la culpa de algo aunque en realidad no dependa totalmente de nosotros

Han suspendido muchos alumnos; soy un mal profesor (o es un mal grupo).
Reparé el coche y se ha vuelto a estropear; soy un mal mecánico (o el conductor es un manazas).
Si yo hubiera estado con él, mi hijo no hubiera tenido el accidente (probablemente lo hubierais tenido los dos).



Etiquetas.

En el mundo en que vivimos, cuando algo es etiquetado, automáticamente pasa a estar en una clasificación de la que es muy difícil salir. Cuando ocurre algo que interpretamos como malo, automáticamente nos atribuimos una etiqueta extrema e injusta.

Ante un error con tu pareja eres un idiota.
Ante un reproche soy un inútil, incompetente.
Y, lo peor, nunca voy a dejar de serlo.
La realidad es que nadie es perfecto y todos cometemos errores y no por ello somos los peores, ni los más idiotas, ni…. En este punto es importante destacar que no es buena idea ponernos etiquetas a nosotros, pero tampoco a los demás.


Razonamiento emocional.

Tomar nuestras sensaciones como prueba de verdad.

Me siento un inútil; soy un inútil.
Me siento mal; luego algo va mal.
Me siento como un fracasado; por eso soy un fracasado.
Estamos tomando la sensación como una realidad, cuando es sólo nuestra interpretación (sesgada y convenientemente adornada) de la realidad.


Nos hemos dejado para el final el principal problema de los ansiosos, el llamado:

Pensamiento dicotómico o pensamiento todo o nada.

Cuando algo acontece la mayoría de gente tiene en su cerebro una serie de cajones, unos cajones que les permiten almacenar las cosas en función de si son muy malas, bastante malas, malas, poco malas, indiferentes, algo buenas, buenas, bastante buenas o muy buenas. Las personas ansiosas sólo disponemos de los dos cajones extremos y, por tanto, cualquier cosa es clasificada automáticamente en muy buena o muy mala.

Porque Tengo Ansiedad 03
Esta manera de pensar es sencillamente errónea. La vida real no puede ser clasificada sólo en estos dos cajones, la vida real no es en blanco y negro, tiene una amplia paleta de grises. En el supuesto del que partíamos al principio de las dos personas que son despedidas, el hecho objetivo del despido no es en sí ni muy malo ni muy bueno. Por supuesto es malo en la medida de que corta nuestra fuente de ingresos y trastoca nuestro umbral de confort, pero también es buena en la medida que nos permite apreciar aquello que tenemos, aquello que va a seguir aun cuando perdamos el trabajo, y nos empuja a descubrir nuevas experiencias (recordemos el dicho: el que no arriesga, no gana).

Por tanto no podemos clasificar todo como muy malo o muy bueno, debemos aprender a crear cajones intermedios y clasificar las cosas en escala de grises.


Tendremos que aprender a reconocer estos y otros errores de pensamiento que son el origen de nuestra ansiedad. Aprender a reconocerlos y, lo más importante, aprender cómo evitarlos pues es la manera en la que vamos a aprender cómo controlar la ansiedad y como evitar el ataque de ansiedad.


Por el momento vamos a exponer una técnica que va a permitirnos cortar de manera rápida con los pensamientos que nos producen malestar.


Cortar con los malos pensamientos Ansiosos


Cuando estemos en una situación en la que veamos que nos invaden pensamientos negativos que incrementan nuestro malestar dirigiremos nuestra mirada arriba y a la izquierda. Veremos como la sensación mejora rápidamente.

Para quienes buscan una respuesta lógica a esta acción, la cuestión es que nuestro cerebro está dividido en dos mitades siendo el lóbulo izquierdo el responsable de nuestro razonamiento real, analítico y el lóbulo derecho el soñador y artístico. Al mirar hacia el lado izquierdo estamos forzando a utilizar esta parte del cerebro y bloqueamos los pensamientos negativos “irracionales”.




Ansiedad Miedos y Fobias

La ansiedad se dispara ante algún peligro, a los ansiosos sin peligro aparente. ¿Quiere esto decir que los ansiosos somos miedosos?


El espectro de los llamados trastornos del ánimo, aquellas dolencias psicológicas que no responden a una alteración contrastada médicamente de nuestro cerebro (como pueda ser la esquizofrenia), son alteraciones que tienen mala consideración social, sobre todo porque su existencia no puede ser demostrada de la misma manera que el resto de dolencias; cuando tenemos un brazo roto o padecemos paperas, es difícil que alguien te lo cuestione.

Ansiedad Miedos y Fobias
by epSos.de
En el caso de los trastornos del ánimo (depresión, ansiedad y estrés) quien los padece sabe de su sufrimiento, pero este no puede ser demostrado con una prueba clínica, lo cual da pie al engaño y el que la gente que nos rodea pueda pensar que no es realmente nada grave lo que nos ocurre sino que, simplemente: o estamos fingiendo o somos personas débiles que no sabemos afrontar los problemas con los que todos tenemos que lidiar a diario.

En el caso de las personas que padecemos trastorno de ansiedad: sabemos que la ansiedad es un sistema preventivo que nos prepara ante los peligros, sabemos que las personas ansiosas tenemos un mal funcionamiento de este sistema y se nos está activando ante peligros que en realidad no existen.

Si pensamos que el miedo es una emoción que surge cuando interpretamos una situación como peligrosa, que tiene como objetivo alertarnos y obligarnos a actuar para evitarlo, huyendo, luchando o pidiendo ayuda, y que esto es lo que ocurre cuando se dispara el sistema ansiedad, la conclusión es rápida: los ansiosos somos miedosos, somos gente que tenemos miedo a cosas a los que los demás no suelen temer: espacios abiertos, espacios cerrados, muchedumbres, soledad, viajar en avión, etc.

Cuando ese miedo es algo muy intenso y responde a cosas a las que la gente no suele temer porque tienen muy poca probabilidad de ocurrir (que se estrelle un avión) o simplemente no son amenazas reales (las cucarachas), en este caso estamos hablando de fobias. Las fobias por su intensidad extrema de respuesta al peligro serían las desencadenantes del ataque de ansiedad.

Con este panorama es normal que cuando te diagnostican que tienes ansiedad, que padeces de trastorno de ansiedad, que no te estas muriendo sino que tienes un ataque de ansiedad, lo normal es que tu primera reacción sea la negación: lo que a mí me ocurre no es ansiedad, yo no soy una persona débil ni un miedoso, mi problema responde a otra causa, es un error de diagnóstico.

Podemos seguir consultando a distintos especialistas y obteniendo una y otra vez el mismo diagnóstico. Antes de seguir insistiendo en que se trata de errores de diagnóstico deberemos aceptarlo lo antes posible y concentrar nuestros esfuerzos en aprender a controlar la ansiedad y controlar el ataque de ansiedad y, respecto a la opinión popular, preguntarnos:


Los Ansiosos somos miedosos



¿Has observado como con frecuencia las personas mayores tienen más reparos en conducir de noche que las personas jóvenes? Algunas personas, en especial las jóvenes, te dirán que esto responde a que con los años nos hacemos más miedosos. La pregunta ahora sería si estas personas mayores son más miedosos o más responsables: Al conducir, estamos desplazando 1 tonelada a 120Km, esto deja bajo nuestras manos una gran cantidad de energía. Las personas jóvenes no suelen ser conscientes de la responsabilidad que esto supone, por el contrario, las personas mayores sí suelen ser conscientes de ello y de que sus reflejos ya nos son los de antaño, por tanto ¿Son más miedosos o más responsables?

El miedo tiene una función adaptativa, la de informarnos de los peligros.

En principio todos nacemos sin miedos o con miedos muy básicos (no está demostrado pero es posible que todos nazcamos con miedos innatos a cosas como a no tener cubiertas nuestras necesidades básicas, los ruidos fuertes inesperados o los golpes) y nuestra experiencia personal, es la que hace que los desarrollemos por un proceso de aprendizaje: estimulo – desenlace. De esta manera cuando recibimos determinados mensajes, anticipamos determinadas consecuencias.

Ansiedad Miedos y Fobias 02
Por desgracia, proceso de asociación no siempre está muy definido, no siempre está claro qué es lo que provocó que ante determinados estímulos asociemos determinadas respuestas. Ello es debido principalmente a que: todos tenemos días malos, días en los que estamos especialmente abatidos, tristes, cansados, etc. días en los que asociaremos estímulo–consecuencia de manera errónea y que, generalmente, nos gusta muy poco la incertidumbre y tenemos una tendencia natural a asociar aquello que no podemos controlar con malas consecuencias.

Además, está demostrado que los miedos tienen a generalizarse y a extenderse a estímulos similares. Aunque algunas personas tienen más facilidad que otras para diferenciar, con frecuencia tendemos a ser generalistas y extender lo que fue un aprendizaje estímulo-consecuencia concreto a estímulos similares, previendo consecuencias que pueden ser equivocadas, pero que aceptamos como ciertas (y malas).


Siguiendo este razonamiento no siempre es fácil saber qué proceso mental es el que se ha desarrollado en nuestra mente para que ante determinados estímulos responda con una percepción de peligro y dispare el sistema ansiedad. Puesto que desconocemos estos mecanismos, sólo percibimos los síntomas de la ansiedad y no sabemos por qué se están produciendo, lo que nos lleva al equívoco de pensar que no responden a la ansiedad sino a otras causas.

En realidad no tenemos miedo, no tenemos un temor consciente a algo concreto sino una (o varias) malas asociaciones estímulo-consecuencia, que hacen que se dispare la ansiedad sin que – normalmente – sepamos a qué es debido. En el caso de las personas con una ansiedad concreta, las que padecen agorafobia, fobia a volar, fobias específicas, etc. sí son conocedoras del detonante, pero no del proceso asociativo que las ha conducido a esta ansiedad.

Para comenzar a desenredar esta madeja primero debemos comprender que el temor a algo responde a dos cuestiones:
  • El peligro objetivo en sí: No es lo mismo ir paseando por una calle y al girar la esquina toparnos de cara con un gatito o hacerlo con un tigre. Aunque en ambos casos nos hemos cruzado con un felino y un gato que se siente acorralado puede ser muy peligroso, objetivamente es mucho más peligroso encontrarnos con un tigre.
  • Las herramientas, capacidades, medios en definitiva los recursos que tengamos para afrontar esta situación


Ante nuestra ansiedad el primer paso será conocer cuáles son los detonantes reales de nuestro trastorno y aprender a valorarlos en su justa medida. Por ejemplo: si tenemos miedo a volar, no podemos buscar la solución a nuestro problema en una garantía al 100% de que el avión no se estrellará o en transformarnos en lo que le ocurre a la mayoría de gente y es que ni tan solo piensa conscientemente en este peligro; aunque minúscula, la opción de estrellarse existe y superar nuestro miedo pasará por asumirlo igual que asumimos tantos otros peligros, esta vez de forma consciente.

El segundo factor del miedo, los recursos que tengamos para afrontarlos; es la herramienta que nos va a permitir controlar nuestra ansiedad. Aun no conociendo el origen de la misma, aún sin saber qué asociación estímulo-consecuencia fue el detonante de nuestro trastorno de ansiedad, de nuestro ataque de ansiedad, es posible recuperar o desarrollar los recursos que nos permitan afrontar esta consecuencia con garantías y, por tanto, que nuestro sistema ansiedad no se active ante los estímulos pues no apreciaremos peligro en su consecuencia.

Volviendo al caso de las personas adultas y su reticencia a conducir de noche, podemos hablar de los niños pequeños que tienen miedo a la oscuridad. Este temor, habitualmente, se supera con el tiempo cuando el niño razona lo improbable de su miedo (nadie puede asegurar al 100% que la oscuridad no esté “escondiendo” ningún monstruo o malvado) y cuando el niño se desarrolla y adquiere mayor confianza en sus capacidades para solventar ese improbable acontecimiento.




Taquicardias y Palpitaciones por Ansiedad

La taquicardia, la sensación de estar sufriendo un ataque al corazón es frecuente entre los ansiosos. Analicemos por qué y qué podemos hacer.


Taquicardia por Ansiedad
A muchas personas que no saben de qué estamos hablando puede parecerles que las personas que padecemos de trastorno de ansiedad somos personas hipocondriacas (que estamos constantemente pendientes de nuestra salud), eso es porque no saben que - pese a que el nuestro es un trastorno de origen mental - la manera en que se muestran los síntomas es física y muy real, tan real como si respondiera a una alteración física.

En este caso vamos a centrarnos en uno de los síntomas físicos que más suelen preocupar a las personas que padecemos de trastorno de ansiedad: las Taquicardias y Palpitaciones.

Cuando padeces ansiedad, es habitual que en uno u otro momento (en especial cuando estamos ante un ataque de ansiedad), sintamos taquicardias y palpitaciones: nuestro corazón comienza a latir con mucha más fuerza y cada vez más rápido y a esto puede ir unido el que sintamos que nos comienza a doler el brazo izquierdo y que nos duela el pecho. Cualquier persona medio instruida sabe que esto son síntomas claros de un ataque al corazón, por lo que es normal que nos invada la preocupación de estar sufriéndolo y temamos por nuestra vida.

La realidad es que - afortunadamente - no estamos sufriendo ningún ataque al corazón, es sólo otro de los síntomas de la ansiedad; algo desagradable pero inofensivo.

La pregunta que nos haremos ahora es:


¿Por qué la Ansiedad produce 

Taquicardias y Palpitaciones?



Para entender por qué las personas ansiosas tenemos tendencia a sufrir taquicardias, debemos primero entender como funciona el sistema Ansiedad:

La Ansiedad es el sistema que tiene nuestro cuerpo de prepararnos para tener mayores posibilidades de salir airosos de una situación de peligro. Cuando sentimos que estamos en peligro, nuestro cuerpo responde poniendo en marcha el sistema Ansiedad, el cual será el encargado de producir una serie de cambios químicos y físicos para prepararnos para luchar o huir ante esta amenaza.

A grandes rasgos, al activarse la ansiedad, esta manda órdenes a nuestras glándulas suprarrenales (unas glándulas que tenemos encima de los riñones) para que comiencen a producir grandes cantidades de adrenalina. La adrenalina es una hormona que en nuestro torrente sanguíneo va a producir que se activen nuestros sistemas. Nuestros músculos necesitan más fuerza y para ello necesitan más alimentos y por ello comenzamos a respirar con mayor fuerza, pero estos alimentos deben ser distribuidos rápidamente por nuestro cuerpo y ello implica que nuestro corazón debe comenzar a latir con mayor fuerza y a mayor ritmo.

Las personas ansiosas, las que padecemos de trastorno de Ansiedad, aquellos a las que nuestro sistema Ansiedad no nos funciona de manera adecuada, nuestro trastorno nos provoca que el sistema ansiedad se ponga en funcionamiento cuando aparentemente debiera hacerlo. Se dispara la ansiedad, no sabemos que lo ha hecho y nosotros lo que percibimos es que, sin causa aparente, se nos ha acelerado el pulso y nuestro corazón late con mucha más fuerza. Tenemos Taquicardia física real, aunque no responde a que nos esté dando ningún ataque al corazón, “es sólo” un síntoma de nuestra ansiedad.


Ahora ya sabes el porqué científico de las taquicardias y palpitaciones por ansiedad. Aun así, es probable que esta explicación se te quede corta pues no descarta el que realmente estés sufriendo un ataque al corazón y, probablemente, el hecho de que tengas diagnosticado que padeces de trastorno de ansiedad y te hayamos informado de que es un síntoma habitual de los ansiosos, no te tranquilices y necesites el diagnóstico de un profesional que te corrobore este extremo. Si este es tu caso, pese a que te recomendamos que se lo comentes al especialista y que este te realice las pruebas oportunas para descartar que tengas problemas del corazón, te interesa el siguiente apartado.


Qué hacer ante una taquicardia por Ansiedad



Aunque ya sabemos que el trastorno de ansiedad y en concreto los ataques de ansiedad tienen como síntoma frecuente la taquicardia y conocemos a qué responden físicamente, necesitamos saber qué hacer ante estas palpitaciones, como controlar la taquicardia por ansiedad.

Las taquicardias por ansiedad no desaparecerán completamente hasta que aprendamos como controlar la ansiedad el ataque de ansiedad, pero antes podemos reducirlas de manera muy considerable siguiendo estos sencillos pasos:

  1. Obsérvate y recuerda que estabas pensando o haciendo. Lo más seguro es que descubras que hay algo que te intranquiliza; pensamientos negativos, situaciones incómodas, te sientes atacado o simplemente acabas de ver una película u oír una canción muy intensa. Graba este posible detonante para un análisis cuando estés tranquilo y deja de pensar en ello.

  2. Dite a ti mismo que, pese a lo real que se está mostrando, tu sabes que es un síntoma de la ansiedad, que no estas padeciendo ningún ataque al corazón.

  3. Demuéstrate que realmente no estas sufriendo ningún ataque al corazón.
    Para ello debes centrarte en tu respiración, en mantener una respiración profunda y rítmica. Una respiración en la que debes ser consciente de que estas respirando, fijando tu atención en como entra y sale el aire, una respiración en la que oxigenemos nuestro cuerpo sin llegar a hiperventilarnos.
    Cuando hayamos alcanzado el ritmo de respiración debemos centrar nuestra mente en otra cosa, distraer nuestra atención de nuestro corazón. Recordar una película que hayamos visto y nos resulte agradable, preparar una conversación que debes mantener, repasar las tablas de multiplicar, etc. Ocupar la mente en algo distinto y no prestar atención a cómo late nuestro corazón. (Si estás acompañado, no te aísles y busca la conversación con la persona que te acompaña, invítala a tomar algo, descéntrate).

  4. Sin que apenas te des cuenta, tu ritmo cardiaco volverá a la normalidad, tu corazón recuperará la calma, con lo que tendrás dos puntos muy importantes:

    • No padeces de ningún ataque al corazón, pues este no se habría parado.

    • Sabes que, ante un nuevo episodio de taquicardias por ansiedad, tienes herramientas para recuperarte de manera rápida.



La ansiedad, pese a ser una alteración mental, produce muchos síntomas físicos. Síntomas muy reales y uno de los más preocupantes y frecuentes es el de las Taquicardias y Palpitaciones por ansiedad. Descartado el que realmente tengamos un problema de corazón, podemos y debemos aprender que somos capaces de controlarla de una manera fácil que, cuanto mayor control tengamos sobre ella, será además más rápida.







Tecnicas de Relajacion Rapidas

Un ataque de ansiedad o la ansiedad en sí, ponen nuestro cuerpo en tensión: aprendamos aquí y ahora técnicas de relajación rápidas para volver a la calma.


Al hablar de ansiedad estamos hablando del trastorno de ansiedad, una alteración de nuestro sistema defensivo ansiedad, un funcionamiento anormal del sistema ansiedad, que hace que se dispare previniéndonos de peligros que, en nuestro estado anterior, no existían. Cuando el sistema se dispara, se desencadenan toda una serie de procesos en nuestro interior encaminados a tensionar nuestro cuerpo y a prepararnos para poder huir o luchar contra esta amenaza con las mayores probabilidades de éxito.

En la vida actual los peligros que nos acechan no son fieras hambrientas, ni fuegos, ni derrumbamientos, ni ninguno de esos peligros a los que estaban expuestos nuestros primeros antepasados viendo directamente en la naturaleza; nuestros peligros están más relacionados con situaciones en las que no queremos estar, personas que no nos resultan beneficiosas, problemas económicos, etc. Una serie de amenazas de las que – aunque sintamos la urgente necesidad – no podemos salir huyendo (por nuestra educación social), ni contra las que podamos luchar “a puñetazos”.

Tecnicas de Relajacion Rapidas 01
El resultado es que se dispara la ansiedad, se altera nuestro cuerpo, nos llenamos de tensión y no podemos liberarla. Algo que se acentúa cuando hablamos de un ataque de ansiedad que, como ya comentamos, es una concentración de la ansiedad en mucha intensidad durante un relativamente corto espacio de tiempo.

Necesitamos saber cómo recuperar la calma, tenemos que aprender cómo relajarnos, cómo resolver toda esta tensión acumulada de manera voluntaria y, para ello, tenemos que aprender técnicas de relajación rápidas. Técnicas de relajación que nos permitan retomar el control sobre nuestro cuerpo y nuestra mente, que nos permitan reducir los síntomas y recuperar pensamientos más claros y objetivos.

Existen multitud de técnicas de relajación, probablemente las que resulten más efectivas a la larga son las que requieren de un periodo más largo de aprendizaje, pero existen otras mucho más rápidas que podemos poner en práctica desde ya mismo. Dependiendo de cómo seas tú y de tus características, unas te resultaran más útiles que otras, pero ahora te vamos a exponer aquellas que han demostrado ser más efectivas:


Tecnicas de relajacion rápida en un ataque de ansiedad



Aunque no se trate exactamente de técnicas de relajación, hemos querido comenzar exponiendo dos cosas que podemos hacer ante un ataque de ansiedad.

Para aquellos que hayan tenido la fortuna de no padecer ninguno, vamos a explicar que un ataque de ansiedad es una crisis de ansiedad, esto es: es un periodo en el que la ansiedad nos ataca de una manera singularmente fuerte, es como si toda la ansiedad que padeces a lo largo del día se acumulara en muy poco tiempo (aunque, no por ello, desaparece el resto del día). Un ataque de ansiedad es, probablemente, la manifestación más dura y extrema de la ansiedad, es un estado en el que pasas a estar convencido de que tu vida peligra, tus síntomas disparados y mostrándose en su máxima expresión no te dejan dudar de ello. Para aquellos que sí la hemos padecido, ¿qué hace falta explicar?

La cuestión es que el ataque de ansiedad es intensamente desagradable y, cuando está en su esplendor, sumamente difícil de razonar de manera objetiva. Aun así, hay dos cosas que podemos y debemos forzarnos a hacer en cuanto comience un ataque de ansiedad.

  • La primera tiene que ver con un proceso biológico de nuestro cuerpo: es incapaz de generar a la vez adrenalina y saliva. Esto puede parecer una tontería pero es un hecho demostrado del que podemos sacar grandes y prontos beneficios.
    Cuando se activa el sistema ansiedad y en concreto cuando padecemos un ataque de ansiedad, el sistema ansiedad ordena una producción masiva de adrenalina, una hormona que se encargará a su vez de incrementar el ritmo y la fuerza de nuestros latidos, de contraer las venas, de dilatar los conductos del aire, de aumentar nuestra respiración, etc., en definitiva, de desencadenar toda la sintomatología del ataque de ansiedad.
    Puesto que conocemos que nuestro cuerpo no puede generar saliva y adrenalina a la vez, cuando notemos el inicio de un ataque de ansiedad deberemos forzar la producción de saliva: masticando un chicle o mordiendo la punta de la lengua (sin hacernos daño). Cuando más saliva generemos menos adrenalina y, por tanto, menos nos activaremos.

  • El segundo punto tiene que ver con el hecho de estar convencidos de que nuestra vida corre peligro y tener la necesidad urgente de huir o responder justamente de la forma contraria y quedarnos paralizados. Pese a que va contra naturaleza (puesto que, cuando sentimos que nuestra vida está en juego, lo normal es intentar poner todos los medios para evitarlo), ante un ataque de ansiedad debemos sobreponernos a estos pensamientos y forzar a nuestra mente a centrarse en otras cosas. En este sentido es útil utilizar una palabra o muletilla (frase que preferentemente sea alentadora) y repetírnosla una y otra vez, intentando no pensar en nada más que en esta palabra. Debemos intentar no alimentar los pensamientos catastrofistas que aumentarán nuestra ansiedad y prolongarán nuestro ataque de ansiedad.


Remarcar que, aunque es muy difícil mantener la mente lo suficientemente fría para recordar y poner en práctica lo anteriormente expuesto, para minimizar al máximo el impacto del ataque de ansiedad, debemos ponerlas en práctica lo antes posible y mantenerlas hasta que notemos que el ataque remite.

Realizada esta anotación sobre qué hacer para actuar rápido ante un ataque de ansiedad vamos ahora a centrarnos en las

Tecnicas de relajación rapida para la Ansiedad



Respiración.

Tecnicas de Relajacion Rapidas 03
Al padecer ansiedad uno de los síntomas más frecuentes tiene que ver con la sensación de ahogo, de falta de aire. Como respuesta a esta sensación tendemos inconscientemente a incrementar más y más nuestra respiración, aumentando la intensidad y frecuencia de las bocanadas. La consecuencia es que no liberamos la sensación y sí hiperventilamos (o hiperrespiramos): introducimos más oxígeno del necesario en nuestro cuerpo y este reacciona con sequedad bucal, mareos, debilidad, vértigos, etc. síntomas que, responden a la hiperventilación, pero que tendemos a asociar a la ansiedad y esto hace que nuestra ansiedad se dispare aún más. (Aquellos aficionados al cine es probable que hayan visto películas en las que, cuando una persona tiene una crisis de ansiedad, se le da una bolsa para que respire por ella, el principio es el mismo: al respirar sobre una bolsa, el aire que introducimos es el que hemos expulsado anteriormente y, por tanto, pobre en oxígeno. Nota: no es una buena técnica la de la bolsa de aire, puede ser peligrosa, es mucho mejor la que exponemos abajo)

La técnica que debemos aplicar consiste en conocer y controlar cual es nuestro ritmo respiratorio adecuado, aquel que nos proporciona el suficiente oxígeno sin ser excesivo y, ante un aumento de la ansiedad, centrar nuestra mente y nuestro cuerpo en conseguir y mantener este ritmo. Aprovecharemos para enviar a nuestro cuerpo una orden de romper la tensión muscular cada vez de exhalemos aire, aprovecharemos para recorrer nuestro cuerpo y en cada exhalación relajar una zona de nuestro cuerpo.


Repetición.

La ansiedad tiene a hacer que nuestra mente esté constantemente dando vueltas y más vueltas sobre temas que nos obsesionan, temas que queremos aparcar durante un tiempo para concederle un descanso a nuestro cerebro y, paradójicamente, cuanto más intentamos alejarlos, más insistentes se vuelven.

La realidad es que hace falta tener un alto grado de autocontrol sobre el pensamiento para conseguir apartar de manera voluntaria pensamientos (en especial los que resultan negativos), pero, si podemos utilizar la técnica de la repetición para aplacarlos.

Esta técnica consiste en realizar actividades que requieran de nuestra atención sin suponer un esfuerzo mental: lavar los platos, barrer, limpiar cristales, caminar, etc. Cualquier actividad en la que debamos centrar nuestra atención en algo distinto a lo que nos obsesiona. Es importante destacar que no sirve de nada que nos pongamos a barrer si mientras lo hacemos continuamos dándole vueltas a nuestra preocupación, debemos barrer y forzarnos en hacerlo bien, fijándonos en no dejarnos nada por barrer y en recoger todo lo barrido, es casi seguro que mientras realicemos la actividad nos invadan los pensamientos, en ese momento debemos alejarlos, como apartarlos diciéndoles que ahora no es su momento y volver a centrarnos en la tarea que nos hemos impuesto.

Normalmente, esta técnica será más efectiva si realizamos actividades opuestas a las que hacemos habitualmente, puesto que exigirá más concentración por nuestra parte, ejemplo: si somos amas de casa, barrer es una actividad que realizamos habitualmente y que “haríamos de manera automática” (y probablemente muy bien), en este caso debemos buscar algo que no hagamos con tanta soltura (quizás poner un cuadro o pintarlo), pero, si por el contrario trabajamos fuera de casa y no solemos barrer, esta actividad sí nos puede resultar muy adecuada.


Desenfocar.

Probablemente hayas oído en alguna ocasión que una muy buena técnica para vencer el miedo escénico, el miedo a hablar en público o enfrentarte a un superior consiste en imaginártelo en ropa interior o directamente cuando visita el baño por las mañanas recién levantado. En realidad este es el principio que podemos utilizar para, de una manera rápida, bajar nuestro nivel de ansiedad y conseguir la tan necesaria relajación.

Esta técnica requiere de una explicación mucho más amplia de la que podemos dedicarle en este artículo, aun así, podemos introducirla para que observes en qué consiste y puedas ponerla en práctica desde ya mismo:

Cuando tenemos un ataque de ansiedad o ansiedad, habitualmente en nuestra mente se estarán representando de manera obsesiva alguna o las tres de las siguientes opciones: una imagen, una voz o una alteración física. La aplicación de esta técnica de relajación rápida consiste en modificar la manera en la que esta alteración se nos está haciendo presente para conseguir disminuirla. Si es una voz que se repite en nuestra mente con un mensaje, debemos intentar modificar la frecuencia (que hable más rápido o más lento), la intensidad (ponerle voz grave y ridícula o muy aguda como la de un niño) o el volumen. Mentalmente debemos centrarnos en ir modificando esta voz que se repite en nuestra mente hasta encontrar aquella en la que nos sintamos más cómodos, menos presionados para luego continuar hasta hacerla desaparecer.

Si lo que se nos está representando es una imagen, podemos modificar el enfoque (imaginemos que estamos en un tren, si en la imagen que nos afecta nos vemos dentro del tren, trataremos de imaginarla como si estuviéramos fuera y, si estamos viéndola desde fuera – como una cámara que nos observa – trataremos que modificar la perspectiva a que estamos dentro), modificaremos el color, la luminosidad, la haremos más borrosa o más nítida, etc., la modificaremos hasta encontrar una en la que nos sintamos más cómodos, menos presionados, menos ansiosos.

En el caso en el que sea una alteración física: falta de aire, opresión en el pecho, sensación de vómito, etc. En este caso para conseguir relajarnos de manera rápida lo que haremos será intentar con la mente introducir ese malestar en una especie de bola imaginaria, una bola que abarcará todo el malestar y que se irá cerrando paulatinamente haciendo que ese malestar vaya quedado cerrado y centrado en la bola. Una vez en la bola, trataremos de mover este malestar centrado un poco en algún sentido. Poco a poco iremos moviendo este malestar de manera paulatina hasta ponerlo fuera de nuestro cuerpo y, desde ahí, alejarlo cada vez más de nosotros.



Tecnicas de Relajacion Rapidas 02
Existen una gran cantidad de técnicas de relajación rápida, técnicas como la musicoterapia, la digitopuntura, la aromaterapia, la colorterapia, caminar, una ducha fría o caliente, etc. En este artículo hemos querido centrarnos en aquellas técnicas que, no queriendo de un largo proceso de aprendizaje, han demostrado ser más efectivas en las personas que padecemos de trastorno de ansiedad.

Ahora que las conoces es el momento de que las pongas en práctica para encontrar aquella técnica que te resulta particularmente efectiva y rápida y que comiences a practicarla de manera continuada, porque no hay que esperar a que el nivel de ansiedad se eleve o que tengamos un ataque de ansiedad. Debemos practicarlas por dos motivos: primero, la práctica de las técnicas de relajación rápida no dará un control sobre la misma que incrementará su efectividad en el momento en que realmente nos haga falta y segundo porque con la práctica continuada conseguiremos un estado de bien estar y relajación que alejará la posibilidad de sufrir un ataque de ansiedad.




Controlar la Ansiedad con Ejercicio Fisico

Podemos controlar la Ansiedad y los ataques con ejercicio? Veamos como el ejercicio físico además de para el cuerpo tiene muchos beneficios para la Ansiedad.


Controlar la Ansiedad con Ejercicio Fisico
Actualmente estamos contantemente siendo bombardeados por imágenes, eslóganes y anuncios en los que nos indican que debemos practicar ejercicio. Las revistas, las películas, las series de televisión no paran de vendernos la imagen de cuerpos sanos y esbeltos. Hemos entrado en la era de la era de la metrosexualidad. Debemos trabajar nuestros cuerpos para que luzcan bonitos y saludables, algo con lo que – de manera más o menos expresa – nos indican que obtendremos, además de salud (que aparenta ser un subproducto lateral), felicidad, reconocimiento social y esa pareja ideal y despampanante.

Dejando de lado lo que la publicidad intenta vendernos de manera tan insistente, lo que es una realidad conocida desde antiguo, es que el ejercicio físico proporciona a nuestro cuerpo salud. Somos animales y nuestro cuerpo es la máquina con la que nos enfrentamos al día a día. Nuestro cuerpo, como cualquier máquina, debe ser revisado y puesto a punto constantemente o se atrofiará y dejará de funcionar. Nuestra vida sedentaria es totalmente contraproducente con la salud. Cuanto menos nos ejercitemos menos salud tendremos, aunque a muchos nos disguste el aceptarlo: “descansar” todo el día va a atrofiar nuestro cuerpo y nos va a hacer vulnerables a las enfermedades, para conseguir tener salud deberemos trabajar nuestro cuerpo ejercitándolo.

El beneficio que aporta el ejercicio físico a nuestro cuerpo es conocido desde antiguo: sabemos que, al practicar ejercicio de manera regular, nuestros sistemas cardiaco (corazón), vascular (sangre), pulmonar (respiración), locomotor (brazos y piernas), digestivo (aprovechamiento de las comidas), endocrino (generación de hormonas) e incluso el nervioso van a tener una mejora considerable en su funcionamiento.

Estos beneficios son los que han hecho que los médicos hayan prescrito la realización de ejercicio físico como como tratamiento y prevención de muy distintas dolencias que van desde la diabetes, la hipertensión, el asma, la obesidad hasta algunos tipos de cáncer.

Todo esto demuestra que la práctica del ejercicio va a resultar muy beneficiosa para nuestra salud física pero, el problema que nos atañe ahora es de tipo mental, estamos buscando como controlar la ansiedad, como controlar ataques de ansiedad, algo que – según dicen los “especialistas” – tiene un origen y una curación “mental”. Por tanto, es lógica nuestra duda, ¿va a ayudar el algo realizar ejercicio en nuestra cura de la ansiedad? Veamos cómo


Controlar la Ansiedad con Ejercicio Físico



“Mente sana en cuerpo sano”, esta es la interpretación que se da actualmente a una cita de la antigua Grecia. Una interpretación que dista del sentido original de la frase (que no era otro que el poner de manifiesto la necesidad de orar para disponer de un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado), pero con la que ahora se quiere poner de manifiesto la conexión de cuerpo y mente.

La medicina occidental (a diferencia de la oriental, tradicionalmente más interesada en encontrar y tratar el auténtico origen de la dolencia), se ha especializado en proporcionarnos soluciones rápidas a nuestros problemas. En el caso de controlar ataque de ansiedad o controlar la ansiedad, también se ha propuesto encontrar este tipo de soluciones algo en lo que, como vimos en nuestro artículo Pastillas para la Ansiedad, por el momento no está resultando nada eficaz.

En los últimos tiempos cada vez se están realizando más estudios que demuestran que existe una relación directa entre nuestra salud mental y nuestra salud física, una relación que podemos aprovechar para, trabajando nuestro cuerpo mediante el ejercicio, sanar nuestra mente (en nuestro caso controlar ataque de ansiedad).

Estos estudios se basan en los beneficios que aporta el ejercicio sobre nuestra mente, beneficios que se extienden a los mecanismos biológicos y psíquicos.


Biológico:

Como comentábamos antes, la práctica de ejercicio físico mejora nuestro sistema cardiovascular. Esta mejoría tiene un impacto directo en los procesos ansiosos. Se ha demostrado que, al mejorar este sistema cardiovascular conseguimos que, en situaciones de estrés, la frecuencia y la fuerza con la que late nuestro corazón sea menor. (Los que hemos padecido algún ataque de ansiedad, sabemos de la importancia de que este incremento de pulsaciones sea lo más moderado posible).

Controlar Ataque de Ansiedad con Ejericio
Con la Ansiedad nuestro cuerpo se vuelve más vulnerable a las infecciones, gripes, resfriados, etc. Los que padecemos de Ansiedad sabemos que nuestro sistema inmunitario se debilita con nuestro trastorno. Mediante el ejercicio físico se consigue que este sistema inmunitario se vuelva a estimular y, además, facilita la eliminación de sustancias tóxicas.

La serotonina es un neurotransmisor encargado de regular nuestro estado de ánimo y nuestro nivel de ansiedad. Los médicos son conocedores de ello y también de que, pese a que son capaces de sintetizarla en laboratorio, esta no puede ser suministrada a nuestro cuerpo puesto que este la destruye antes de que pueda hacer su función, por ello han desarrollado sistemas (pastillas) que impiden que el cuerpo – siguiendo lo que sería su proceso natural – las reabsorba. No podemos suministrar serotonina química a nuestro cuerpo, pero sí podemos hacerlo de manera natural: el ejercicio físico hace que nuestro cuerpo la genere y, por tanto, mediante este podemos restablecer los niveles normales de serotonina (y noradrenalina) de forma totalmente natural.

De modo análogo a la serotonina tenemos las endorfinas. En el conocimiento popular a estas cadenas proteicas se les atribuye el poder de la felicidad y el bienestar, a esto – que es acertado – debemos añadir que las endorfinas son los opiáceos naturales contra el dolor (hay estudios que demuestran que pueden llegar a ser incluso 20 veces más potentes que los medicamentos contra el dolor) y que promueven la calma, mejoran el humor y contrarrestan la adrenalina producida por la Ansiedad. Podemos propiciar la producción de endorfinas de muchas formas naturales como puedan ser reír, jugar, cantar o bailar, pero las personas ansiosas tenemos a tener dificultades en realizar este tipo de actividades y, para nosotros, la forma más sencilla y eficaz de estimular la producción de endorfinas, será mediante la práctica del ejercicio físico. (Nota: Cuando incrementemos nuestro nivel de endorfinas, volveremos a encontrar la satisfacción de reír, bailar y jugar).


Psíquico:

El ejercicio físico ayuda a mejorar la regulación del sueño y, en consecuencia, del descanso. Sabemos que el trastorno de ansiedad te tiene agotado y, aun así, no puedes dormir. Esto es debido a que la Ansiedad produce un agotamiento mental pero, para dormir, lo que necesitamos es el agotamiento físico que producirá la práctica de ejercicio. Un sueño que nos resultará reparador tanto para nuestro cuerpo como para nuestra mente.

Controlar Ataque de Ansiedad
Mediante la práctica de ejercicio físico, se consigue templar el estado de ánimo. Esto es así, porque al practicar ejercicio, nuestro cuerpo se cansa y es como si los problemas que nos atenazan pasaran a un segundo plano, como si perdieran importancia y en ese momento lo más importante fuera reponernos del desgaste del ejercicio.

Con la práctica del ejercicio físico mejoramos nuestro estado de forma, nuestros cuerpos lucen más esbeltos y agiles, mejoramos nuestra fortaleza y resistencia y aumentamos el control sobre nuestro cuerpo y todo ello se ve reflejado en un aumento de la confianza, de la seguridad en nosotros mismos. Conseguimos una sensación de autosuficiencia que aumenta nuestra autoestima. (¿Qué persona, ansiosa o no, no lo agradece?).

Un producto lateral de la práctica de ejercicio viene determinada por dónde lo practiquemos. La práctica de ejercicio puede ser una muy buena oportunidad de aumentar nuestras relaciones sociales y compartir nuestras nuevas inquietudes con personas distintas. Un apoyo social y una distracción de nuestro problema de Ansiedad que puede resultarnos muy beneficioso.



En resumen, los estudios recientes demuestran cada vez más que la práctica de ejercicio físico nos aporta una serie de mecanismos biológicos y psicológicos con los que nos va a resultar mucho más fácil nuestro objetivo de controlar ataque de ansiedad.


Hemos comentado que resulta recomendable disponer de una guía que nos marque de manera precisa, fácil y segura el camino que debemos seguir en nuestro proceso para controlar ataques de ansiedad. En el caso del ejercicio físico esto no es distinto: debemos comenzar a practicar ejercicio pero debemos hacerlo siendo conscientes de nuestro estado físico actual y encontrando la rutina que mejor se nos adapte y que nos permita mejorar de manera progresiva pero segura.




Pastillas para la Ansiedad

Tienes Ansiedad y buscas resolverla con pastillas. Veamos qué opciones ofrecen las Pastillas para la Ansiedad.


Pastillas para la Ansiedad 02
Desde antiguo el ser humano descubrió que se podía apoyar en los alimentos y los recursos que ofrecía la tierra para mejorar su salud. Desde ese momento hemos evolucionado y hemos desarrollado la manera de conservar y concentrar esos principios en pastillas que nos ayudan a superar nuestras dolencias.

Cuando tenemos un problema de salud, sea el que sea, estamos acostumbrados a acudir a nuestro médico quien, casi con total seguridad, nos prescribirá medicamentos para superar el problema. El caso que nos atañe actualmente, la ansiedad, no es una excepción. Si acudimos a nuestro especialista y se lo solicitamos, este nos recetará medicamentos para ayudarnos a superar el trastorno de Ansiedad.

En este artículo vamos a tratar sobre qué tipos de pastillas podemos encontrar para resolver el problema de la ansiedad, sopesando cada uno de ellos. Para comenzar el estudio observamos que podemos encontrar tres grupos básicos de pastillas:


Pastillas Milagro.

En este grupo encontramos lo que nosotros denominamos pastillas milagro, son todo ese tipo de tratamientos alternativos que podemos encontrar por medios “fuera de los cauces habituales” (principalmente Internet) y que dicen haber desvelado el secreto que las farmacéuticas y los médicos nunca quisieron decirte para que no pudieras curar tu ansiedad y así tuvieras que seguir consumiendo sus caros y poco productivos fármacos durante mucho tiempo.

Este tipo de tratamientos se basa en aprovechar la desesperación que produce en las personas ansiosas el no encontrar el camino para superar la dolencia (no conseguir controlar la Ansiedad) y lo traumatizante que la Ansiedad resulta unido a la, cada vez más atrayente, teoría conspiratoria, en este caso de las farmacéuticas, los médicos y, por qué no, un gobierno que sólo busca el enriquecimiento de sus gobernantes sin valorar la salud de los ciudadanos....

Hemos querido empezar con las pastillas milagro porque, a nuestro entender y al de la mayoría de especialistas, son un gran peligro: Con las mismas pruebas con que sustentan su argumentación, permítannos opinar que en realidad no se trata de ninguna teoría conspiratoria y si de una gran estafa. Este tipo de tratamientos, fuera de cualquier control médico y estudio que corrobore su veracidad es sólo una patraña ideada por sus desarrolladores para conseguir, en el mejor de los casos, hacer un agujero en nuestros bolsillos… y decimos en el mejor de los casos porque - en el peor - ese agujero además, será físico y estará en nuestro estómago.


Pastillas Naturales.

Pastillas Para la Ansiedad 01
En este grupo encontramos todas aquellas sustancias obtenidas directamente de la tierra y que no han sufrido ningún tratamiento químico.

El conocimiento de estas sustancias ha sido transmitido por muchos pueblos durante muchas generaciones, por lo que tienen más que probados sus efectos y su eficacia, algo que hoy en día corroboran también los laboratorios que las han analizado.

La tila, la pasiflora, la flor de san juan, etc. Son plantas que han sido utilizas con éxito por generaciones como ayuda para superar momentos de alteraciones nerviosas, entre las que incluiríamos el Trastorno de Ansiedad.


Pastillas médicas.

Los fármacos. Los preparados químicos desarrollados por los laboratorios concentrando en capsulas los principios activos que van a potenciar nuestra curación. Como diría un médico (en conversación distendida y en tono de sarna), un diazepam no deja de ser el principio activo de 2000 valerianas concentradas en una única pastilla.

Cuando acudimos a nuestro médico, este es el grupo que suele recetarnos pastillas de los grupos:

  • Benzodiazepinas. Muy frecuentes como primera línea de batalla por la rapidez con la que actúan en su función de reducir el nivel de ansiedad. Actúan sobre el sistema nervioso central, con efectos sedantes, ansiolíticos e hipnóticos. Además de para tratar la ansiedad, este tipo de medicamentos se utiliza para tratar el insomnio, los espasmos musculares o la abstinencia alcohólica.

  • Inhibidores de la recaptación de Serotonina: Conocida como la droga natural de nuestro organismo, por atribuírsele directamente los estados de bienestar y relajación.
    La serotonina es un neurotransmisor que sintetiza directamente nuestro organismo y se ha demostrado que en los casos de Ansiedad, nuestro cuerpo la elimina a mayor velocidad que la crea por lo que tenemos una carencia.
    La serotonina presenta el problema de que, aunque puede ser sintetizada en laboratorio y almacenada en pastillas, al ingerirla nuestro sistema gástrico la destruye y no puede llegar a nuestro cerebro donde realizaría su función, por este motivo, en lugar de desarrollar pastillas con concentrados de Serotonina, se han desarrollado una serie de fármacos que lo que producen es que nuestro cuerpo no destruya la serotonina existente.

  • Inhibidores de la Noradrelanina: La Noradrenalina puede actuar como hormona o como neurotransmisor. Aunque actúa como la Adrenalina potenciando la actividad, en el tratamiento del trastorno de ansiedad se receta por su actividad como neurotransmisor y porque niveles bajos de esta sustancia han sido relacionados directamente con procesos depresivos.
    (En otro artículo trataremos de porqué, aunque se trate de trastornos distintos, es frecuente utilizar medicación antidepresiva en la cura del trastorno de ansiedad).

  • ...


Llegados a este punto la pregunta es:


¿Son buenas las Pastillas Para la Ansiedad?



En este punto son muchos los libros y las páginas web en las que nos informarán de que las pastillas para la ansiedad no son buenas, algunas incluso intentarán asustarnos describiéndonos los problemas que su consumo va a ocasionarnos. El objetivo de este blog es distinto: nosotros queremos que tú cures tu trastorno de ansiedad, sabemos que tú puedes controlar tu ansiedad y recuperar su vida y, bajo esta premisa, no vamos a mentirte: las pastillas para la ansiedad no son malas.

Si dejamos de lado las denominadas pastillas milagro de las que te recomendamos encarecidamente que te separes porque tu salud no es algo con lo que se pueda jugar, nos quedan dos grupos de pastillas:

Las pastillas naturales:

Como comentábamos al principio, se trata de los tratamientos naturales, no procesados químicamente, que se han utilizado desde antiguo para ayudarnos a superar nuestras alteraciones, en este caso concreto el de Ansiedad.

Tienen la ventaja relativa de no precisar de receta médica para conseguirlas, pero presentan el inconveniente de resultar demasiado lentas para la premura con la que queremos superar nuestro trastorno y algo de lo que no se suele tener constancia y es importante: Se ha extendido la creencia de que los tratamientos naturales no pueden ser peligrosos, algo que es totalmente falso. De la misma manera que es posible encontrar plantas beneficiosas en la naturaleza, también es posible encontrar plantas venenosas. Los tratamientos con pastillas naturales deben realizarse de la manera correcta en las dosis y los tiempos prescritos o corremos el riesgo de envenenarnos o similares.

Las pastillas médicas:

Estos preparados químicos deben ser tomados bajo control médico. Por ser concentrados de sustancias, resultan mucho más peligrosos que las pastillas naturales. Por su singularidad, deben ser introducidos en nuestro cuerpo de manera paulatina y controlada, así como el proceso de retirada no puede realizarse de golpe sino que se deben seguir las pautas que indique el especialista.

El "inconveniente" que presentan las pastillas médicas es que generan dos problemas:

  • La dependencia: Nuestro cuerpo se acostumbra a su presencia y luego no quiere dejar de tenerlas, de que te das cuenta ya no puedes dejar de tomarlas.

  • La Tolerancia: Cuando más las tomas menos notas sus efectos, por lo que cada vez en necesario tomar una dosis mayor para obtener los mismos efectos.

Insistimos en que las pastillas médicas para la ansiedad deben ser tomadas con el adecuado control médico.


Sentimos deciros que ahora viene la dosis de realidad:

La cuestión que da origen a esta bitácora es cómo curar la ansiedad, cómo controlar los ataques de ansiedad y la misma ansiedad: una respuesta que no vamos a encontrar en las pastillas.

Hablar de trastorno de ansiedad es hablar de una alteración del sistema ansiedad, una alteración que afecta la manera en la que percibimos la realidad. El trastorno de ansiedad es un mal funcionamiento de nuestra percepción de los hechos y las circunstancias que nos rodean. Una alteración de percepción que no van a curar las pastillas. Las pastillas no modifican la manera que tenemos de pensar.

Podemos, en estadios iniciales o especialmente descontrolados incluso debemos, recurrir a las pastillas para recuperar un cierto control sobre nuestro cuerpo, una cierta sensación de volver a ser quienes tenemos las riendas con las que comenzar a enderezar nuestra deriva, pero hasta ahí llega la utilidad de las pastillas para la ansiedad.

Las pastillas para la ansiedad pueden resultar beneficiosas en un primer control de situación, pero nunca van a conseguir nuestro objetivo: las pastillas para la ansiedad no curan la ansiedad.

Lo único que va a ayudarnos a conseguir nuestro objetivo de controlar la ansiedad es aquello que nos permita redirigir nuestra manera de percibir la realidad a una forma libre de temores irracionales, algo para lo que seguramente necesitemos de los conocimientos y experiencia de otros.