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En la ansiedad no seas tú el obstáculo

La Ansiedad está condicionando tu vida, te la está robando pero, lo que casi nunca pensamos, es que nosotros podemos estar ayudando.


El trastorno de ansiedad y los ataques de ansiedad son una alteración que limita mucho nuestra calidad de vida lo que justifica el que busquemos desesperadamente maneras de curarla que, ante la mala solución que plantea la medicina tradicional, busquemos la cura en brujos, embrujos y píldoras milagro, obviando lo que comentamos en nuestro anterior artículo “Controlar Ansiedad: lo imprescindible eres tú” , y es que la cura de la ansiedad va a necesitar fundamentalmente de nosotros.

En la Ansiedad no seas tu el obstaculo 02
Probablemente puedas considerar que estamos diciendo algo sin sentido, pues tú quieres curar la ansiedad, puede que pienses que esto resulta incluso ofensivo, pues sientes que te estamos criticando por no poner todo lo necesario para la cura, pero no es esta nuestra intención: vamos a dedicar este artículo a esas limitaciones que inconscientemente nos ponemos y dificultan la cura de la ansiedad.

Piensa en las situaciones que te proponemos:

  • Cuando te sucede algo que aparentemente es demasiado bueno para que te ocurra a ti, ¿Piensas que no es cierto y recelas? Por ejemplo: el jefe se acerca a ti y te dice que está contento con tu trabajo ¿Piensas que algo malo ocurre y prevés tu despido?
  • Haces planes para cualquier cosa, intentas tener controlado cualquier imprevisto y nunca consigues llevarlos a término porque algo más importante te lo impide.
  • Dedicas todo tu tiempo y esfuerzo en los demás y el amor que les procesas, ¿tanto que no te queda tiempo para ti?


Estas no son cuestiones lanzadas al azar, son las tres situaciones típicas de trampa-psíquica, son las tres situaciones más características en las que creemos estar actuando correctamente y paradójicamente son las que nos están impidiendo disfrutar y ser un poco más felices, perpetuando nuestra ansiedad.


Nuestras trampas hacia la Ansiedad



En la Ansiedad no seas tu el obstaculo 02
Pese a que algunos expertos consideran que son necesarias, ojala la vida estuviera exenta de dificultades, ojala pudiéramos vivir toda nuestra vida felices, sin sobresaltos, sin nada que enturbiara esa dicha, pero la realidad de la vida es que está llena de situaciones difíciles, en muchos casos dolorosas y nuestra actitud ante ellas es la que dictará cómo nos repercutan (y consecuentemente cómo afecten a nuestro problema de ansiedad).




Perfeccionismo.

Sabes que no eres perfecto, que en ocasiones fallas pero tienes un alto nivel de superación e intentas en casa momento, en cada faceta de tu vida (en tu trabajo, con tu pareja, con tu familia, incluso contigo mismo) mejorarte y hacer lo correcto.

Como dice el psicólogo Walter Riso, ¡¡Tú naciste para ser feliz, no para ser perfecto!!, es una de esas enseñanzas que no se dan en los colegios pero se debería.

Puede que no te sepas perfecto, pero empecinadamente tratas de serlo, lo cual implica que no te aceptas, que no interiorizas que - como cualquier otra persona – tienes derecho a equivocarte.

El intentar mejorar día a día es una actitud que nos dignifica pero no podemos confundirla con el no permitirnos errar o el recriminarnos por hacerlo. Ni nosotros ni los demás somos perfectos y todos cometemos errores, algo que debemos aceptar y asumir como paso previo a ser más tolerantes con los demás y con nosotros mismos, a juzgar a los demás de una manera más justa y a juzgarnos a nosotros con la misma escala.

Pregúntate: ¿Cuántas veces te has recriminado cosas que en otros habrías disculpado?


Aplazar las decisiones.

La ansiedad ya es de por sí bastante traumática como para añadirle las dudas del futuro. Nuestra vida implica tomar decisiones, decisiones que nos obligan a salir de esa zona de confort en la que solemos establecernos. Estamos tumbados en el sofá con dolor de tripas y no nos atrevemos a movernos por si aumenta el dolor, con lo que nos perdemos la posibilidad de que mejore.

Todos tenemos tendencia natural a no abandonar nuestra zona de confort, una zona que puede ser dolorosa pero es conocida. Decidir supone arriesgar, supone hacer algo que puede mejorarnos o empeorarnos, pero inevitablemente salir de nuestro confort, por lo que tenemos tendencia a aplazar esa decisión.

Este problema se acentúa aún más en las personas que padecemos de trastorno de ansiedad, el problema es que en ese aplazamiento perdemos la oportunidad de hacer las cosas. No nos decidimos y acabamos haciendo las cosas urgentes (inevitables) y no las importantes. Es algo que debemos aprender a superar desde ya:

El momento ideal para hacer aquello que quieres es ahora.


La Culpa

En la Ansiedad no seas tu el obstaculo 03
Dice el refranero español “Quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra” y es que todos tenemos algo de lo de arrepentirnos. La culpa es un sentimiento hasta cierto punto bueno pues nos sirve como freno que impide que hagamos determinadas acciones moralmente inapropiadas, pero cuando este nivel se sobrepasa, la culpa se transforma en una losa que impide que avancemos.

Esto o aquello lo hice mal, en esa situación no actué como debía, intento esquivar mis responsabilidades con….

La culpa que nos atenaza, la culpa que hace que no seamos capaces de perdonarnos el error cometido y darnos una segunda oportunidad, la culpa que hace que nos sintamos despreciables por eludir determinadas cosas a las que teóricamente estaríamos obligados.

En realidad normalmente no somos tan despreciables como nosotros mismos nos atribuimos, normalmente somos un juez bastante injusto cuando el juzgado somos nosotros mismos, debemos aprender a darnos segundas oportunidades y no olvidar nunca que, si bien los demás tienen derecho a ser felices, nosotros también tenemos el mismo derecho.


La muralla.

Nada más natural que el intentar protegernos de los peligros que nos acechan. Nada más antiguo que levantar una muralla para proteger el castillo.

Ante los peligros de la vida tendemos a construir una coraza que nos aísle y nos proteja de ellos. El problema de esta coraza es que, además de protegernos, nos convierte cada vez más en personas más inseguras, más miedosas, más débiles y debemos reforzarla cada vez más. Una coraza que nos va a evitar en cierta medida los problemas pero, y esto sí es seguro, nos va a evitar conocer situaciones y personas que nos serían muy beneficiosas, incluso va a alejar a nuestros seres queridos.

Es recomendable mantener cierta cautela, pero no debemos levantar una muralla que impida entrar lo bueno.

Como comentábamos al inicio de este artículo existen una serie de actitudes que aparentemente nos protegen y nos ayudan a evitar los problemas de la vida pero, como hemos visto, estas actitudes esconden una trampa que puede dificultar, incluso impedir nuestro objetivo de aprender cómo controlar la ansiedad.


La vida esconde peligros pero 
la única manera posible de disfrutarla, de aprovechar los buenos momentos, 
es vivirla.





Aprender a Desenfocar

La Ansiedad nos traumatiza y estamos pendientes de ella. Sin quererlo estamos favoreciéndola. Revertir el proceso implicar aprender a desenfocar.


Aprender a Desenfocar para controlar la Ansiedad 01
Si tienes Ansiedad, si has padecido algún ataque de ansiedad, no es necesario que te comentemos todo el sufrimiento que este trastorno ocasiona entre quienes lo padecemos, todas las limitaciones que nos impone en nuestra vida y como va minando tu capacidad para luchar contra ella.

Todo este sufrimiento hace que temamos tener un ataque de ansiedad, que estemos constantemente pendientes, revisando nuestro cuerpo y nuestras sensaciones intentando prever el que la ansiedad se active y vuelva a coger esos niveles que la hacen francamente insoportable. Es una reacción lógica, cuando algo nos produce sufrimiento, instintivamente buscamos la manera de evitarlo y, con la ansiedad no va a ser distinto.

El problema radica en que, en el caso de la ansiedad o del ataque de ansiedad, el peligro, aquello que nos causa sufrimiento no está fuera de nosotros sino que proviene de nosotros mismos. Es algo interior y, por tanto, algo que no podemos esquivar, bordear, ladear, etc. - aunque sí podemos aprender a controlar -.

La mayoría de personas, tengan o no ansiedad, si en un momento dado del día, paran su actividad y comienzan a realizar una revisión de su cuerpo y de su estado de ánimo, descubrirán que tienen un picor, una molestia, una inquietud, una aceleración o un bajón, etc. Es lo normal, en todo momento hay cosas que nos están afectando. Para las personas que no tienen ansiedad es lo normal, simplemente no están todo el día comprobando su cuerpo y su estado de ánimo, continúan su vida sin prestar demasiada atención a estos detalles.

En realidad, no estamos diciendo nada que no sepas. Te recordamos que tú también eras así antes de padecer de trastorno de ansiedad, antes de que sufrieras un ataque de ansiedad. Nota como has cambiado, nota como ahora dedicas mucho, sino todo tu tiempo, a controlar qué sensaciones te está informando tu cuerpo y como fluctúa tu estado de ánimo, nota como estas en constante alerta observando cuando comienza o como evoluciona tu “dolencia”.

Como hemos comentado el problema con la Ansiedad es que es algo que se produce dentro de nosotros y, al intentar controlar la ansiedad, al prestarle atención, lo que estamos haciendo inconscientemente es aumentar la propia Ansiedad.


Desenfocar para Controlar la Ansiedad



La idea creemos que ya está claramente definida: Al intentar controlar la ansiedad le prestamos mucha atención y es precisamente esta atención la que hace que percibamos cosas que, de otra manera, pasarían desapercibidas y, como consecuencia, aumentamos nuestro nivel de Ansiedad.

La solución es “tan simple” como volver a ser “normales”, esto es: no prestar tanta atención a aquello que nos ocurre y, simplemente, continuar con nuestra vida.

Aprender a Desenfocar para controlar la Ansiedad 02
Por desgracia y como en tantas otras cosas, la teoría es muy bonita pero llevarla a la práctica resulta mucho más difícil. Nosotros no somos como esos vendedores que te indican qué debes hacer, tú lo haces y, cuando no funciona, te dicen que es que no lo has hecho bien, que el problema es tuyo, culpabilizándote, cuando – en realidad – el problema está en su sistema que no funciona o por lo menos no lo hace en todos los casos. No, nosotros sabemos que, si estás en esta circunstancia es porque no puedes evitar estarlo y, por eso, vamos a explicarte en qué consiste desenfocar.

Hay personas que consideran que Desenfocar es “mirar a otro lado”, ignorar lo que te ocurre. Este proceso, además de poco útil, va contra natura: cuando a ti te duele algo, puedes hacer como que lo ignoras pero el dolor se encarga de estar constantemente recordándote que está ahí. En un ataque de ansiedad, cuando temes por tu vida, puede hacer como que lo ignoras pero es luchar contra tu propia naturaleza, tu instinto de supervivencia hace que busques instintivamente la manera de salvarte y, cuándo no encuentras cómo - pues desconoces el origen - lógicamente te asustas (con lo que estás aumentando tu ansiedad).

Desenfocar no es ignorar, 
desenfocar es centrar la atención en otro punto.

Cuando sentimos que la ansiedad se activa intentamos controlarla, algo que, como hemos visto, es a la vez natural y contraproducente. Aprender a desenfocar es aprender la manera de, cuando esto ocurra, en lugar de centrar nuestra atención en lo que nos ocurre e intentar controlarlo, obligar – de manera consciente – a nuestro cerebro a prestar atención a otras cosas: fijar nuestra atención en nuestro entorno, en el paisaje, en la gente que nos rodea, forzar una conversación, etc. En definitiva impedir que nuestro cerebro se centre en lo que nos ocurre; no impediremos que llegue la percepción desagradable, pero sí el que el cerebro se centre completamente en ella, estamos "retándole importancia" de manera voluntaria.

Repetimos que resulta más fácil de decir que de hacer pero pensemos en cuando no padecíamos de ansiedad y tuvimos que acudir al trabajo, a la escuela, a una reunión con un catarro que nos tenía totalmente congestionados o un tirón en el muslo que nos dolía al caminar. En este momento acudimos al acto y tuvimos que ignorar nuestra dolencia para centrar nuestra atención en aquello a lo que asistíamos. El sistema de desenfocar es similar.

Como todo proceso, desenfocar es algo que requiere práctica pero con la práctica se consigue el que sea un sistema natural y automático, se aprende y se desarrollan mecanismos de en qué cosas te resulta más fácil y productivo enfocarte. A cada persona, dependiendo de sus inquietudes, sus intereses, etc. le resulta más fácil o más efectivo (en el sentido de que consiguen centrar más sus mentes) en unos temas o cosas que en otras, tú debes practicar y descubrir qué es lo mas beneficioso para ti pero, lo que sí podemos asegurarte, es que al desenfocar, al centrar tu mente en otras cosas, al dejar de prestar atención a la ansiedad, esta se estará reduciendo, estarás aprendiendo cómo controlar la ansiedad y el ataque de ansiedad.




Porque tengo ansiedad

Tenemos ansiedad, hemos sufrido algún ataque de ansiedad y, la pregunta ahora es: ¿por qué tengo ansiedad yo y otros no?


Porque Tengo Ansiedad 02
El origen de los problemas del ánimo (ansiedad, estrés y depresión) todavía no está definido, existen distintas teorías de por qué se produce, teorías de van desde aquellas que defienden que se trata de alteraciones físicas o químicas de nuestro cerebro (fundamentalmente de la zona llamada amígdala) a teorías que defienden que todos los trastornos del ánimo son el mismo trastorno y que la diferencia radica en cómo o qué sintomatología muestra el paciente como más relevante.

Sea cual sea el origen, nuestro problema y el fundamento de esta bitácora (Controlar Ataque de Ansiedad) es aprender cómo controlar la ansiedad y el ataque de ansiedad y, en este objetivo, la teoría que está resultando más útil y efectiva, es la teoría cognitiva-conductual.

Simplificando diremos que, según esta teoría, el proceso por el que nosotros percibimos las cosas es:

   Situación --> Pensamiento --> Sentimiento --> Acción   

  • La situación es aquello que nos ocurre, en principio es algo objetivo distante a nosotros.
  • Ante la situación nosotros pensamos aquello que ha ocurrido, en esta punto añadimos a aquello de lo que nos informan nuestro sentidos nuestras experiencias propias y nuestra “manera de ser”.
  • Del pensamiento, de cómo razonemos la situación (que era algo objetivo, ajeno a nosotros), se construirán nuestros sentimientos: qué sentimos de aquello que ha ocurrido.
  • Son los sentimientos los que determinarán cómo actuamos en respuesta.



De este proceso se desprende que la diferencia entre cómo nos afectan las cosas depende de cómo pensemos las cosas.


Porque Tengo Ansiedad 01
Ante un mismo problema objetivo dos personas no lo piensan igual y, por tanto, las emociones que les generan son distintas. Ejemplo: Dos personas con edades y situación familiar parecidas son despedidos de una empresa; a la primera de ellas esta noticia le llena de preocupación: ¿Qué pensará mi familia?, ¿Cómo voy a ajustar el presupuesto?, ¿Volveré a encontrar trabajo?, ¿Cuándo?, etc.; la segunda persona tras el primer impacto decide afrontarla con optimismo: Voy a tener unos días para aprovechar con la familia, seguro que mi familia me arropa, es sólo un parón momentáneo que superaré enseguida consiguiendo un trabajo mejor, etc. Ambas personas han pensado el mismo hecho objetivo de distinta manera y los sentimientos que se les han generado son distintos, por lo que las acciones, la forma de actuar serán también distintas.

Suponemos que ante el ejemplo anterior puedes estar pensando que el primer caso corresponde a una persona realista, consciente de sus responsabilidades y que, como tal, no puede negar la existencia de un problema tan serio y la segunda persona es un idealista irresponsable, un inconsciente que no reconoce la complejidad de la situación en la que acaba de entrar. Suponemos que es así porque es precisamente ahí donde está el origen de tu problema de ansiedad (y del nuestro).


Pensamientos erróneos en la Ansiedad



En realidad ninguno de los dos pensamientos está equivocado, ni el primero responde a una persona responsable ni el segundo a un irresponsable. Sabemos que sientes que esto te aporta poco pues tu manera de pensar es la que es y, aun en el improbable caso, que consiguiéramos demostrarte que tu razonamiento no es el correcto o, por lo menos, hacerte tener alguna duda razonable, aun así consideras que, ante la misma situación, la pensarías igual.

La teoría cognitivo-conductual ha demostrado que el cerebro humano es un ente plástico, un órgano que puede ser moldeado y, por lo tanto, nuestra manera de pensar puede cambiarse (sí, aunque tú seas reticente), un cambio que es nuestra vía para controlar ataque de ansiedad y la ansiedad en sí.

Veamos brevemente cuales son esos pensamientos erróneos que nos generan ansiedad:

Generalización excesiva.

Trasladar un acontecimiento concreto a la totalidad.

Que el jefe te mira mal, es que vas a perder tu empleo (o que le duele la muela); que la pareja de deja, vas a ser una solterona toda tu vida (o vas a encontrar a tu auténtica media naranja), etc.


Abstracción Selectiva o filtro mental.

Ante un hecho concreto quedarnos sólo con aquellas partes que corroboran lo que tememos y “despreciar” las que se contradicen.

Estas impartiendo una clase y un alumno mira a la puerta: no estás impartiendo bien la clase, estás siendo monótono, no estás sabiendo despertar el interés de los alumnos, no te va a volver a llamar para impartir clases, aunque, en realidad: te han llamado porque ya conocían tu trabajo y saben que eres bueno en él y el tema sobre el que tratas les parece muy interesante a quienes te han contratado.


Autoinculpación o personalización.

Atribuirnos la culpa de algo aunque en realidad no dependa totalmente de nosotros

Han suspendido muchos alumnos; soy un mal profesor (o es un mal grupo).
Reparé el coche y se ha vuelto a estropear; soy un mal mecánico (o el conductor es un manazas).
Si yo hubiera estado con él, mi hijo no hubiera tenido el accidente (probablemente lo hubierais tenido los dos).



Etiquetas.

En el mundo en que vivimos, cuando algo es etiquetado, automáticamente pasa a estar en una clasificación de la que es muy difícil salir. Cuando ocurre algo que interpretamos como malo, automáticamente nos atribuimos una etiqueta extrema e injusta.

Ante un error con tu pareja eres un idiota.
Ante un reproche soy un inútil, incompetente.
Y, lo peor, nunca voy a dejar de serlo.
La realidad es que nadie es perfecto y todos cometemos errores y no por ello somos los peores, ni los más idiotas, ni…. En este punto es importante destacar que no es buena idea ponernos etiquetas a nosotros, pero tampoco a los demás.


Razonamiento emocional.

Tomar nuestras sensaciones como prueba de verdad.

Me siento un inútil; soy un inútil.
Me siento mal; luego algo va mal.
Me siento como un fracasado; por eso soy un fracasado.
Estamos tomando la sensación como una realidad, cuando es sólo nuestra interpretación (sesgada y convenientemente adornada) de la realidad.


Nos hemos dejado para el final el principal problema de los ansiosos, el llamado:

Pensamiento dicotómico o pensamiento todo o nada.

Cuando algo acontece la mayoría de gente tiene en su cerebro una serie de cajones, unos cajones que les permiten almacenar las cosas en función de si son muy malas, bastante malas, malas, poco malas, indiferentes, algo buenas, buenas, bastante buenas o muy buenas. Las personas ansiosas sólo disponemos de los dos cajones extremos y, por tanto, cualquier cosa es clasificada automáticamente en muy buena o muy mala.

Porque Tengo Ansiedad 03
Esta manera de pensar es sencillamente errónea. La vida real no puede ser clasificada sólo en estos dos cajones, la vida real no es en blanco y negro, tiene una amplia paleta de grises. En el supuesto del que partíamos al principio de las dos personas que son despedidas, el hecho objetivo del despido no es en sí ni muy malo ni muy bueno. Por supuesto es malo en la medida de que corta nuestra fuente de ingresos y trastoca nuestro umbral de confort, pero también es buena en la medida que nos permite apreciar aquello que tenemos, aquello que va a seguir aun cuando perdamos el trabajo, y nos empuja a descubrir nuevas experiencias (recordemos el dicho: el que no arriesga, no gana).

Por tanto no podemos clasificar todo como muy malo o muy bueno, debemos aprender a crear cajones intermedios y clasificar las cosas en escala de grises.


Tendremos que aprender a reconocer estos y otros errores de pensamiento que son el origen de nuestra ansiedad. Aprender a reconocerlos y, lo más importante, aprender cómo evitarlos pues es la manera en la que vamos a aprender cómo controlar la ansiedad y como evitar el ataque de ansiedad.


Por el momento vamos a exponer una técnica que va a permitirnos cortar de manera rápida con los pensamientos que nos producen malestar.


Cortar con los malos pensamientos Ansiosos


Cuando estemos en una situación en la que veamos que nos invaden pensamientos negativos que incrementan nuestro malestar dirigiremos nuestra mirada arriba y a la izquierda. Veremos como la sensación mejora rápidamente.

Para quienes buscan una respuesta lógica a esta acción, la cuestión es que nuestro cerebro está dividido en dos mitades siendo el lóbulo izquierdo el responsable de nuestro razonamiento real, analítico y el lóbulo derecho el soñador y artístico. Al mirar hacia el lado izquierdo estamos forzando a utilizar esta parte del cerebro y bloqueamos los pensamientos negativos “irracionales”.




Ansiedad Miedos y Fobias

La ansiedad se dispara ante algún peligro, a los ansiosos sin peligro aparente. ¿Quiere esto decir que los ansiosos somos miedosos?


El espectro de los llamados trastornos del ánimo, aquellas dolencias psicológicas que no responden a una alteración contrastada médicamente de nuestro cerebro (como pueda ser la esquizofrenia), son alteraciones que tienen mala consideración social, sobre todo porque su existencia no puede ser demostrada de la misma manera que el resto de dolencias; cuando tenemos un brazo roto o padecemos paperas, es difícil que alguien te lo cuestione.

Ansiedad Miedos y Fobias
by epSos.de
En el caso de los trastornos del ánimo (depresión, ansiedad y estrés) quien los padece sabe de su sufrimiento, pero este no puede ser demostrado con una prueba clínica, lo cual da pie al engaño y el que la gente que nos rodea pueda pensar que no es realmente nada grave lo que nos ocurre sino que, simplemente: o estamos fingiendo o somos personas débiles que no sabemos afrontar los problemas con los que todos tenemos que lidiar a diario.

En el caso de las personas que padecemos trastorno de ansiedad: sabemos que la ansiedad es un sistema preventivo que nos prepara ante los peligros, sabemos que las personas ansiosas tenemos un mal funcionamiento de este sistema y se nos está activando ante peligros que en realidad no existen.

Si pensamos que el miedo es una emoción que surge cuando interpretamos una situación como peligrosa, que tiene como objetivo alertarnos y obligarnos a actuar para evitarlo, huyendo, luchando o pidiendo ayuda, y que esto es lo que ocurre cuando se dispara el sistema ansiedad, la conclusión es rápida: los ansiosos somos miedosos, somos gente que tenemos miedo a cosas a los que los demás no suelen temer: espacios abiertos, espacios cerrados, muchedumbres, soledad, viajar en avión, etc.

Cuando ese miedo es algo muy intenso y responde a cosas a las que la gente no suele temer porque tienen muy poca probabilidad de ocurrir (que se estrelle un avión) o simplemente no son amenazas reales (las cucarachas), en este caso estamos hablando de fobias. Las fobias por su intensidad extrema de respuesta al peligro serían las desencadenantes del ataque de ansiedad.

Con este panorama es normal que cuando te diagnostican que tienes ansiedad, que padeces de trastorno de ansiedad, que no te estas muriendo sino que tienes un ataque de ansiedad, lo normal es que tu primera reacción sea la negación: lo que a mí me ocurre no es ansiedad, yo no soy una persona débil ni un miedoso, mi problema responde a otra causa, es un error de diagnóstico.

Podemos seguir consultando a distintos especialistas y obteniendo una y otra vez el mismo diagnóstico. Antes de seguir insistiendo en que se trata de errores de diagnóstico deberemos aceptarlo lo antes posible y concentrar nuestros esfuerzos en aprender a controlar la ansiedad y controlar el ataque de ansiedad y, respecto a la opinión popular, preguntarnos:


Los Ansiosos somos miedosos



¿Has observado como con frecuencia las personas mayores tienen más reparos en conducir de noche que las personas jóvenes? Algunas personas, en especial las jóvenes, te dirán que esto responde a que con los años nos hacemos más miedosos. La pregunta ahora sería si estas personas mayores son más miedosos o más responsables: Al conducir, estamos desplazando 1 tonelada a 120Km, esto deja bajo nuestras manos una gran cantidad de energía. Las personas jóvenes no suelen ser conscientes de la responsabilidad que esto supone, por el contrario, las personas mayores sí suelen ser conscientes de ello y de que sus reflejos ya nos son los de antaño, por tanto ¿Son más miedosos o más responsables?

El miedo tiene una función adaptativa, la de informarnos de los peligros.

En principio todos nacemos sin miedos o con miedos muy básicos (no está demostrado pero es posible que todos nazcamos con miedos innatos a cosas como a no tener cubiertas nuestras necesidades básicas, los ruidos fuertes inesperados o los golpes) y nuestra experiencia personal, es la que hace que los desarrollemos por un proceso de aprendizaje: estimulo – desenlace. De esta manera cuando recibimos determinados mensajes, anticipamos determinadas consecuencias.

Ansiedad Miedos y Fobias 02
Por desgracia, proceso de asociación no siempre está muy definido, no siempre está claro qué es lo que provocó que ante determinados estímulos asociemos determinadas respuestas. Ello es debido principalmente a que: todos tenemos días malos, días en los que estamos especialmente abatidos, tristes, cansados, etc. días en los que asociaremos estímulo–consecuencia de manera errónea y que, generalmente, nos gusta muy poco la incertidumbre y tenemos una tendencia natural a asociar aquello que no podemos controlar con malas consecuencias.

Además, está demostrado que los miedos tienen a generalizarse y a extenderse a estímulos similares. Aunque algunas personas tienen más facilidad que otras para diferenciar, con frecuencia tendemos a ser generalistas y extender lo que fue un aprendizaje estímulo-consecuencia concreto a estímulos similares, previendo consecuencias que pueden ser equivocadas, pero que aceptamos como ciertas (y malas).


Siguiendo este razonamiento no siempre es fácil saber qué proceso mental es el que se ha desarrollado en nuestra mente para que ante determinados estímulos responda con una percepción de peligro y dispare el sistema ansiedad. Puesto que desconocemos estos mecanismos, sólo percibimos los síntomas de la ansiedad y no sabemos por qué se están produciendo, lo que nos lleva al equívoco de pensar que no responden a la ansiedad sino a otras causas.

En realidad no tenemos miedo, no tenemos un temor consciente a algo concreto sino una (o varias) malas asociaciones estímulo-consecuencia, que hacen que se dispare la ansiedad sin que – normalmente – sepamos a qué es debido. En el caso de las personas con una ansiedad concreta, las que padecen agorafobia, fobia a volar, fobias específicas, etc. sí son conocedoras del detonante, pero no del proceso asociativo que las ha conducido a esta ansiedad.

Para comenzar a desenredar esta madeja primero debemos comprender que el temor a algo responde a dos cuestiones:
  • El peligro objetivo en sí: No es lo mismo ir paseando por una calle y al girar la esquina toparnos de cara con un gatito o hacerlo con un tigre. Aunque en ambos casos nos hemos cruzado con un felino y un gato que se siente acorralado puede ser muy peligroso, objetivamente es mucho más peligroso encontrarnos con un tigre.
  • Las herramientas, capacidades, medios en definitiva los recursos que tengamos para afrontar esta situación


Ante nuestra ansiedad el primer paso será conocer cuáles son los detonantes reales de nuestro trastorno y aprender a valorarlos en su justa medida. Por ejemplo: si tenemos miedo a volar, no podemos buscar la solución a nuestro problema en una garantía al 100% de que el avión no se estrellará o en transformarnos en lo que le ocurre a la mayoría de gente y es que ni tan solo piensa conscientemente en este peligro; aunque minúscula, la opción de estrellarse existe y superar nuestro miedo pasará por asumirlo igual que asumimos tantos otros peligros, esta vez de forma consciente.

El segundo factor del miedo, los recursos que tengamos para afrontarlos; es la herramienta que nos va a permitir controlar nuestra ansiedad. Aun no conociendo el origen de la misma, aún sin saber qué asociación estímulo-consecuencia fue el detonante de nuestro trastorno de ansiedad, de nuestro ataque de ansiedad, es posible recuperar o desarrollar los recursos que nos permitan afrontar esta consecuencia con garantías y, por tanto, que nuestro sistema ansiedad no se active ante los estímulos pues no apreciaremos peligro en su consecuencia.

Volviendo al caso de las personas adultas y su reticencia a conducir de noche, podemos hablar de los niños pequeños que tienen miedo a la oscuridad. Este temor, habitualmente, se supera con el tiempo cuando el niño razona lo improbable de su miedo (nadie puede asegurar al 100% que la oscuridad no esté “escondiendo” ningún monstruo o malvado) y cuando el niño se desarrolla y adquiere mayor confianza en sus capacidades para solventar ese improbable acontecimiento.




Pastillas para la Ansiedad

Tienes Ansiedad y buscas resolverla con pastillas. Veamos qué opciones ofrecen las Pastillas para la Ansiedad.


Pastillas para la Ansiedad 02
Desde antiguo el ser humano descubrió que se podía apoyar en los alimentos y los recursos que ofrecía la tierra para mejorar su salud. Desde ese momento hemos evolucionado y hemos desarrollado la manera de conservar y concentrar esos principios en pastillas que nos ayudan a superar nuestras dolencias.

Cuando tenemos un problema de salud, sea el que sea, estamos acostumbrados a acudir a nuestro médico quien, casi con total seguridad, nos prescribirá medicamentos para superar el problema. El caso que nos atañe actualmente, la ansiedad, no es una excepción. Si acudimos a nuestro especialista y se lo solicitamos, este nos recetará medicamentos para ayudarnos a superar el trastorno de Ansiedad.

En este artículo vamos a tratar sobre qué tipos de pastillas podemos encontrar para resolver el problema de la ansiedad, sopesando cada uno de ellos. Para comenzar el estudio observamos que podemos encontrar tres grupos básicos de pastillas:


Pastillas Milagro.

En este grupo encontramos lo que nosotros denominamos pastillas milagro, son todo ese tipo de tratamientos alternativos que podemos encontrar por medios “fuera de los cauces habituales” (principalmente Internet) y que dicen haber desvelado el secreto que las farmacéuticas y los médicos nunca quisieron decirte para que no pudieras curar tu ansiedad y así tuvieras que seguir consumiendo sus caros y poco productivos fármacos durante mucho tiempo.

Este tipo de tratamientos se basa en aprovechar la desesperación que produce en las personas ansiosas el no encontrar el camino para superar la dolencia (no conseguir controlar la Ansiedad) y lo traumatizante que la Ansiedad resulta unido a la, cada vez más atrayente, teoría conspiratoria, en este caso de las farmacéuticas, los médicos y, por qué no, un gobierno que sólo busca el enriquecimiento de sus gobernantes sin valorar la salud de los ciudadanos....

Hemos querido empezar con las pastillas milagro porque, a nuestro entender y al de la mayoría de especialistas, son un gran peligro: Con las mismas pruebas con que sustentan su argumentación, permítannos opinar que en realidad no se trata de ninguna teoría conspiratoria y si de una gran estafa. Este tipo de tratamientos, fuera de cualquier control médico y estudio que corrobore su veracidad es sólo una patraña ideada por sus desarrolladores para conseguir, en el mejor de los casos, hacer un agujero en nuestros bolsillos… y decimos en el mejor de los casos porque - en el peor - ese agujero además, será físico y estará en nuestro estómago.


Pastillas Naturales.

Pastillas Para la Ansiedad 01
En este grupo encontramos todas aquellas sustancias obtenidas directamente de la tierra y que no han sufrido ningún tratamiento químico.

El conocimiento de estas sustancias ha sido transmitido por muchos pueblos durante muchas generaciones, por lo que tienen más que probados sus efectos y su eficacia, algo que hoy en día corroboran también los laboratorios que las han analizado.

La tila, la pasiflora, la flor de san juan, etc. Son plantas que han sido utilizas con éxito por generaciones como ayuda para superar momentos de alteraciones nerviosas, entre las que incluiríamos el Trastorno de Ansiedad.


Pastillas médicas.

Los fármacos. Los preparados químicos desarrollados por los laboratorios concentrando en capsulas los principios activos que van a potenciar nuestra curación. Como diría un médico (en conversación distendida y en tono de sarna), un diazepam no deja de ser el principio activo de 2000 valerianas concentradas en una única pastilla.

Cuando acudimos a nuestro médico, este es el grupo que suele recetarnos pastillas de los grupos:

  • Benzodiazepinas. Muy frecuentes como primera línea de batalla por la rapidez con la que actúan en su función de reducir el nivel de ansiedad. Actúan sobre el sistema nervioso central, con efectos sedantes, ansiolíticos e hipnóticos. Además de para tratar la ansiedad, este tipo de medicamentos se utiliza para tratar el insomnio, los espasmos musculares o la abstinencia alcohólica.

  • Inhibidores de la recaptación de Serotonina: Conocida como la droga natural de nuestro organismo, por atribuírsele directamente los estados de bienestar y relajación.
    La serotonina es un neurotransmisor que sintetiza directamente nuestro organismo y se ha demostrado que en los casos de Ansiedad, nuestro cuerpo la elimina a mayor velocidad que la crea por lo que tenemos una carencia.
    La serotonina presenta el problema de que, aunque puede ser sintetizada en laboratorio y almacenada en pastillas, al ingerirla nuestro sistema gástrico la destruye y no puede llegar a nuestro cerebro donde realizaría su función, por este motivo, en lugar de desarrollar pastillas con concentrados de Serotonina, se han desarrollado una serie de fármacos que lo que producen es que nuestro cuerpo no destruya la serotonina existente.

  • Inhibidores de la Noradrelanina: La Noradrenalina puede actuar como hormona o como neurotransmisor. Aunque actúa como la Adrenalina potenciando la actividad, en el tratamiento del trastorno de ansiedad se receta por su actividad como neurotransmisor y porque niveles bajos de esta sustancia han sido relacionados directamente con procesos depresivos.
    (En otro artículo trataremos de porqué, aunque se trate de trastornos distintos, es frecuente utilizar medicación antidepresiva en la cura del trastorno de ansiedad).

  • ...


Llegados a este punto la pregunta es:


¿Son buenas las Pastillas Para la Ansiedad?



En este punto son muchos los libros y las páginas web en las que nos informarán de que las pastillas para la ansiedad no son buenas, algunas incluso intentarán asustarnos describiéndonos los problemas que su consumo va a ocasionarnos. El objetivo de este blog es distinto: nosotros queremos que tú cures tu trastorno de ansiedad, sabemos que tú puedes controlar tu ansiedad y recuperar su vida y, bajo esta premisa, no vamos a mentirte: las pastillas para la ansiedad no son malas.

Si dejamos de lado las denominadas pastillas milagro de las que te recomendamos encarecidamente que te separes porque tu salud no es algo con lo que se pueda jugar, nos quedan dos grupos de pastillas:

Las pastillas naturales:

Como comentábamos al principio, se trata de los tratamientos naturales, no procesados químicamente, que se han utilizado desde antiguo para ayudarnos a superar nuestras alteraciones, en este caso concreto el de Ansiedad.

Tienen la ventaja relativa de no precisar de receta médica para conseguirlas, pero presentan el inconveniente de resultar demasiado lentas para la premura con la que queremos superar nuestro trastorno y algo de lo que no se suele tener constancia y es importante: Se ha extendido la creencia de que los tratamientos naturales no pueden ser peligrosos, algo que es totalmente falso. De la misma manera que es posible encontrar plantas beneficiosas en la naturaleza, también es posible encontrar plantas venenosas. Los tratamientos con pastillas naturales deben realizarse de la manera correcta en las dosis y los tiempos prescritos o corremos el riesgo de envenenarnos o similares.

Las pastillas médicas:

Estos preparados químicos deben ser tomados bajo control médico. Por ser concentrados de sustancias, resultan mucho más peligrosos que las pastillas naturales. Por su singularidad, deben ser introducidos en nuestro cuerpo de manera paulatina y controlada, así como el proceso de retirada no puede realizarse de golpe sino que se deben seguir las pautas que indique el especialista.

El "inconveniente" que presentan las pastillas médicas es que generan dos problemas:

  • La dependencia: Nuestro cuerpo se acostumbra a su presencia y luego no quiere dejar de tenerlas, de que te das cuenta ya no puedes dejar de tomarlas.

  • La Tolerancia: Cuando más las tomas menos notas sus efectos, por lo que cada vez en necesario tomar una dosis mayor para obtener los mismos efectos.

Insistimos en que las pastillas médicas para la ansiedad deben ser tomadas con el adecuado control médico.


Sentimos deciros que ahora viene la dosis de realidad:

La cuestión que da origen a esta bitácora es cómo curar la ansiedad, cómo controlar los ataques de ansiedad y la misma ansiedad: una respuesta que no vamos a encontrar en las pastillas.

Hablar de trastorno de ansiedad es hablar de una alteración del sistema ansiedad, una alteración que afecta la manera en la que percibimos la realidad. El trastorno de ansiedad es un mal funcionamiento de nuestra percepción de los hechos y las circunstancias que nos rodean. Una alteración de percepción que no van a curar las pastillas. Las pastillas no modifican la manera que tenemos de pensar.

Podemos, en estadios iniciales o especialmente descontrolados incluso debemos, recurrir a las pastillas para recuperar un cierto control sobre nuestro cuerpo, una cierta sensación de volver a ser quienes tenemos las riendas con las que comenzar a enderezar nuestra deriva, pero hasta ahí llega la utilidad de las pastillas para la ansiedad.

Las pastillas para la ansiedad pueden resultar beneficiosas en un primer control de situación, pero nunca van a conseguir nuestro objetivo: las pastillas para la ansiedad no curan la ansiedad.

Lo único que va a ayudarnos a conseguir nuestro objetivo de controlar la ansiedad es aquello que nos permita redirigir nuestra manera de percibir la realidad a una forma libre de temores irracionales, algo para lo que seguramente necesitemos de los conocimientos y experiencia de otros.





Ansiedad y Depresion

Depresión por Ansiedad, Ansiedad por Depresión. ¿Qué relación existe entre ambos trastornos? Lo analizamos.


Ansiedad y Depresion
Hablar de Depresión y hablar de Ansiedad, es hablar de dos trastornos distintos. Si tomamos como referencia la definición que encontramos en la RAE:

Depresión: “Síndrome caracterizado por una tristeza profunda y por la inhibición de las funciones psíquicas, a veces con trastornos neurovegetativos”. (Intentando aclarar algo más: los signos neurovegetativos de la depresión son los síntomas que afectan el funcionamiento del paciente: por ejemplo, el sueño, el apetito y la concentración).

Ansiedad: Angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos. (Volviendo a intentar aclarar algo más y siguiendo con la RAE; Angustia: Temor opresivo sin causa precisa).

Aunque la RAE, generalmente, no es una buena referencia a la hora de describir qué son los trastornos médicos, sí podemos observar con la definición como ambos trastornos parecen afectar a la mente y a los sentimientos pero hasta ahí llegan sus similitudes. Sí profundizamos algo más en ambos trastornos, comprobaremos que las diferencias se agudizan.

A pesar de tratarse de trastornos distintos, existe una realidad estadística, una realidad que se constata con la frecuencia en que un suceso se repite, una realidad de una coincidencia de los trastornos de ansiedad y de depresión en la misma persona y en el mismo momento que sirve como punto de partida de este artículo: Es frecuente que las personas que padecen trastorno de Ansiedad, desarrollemos cierto proceso depresivo (1). 



Cuando tenemos dos sucesos que se relacionan estadísticamente, existen dos opciones para explicarlos:
  • La primera opción es la que establece que esta coincidencia es simplemente estadística y los sucesos no tienen relación.

    En los denominados países desarrollados cada vez es más frecuente el consumo de agua mineral (a pesar de tener la mejor calidad de agua potable “de grifo”) y cada vez es mayor el porcentaje de gente que contrata seguros privados; estamos ante dos sucesos estadísticamente coincidentes pero con una relación casual, esto es, beber agua mineral no hace que contrates seguros privados, ni viceversa.

  • La segunda opción es que sí existe relación:

    Supongamos que contamos las personas que tienen una fractura de brazo y las que padecen gripe, aunque no hemos realizado ningún estudio al respecto, estamos casi convencidos que debe darse algún caso, aunque no creemos que sea muy frecuente, y esto es así, porque ambos trastornos no tienen relación alguna (2).


En el caso de la Ansiedad y la Depresión, la estadística demuestra que sí existen muchos casos en los que las personas con trastorno de Ansiedad desarrollan procesos depresivos (y viceversa), de hecho, la estadística demuestra que lo extraño son aquellas personas que padeciendo Ansiedad no padecen cierto grado de depresión.


Por qué Ansiedad y Depresión



Siendo dos trastornos distintos que comparten su centro origen en la mente y suponiendo demostrada una relación entre ellos, la pregunta sería pues ¿qué produce esta coincidencia?

Ante esta cuestión se han planteado varias teorías:

La primera teoría parte del principio de que las personas utilizamos el lenguaje para comunicarnos y tenemos carencias en el mismo. El lenguaje limita la capacidad de intercambio de información (hecho contrastado) y las personas no solemos disponer del vocabulario ni de la inteligencia emocional para describir qué es aquello que realmente nos ocurre. Bajo esta teoría, las personas ansiosas a la hora de describir aquello que nos afecta, que nos trastorna, que nos ocurre, recurrimos a vocablos y expresiones que pueden confundirse con un trastorno de depresión. Bajo este punto de vista, lo que se está indicando es que la coincidencia no es tal, las personas con trastorno de Ansiedad no tienen Depresión, lo que ocurre es que no sabemos transmitirlo.

Una segunda teoría defiende que es el trastorno de Ansiedad el que conduce a un proceso depresivo. Todos los que tenemos Ansiedad sabemos de lo traumatizante, estigmatizante y limitante que es. Todos los ansiosos hemos visto como nuestra vida se ha visto limitada de manera muy considerable por este trastorno, cómo nos ha robado nuestra vida y nuestros sueños y, ante esta situación, es lógico que se desarrolle un cierto grado de negatividad, de tristeza que falta de fuerzas al que se describiría como un proceso depresivo.

La tercera teoría defiende que el trastorno originario siempre es el trastorno depresivo, la depresión estaba presente en nosotros antes de desarrollar el trastorno ansioso y este ha sido una consecuencia directa del primero. Bajo este prisma todos los ansiosos primero fuimos depresivos, esto es: estábamos deprimidos (aunque no lo sabíamos), este primer trastorno depresivo, de manera oculta fue minado nuestras expectativas vitales hasta el punto de que desarrolláramos un temor al futuro, a las expectativas que nos deparaba y este temor creciera hasta hacerse patente, más incluso que la depresión.

La cuarta y última teoría, parte de las justificaciones a esta coincidencia estadística se basa en que ambos trastornos comparten el mismo origen. Según esta teoría Ansiedad y Depresión tienen el mismo origen, responden a los mismos desencadenantes y depende de la persona afectada y sus circunstancias, se van reforzando unos u otros factores lo que hace que se desarrolle más uno de los trastornos que el otro aunque, en realidad, en todas las personas ansiosas-depresivas están presentes ambos trastornos, la única diferencia está en qué factores se han hecho más presentes.


Podemos observar que estas teorías cubren todo el abanico de posibilidades: que sea una confusión generalizada (no hay relación), que la ansiedad provoca depresión, que la depresión es la que provoca la ansiedad o que ambos trastornos han estado siempre presentes.

Como indicábamos en la introducción de este punto, las cuatro explicaciones con las que nos encontramos son teorías. Una teoría es una suposición, normalmente fundada en experiencias, estudios, etc., pero no confirmada; en el momento en que alguna de las posibles explicaciones fuera contrastada dejaría de ser teoría, refutaría a las demás teorías y pasaría a ser la explicación real del porqué de la coincidencia de un cierto grado de depresión en las personas que padecen de Trastorno de Ansiedad.

El centro de esta bitácora está en las personas que padecemos de trastorno de ansiedad y que buscamos aprender cómo curar, cómo controlar la Ansiedad (y los ataques de ansiedad). Sabemos que, para los que padecemos trastornos de ansiedad, saber que las personas ansiosas con frecuencia desarrollan procesos depresivos, nos aporta cierta calma en el sentido que tranquilizarnos por no ser extraños, por no poder decir que nuestro caso es el peor, pero no nos acerca a nuestro objetivo.


Nosotros lo que buscamos es aprender cómo controlar la Ansiedad y, para nuestra tranquilidad, lo que sí podemos afirmar es que al conseguir superar el Trastorno de Ansiedad, con esta superación, se producirá también la desaparición de esta depresión por ansiedad.




(1) También existe también la frecuencia inversa, esto es, la que relaciona la cantidad de personas que padecen trastornos por depresión y desarrollan procesos ansiosos. Aunque lo expuesto en este artículo también sea aplicable en ese caso, esa vertiente del problema no es el objeto principal de esta bitácora.
 
(2) Nota a puristas: Somos conocedores de que la estadística, además de medir la coincidencia estadística de las variables es capaz de determinar el grado de correlación entre ellas, pero este es un tema que se aleja del objeto de este artículo.
 



Reglas ante el Ataque de Ansiedad

El Ataque de Ansiedad es una de las expresiones más desagradables de la ansiedad, algo que queremos controlar y para ello debemos tener presente 10 reglas.


Reglas ante un Ataque de Ansiedad 01
En nuestro artículo Qué es un ataque de ansiedad, estuvimos describiendo como un ataque de ansiedad, (también llamado crisis de ansiedad, ataque de pánico o, los más “ilustrados, ”Panic Attack”) es una expresión extrema y puntual de la ansiedad. Una expresión que puede responder a una causa, un detonante, conocido o no.

Para aquellos que tenemos ansiedad y han tenido la suerte de no sufrirlos, la mejor manera de describirlos es imaginar que los síntomas de la ansiedad, el sufrimiento que comporta en todo un día, se manifiestan juntos en un mismo momento. Para aquellos que ya han tenido la desgracia de tener algún ataque de ansiedad, no creemos que sean necesarias descripciones adicionales pues ya saben qué se siente.


Antes de continuar con la enumeración de las reglas ante un ataque de pánico, hay un aspecto que debemos remarcar: un Ataque de Ansiedad es una expresión de la Ansiedad, puntual y exagerada pero, no lo olvidemos – es muy importante –: es Ansiedad.

La Ansiedad es un sistema preventivo de protección y, por tanto, no es algo que vaya a producirnos daño (mala respuesta sería ante un peligro que nuestro propio cuerpo se dañara), por ello, ante un ataque de ansiedad, por extremas que nos parezcan nuestras sensaciones: nuestra vida no corre peligro.


Pese a no ser peligroso, lo que sí es cierto es que resulta sumamente desagradable. Si bien tienen una duración relativamente corta (normalmente 10 minutos de crecida, 30-40 de mantenimiento y algo indeterminado de bajada), este tiempo es corto para disfrutar que unas vacaciones pero inmenso cuando tenemos la sensación de muerte inminente.

Tanto aquellos que, teniendo ansiedad, nunca han tenido un ataque de ansiedad, como aquellos que ya hemos tenido la desgracia de padecer alguno, debemos memorizar e interiorizar estas


10 reglas ante un Ataque de Ansiedad



  1. El Ataque de Ansiedad, es una expresión de nuestro trastorno de Ansiedad, un sistema de protección de nuestro cuerpo que no va a poner en peligro nuestra vida.

  2. Las sensaciones que tenemos, pese a lo desagradables, son una respuesta exagerada a la tensión a la que estamos sometidos y a la mala interpretación de nuestro entorno.

  3. Nuestro cerebro tendrá tendencia a pensar en cosas amenazantes como: qué nos puede ocurrir o dónde podremos ir a parar, permitir que continúe con este tipo de planteamientos es algo que sólo va hacer que el ataque de ansiedad dure más tiempo.

  4. Debemos hacer un esfuerzo por centrar nuestra atención en nuestro cuerpo y en lo que sentimos físicamente para ser conscientes de hasta qué punto nuestro cerebro y aquello que está malinterpretando está afectando a nuestro cuerpo físico.

  5. Luchar contra el ataque de ansiedad no es una buena opción. Pese a que parezca una contradicción (y sea más fácil de decir que de hacer), la mejor actitud es la de aceptarlo sin luchar.

  6. Debemos intentar centrar nuestra atención en cómo influimos en el ataque de ansiedad, en cómo si logramos despistar nuestra mente, el ataque pierde fuerza y cómo sí nos centramos en él y en nuestro temor, este va aumentando. Observemos cómo esto es una realidad para, mientras lo hacemos ver como disminuye (pues nos centramos en otra cosa) y, a partir de ahí, continuar debilitándolo.

  7. Debemos considerarlo como una oportunidad de aprendizaje, pese a que resulta sumamente desagradable, es la oportunidad de poner en práctica lo aprendido para evitarlo y así conseguir que no vuelva a producirse.

  8. Aunque no hayamos corrido la maratón ni ganado un partido de fútbol, el superar un ataque de ansiedad bien merece un premio. Pensemos que vamos a superarlo y que estamos mejorando. Pensemos lo agradable que va a ser cuando estos ataques no vuelvan nunca.

  9. Si en un ataque de ansiedad, sentimos que la vida se nos va, que estamos en peligro de perderla y es algo que tememos, es el momento de pensar en qué queremos hacer con esa vida. Cuando el ataque empiece a remitir, debemos centrarnos en precisamente eso, qué vamos a hacer cuando desaparezca, cómo vamos a disfrutar la vida.

  10. Las prisas no suelen ser buenas consejeras y tras un ataque de ansiedad, las secuelas pueden extenderse durante un buen rato, por tanto: recordemos que no tenemos prisa, que lo peor ha pasado y ahora sólo vamos a mejorar y dejemos que nuestro cuerpo y nuestra mente se tomen el tiempo necesario para recuperar su actividad normal.

Reglas ante un Ataque de Ansiedad 02
Como comentábamos en la introducción a este punto, es conveniente que memoricemos e interioricemos estas reglas antes de que se produzca un ataque de ansiedad, pues cuando llegue ese momento – esperemos que no sea nunca - no estaremos a tiempo de empezar a leerlas, sino de hacerlas presente y ponerlas en práctica.



El trastorno de ansiedad ya es de por sí bastante incapacitante, estigmatizante y doloroso como para poder ignorarlo y suficiente para justificar nuestra voluntad de aprender como curar la ansiedad como para que además venga salpicado de Ataques de Ansiedad, que son una manifestación extrema de nuestro trastorno, que aún nos urge más en nuestra necesidad de aprender cómo controlar los ataques de ansiedad.





Que es un ataque de ansiedad

De repente tu cuerpo y tu mente dejan de responder, te invade una sensación de miedo y piensas que vas a morir: en realidad lo que sufres es un ataque de ansiedad.


Ataque de ansiedad, ataque de pánico, crisis de ansiedad, pannic attac, nombres para indicar una expresión exagerada del trastorno de ansiedad, una manifestación desproporcionada, puntual y extremadamente traumatizante.

Abismo - Henrique Matos - Que es un Ataque de Ansiedad
 Abismo - Henrique Matos
En nuestro artículo Que es la Ansiedad  dijimos que la ansiedad es un proceso defensivo del cuerpo que, ante una situación de peligro, prepara nuestro cuerpo para poder superarlo con mayores garantías de éxito. Un sistema automático, que dispara nuestro cuerpo aún cuando nuestro consciente no ha percibido esta alerta. Un sistema que produce un conjunto de alteraciones en nuestro cuerpo, generando sustancias, acelerando sistemas, parando otros, etc. todo con la finalidad de prepararnos para maximizar nuestras capacidades sensoriales y de respuesta.

Insistimos, la ansiedad es un sistema beneficioso que nos ayuda ante situaciones de peligro, el problema radica cuando ese peligro no existe, cuando tenemos un funcionamiento incorrecto del sistema, cuando padecemos de trastorno de ansiedad. Cuando todos esos cambios no responden a un peligro y, por tanto, no son utilizados para responder a él, no los consumimos y permanecen en nuestro cuerpo generando muchas alteraciones.


El trastorno de ansiedad tiene una manifestación continua, pero puede presentarse de repente en lo que llamamos


Ataque de Ansiedad



Puede ser que se presente ante un claro activador, esto es: una situación, un lugar, un acontecimiento definido y conocido que sea el detonante o puede no responder a nada reconocible, la cuestión es que en un momento dado nos invade un sentimiento de angustia extremo, un sentimiento de desesperación (pérdida de control, necesidad imperiosa de huir, temor a sufrir un infarto, etc.) acompañado normalmente de síntomas físicos (mareos, palpitaciones, sudoraciones, pérdidas de visión, hiperventilación, etc.)

El ataque de ansiedad (ataque de pánico)es un sentimiento que nos invade y crece de manera muy rápida (normalmente crecerá durante los primeros 10 minutos, manteniéndose alrededor de 30-40 minutos, para luego ir desapareciendo, aunque este proceso puede prologarse durante varias horas). Es, en realidad, una manifestación extrema (por su virulencia) del trastorno de ansiedad.

Algunas personas que no padezcan trastorno de ansiedad, podrían pensar al leer la descripción anterior que un ataque de ansiedad es pues sólo una sensación puntual desagradable, un momento de pasar un “mal rato” sin ningún tipo de implicación. Aquellos que padecemos de trastorno de ansiedad podemos llegar a hacernos una idea más completa imaginando nuestra alteración de una semana concentrada en un periodo de pocas horas.

Y, aquellos que padecemos o hemos padecido de ataques de ansiedad, de ataques de pánico, sabemos que ese “mal rato”, aunque pasa, deja una marca y un temor a que vuelva a repetirse que – paradójicamente – es el principal detonante de que vuelva a ocurrir.

El ataque de ansiedad, como cualquiera de las manifestaciones del trastorno de ansiedad, no es peligroso, no está poniendo nuestra vida en peligro aunque, cuando se está padeciendo, es muy difícil de discriminar: tenemos un dolor en el pecho, nuestras pulsaciones se han disparado, tenemos sudores fríos, nuestro cuadro no responde a ningún detonante claro y nuestro cerebro no es capaz de analizar qué nos está ocurriendo de manera fría. En esta situación, cierto es que podría (como de hecho es) tratarse de un ataque de ansiedad aunque también podría ser que realmente estuviéramos padeciendo un ataque al corazón y nuestra vida peligrara.

Conocemos la problemática (como comentamos en la presentación de esta bitácora – Controlar Ataques de Ansiedad – nosotros también sufrimos de trastorno de ansiedad y, por desgracia, de más de un ataque de ansiedad), sabemos el conflicto que se genera en la situación de estar sufriendo un ataque de ansiedad, el conflicto de sentir que nuestra existencia peligra y tener el instinto natural de intentar protegerla ante todo (respuesta instintiva natural) y que nuestro razonamiento esté intentando describirnos que es “sólo una manifestación de la ansiedad” no peligrosa aunque desagradable.

En próximos artículos veremos cómo podemos actuar para controlar ataques de ansiedad, de qué herramientas disponemos para manejar los ataques de pánico desde el primer momento, pero ese no es el objeto de la presente entrada sino el describir qué es un ataque de ansiedad y describir que un ataque de pánico es “simplemente” un síntoma, una expresión exagerada de un trastorno general llamado trastorno de ansiedad.

Ataque de pánico = Una respuesta exagerada ante un peligro inexistente que, tratando de protegernos, provoca un gran desequilibrio en nuestro cuerpo.




Controlar la Ansiedad es curarla

Controlar los ataques de ansiedad es hacer de desaparezcan, pero no ocurre lo mismo con la ansiedad. Podemos aprender a manejar la ansiedad.


El trastorno de ansiedad es una enfermedad que provoca mucho sufrimiento en quien la padece, algo que parece que sólo se llega a comprender cuando tenemos la desgracia de caer en ella.

Controlar Ansiedad es Curar Ansiedad
Puede que antes de padecer de trastorno de ansiedad (o en el caso de que estés buscando información no de ti sino de algún allegado), conocieras a alguno de tu entorno al que le hubieran diagnosticado de trastorno de ansiedad. Es posible que hubieras tenido la oportunidad de que te contara en primera persona aquello que le estaba pasando y, con mucha probabilidad, no alcanzaras a comprender en toda su extensión a qué se estaba refiriendo:

  • Te cuenta que se levanta dolorido y tú piensas que es normal.
  • Te comenta que tiene sensaciones de mareo y tú piensas cuando tuviste que quedarte en la cama por ese ataque de vértigo.
  • Te dice que siente temblores que recorren todo su cuerpo, que le duele el pecho como si fuera a sufrir un ataque al corazón, que siente como si estuviera fuera de su cuerpo y tú piensas… que es un exagerado y si no estará fingiendo para no cumplir con sus obligaciones.


Si eres tú quien lo padece ya eres consciente de que el trastorno de ansiedad es una alteración de origen mental que, pese a su origen, con frecuencia cursa con problemas físicos reales (muy reales): palpitaciones, sensaciones de ahogo, dolores cervicales, mareos, sensaciones de vomito, temblores, etc., aunque también existen personas que no perciben ningún síntoma físico. Sea como fuere lo que sí es común es el gran sufrimiento que produce en quien lo padece.

De igual manera que cuando nos duele la cabeza, los odios o una muela, lo único que buscamos es que ese sufrimiento acabe, al hablar del trastorno de ansiedad, de controlar la ansiedad y los ataques de pánico, lo que estamos buscando es que desaparezcan y no vuelvan nunca.


Combatir Ansiedad NO ES quitar Ansiedad



El problema con el trastorno de ansiedad es que, como vimos en nuestro artículo que es la ansiedad, es una alteración del sistema ansiedad, y este es un sistema beneficioso y presente en todas las personas. La ansiedad es nuestro sistema de defensa, es el que nos informa de que hay un peligro, es el que nos prepara para tener más posibilidades de salir airosos de situaciones en las que peligramos.

Los científicos ya hace tiempo que conocen la manera de deshacer las conexiones cerebrales del miedo y son, por tanto, capaces de crear animales que no temen a nada. Esta misma técnica podría ser trasladada a los humanos para ayudarles con su problema de controlar la ansiedad, con lo que tendríamos que el miedo desaparecería de nuestras vidas.

Como es fácil de entender, nadie va a hacer semejante cosa, por dos razones principales.

  • Al no percibir el miedo no seríamos conscientes de estar en peligro y, con ello, nos expondríamos a este con frecuencia (pues no lo percibiríamos y nos rodea constantemente). Las consecuencias de este estado son rápidas y letales para nosotros.

  • Al no percibir los demás el miedo, no sólo no tendrían esta percepción en sí sino tampoco con los demás, por lo que no solo pondrían su existencia en peligro sino también la nuestra.


En cierta manera el miedo es una forma visible de entender que es la ansiedad, a aquello que percibimos que nos va a ser perjudicial, lo tememos. Este temor es el que hace que procuremos evitarlo y, por tanto, que estemos “a salvo”.

Cuando una persona tiene un trastorno de ansiedad asociado por ejemplo a conducir, lo que pretende cuando busca la manera de controlar la ansiedad es el que el conducir no le provoque ninguna alteración. Seamos realistas, cuando estamos al volante todos tenemos momentos en los que nuestra ansiedad se activa: un coche que se nos cruza, el coche de delante de frena de manera inesperada, un conductor nervioso que no para de tocar el claxon, etc. Cuando nuestra ansiedad esta asociada al hecho de conducir, con controlar la ansiedad lo que buscamos es que no haya ningún momento en el que se dispare la ansiedad, algo que – como hemos visto – sería tan anormal como la situación actual en la que se nos dispara antes de subir al coche.

Pensemos, además, que el sufrimiento de la ansiedad nos convierte en personas hiper-vigilantes, que están constantemente escuchándose para ver los síntomas y en esta misma actitud de escucharnos constantemente es donde estamos introduciendo ansiedad que impide superar nuestro trastorno.

Cuando hablamos de controlar la ansiedad, de controlar los ataques de ansiedad, no estamos hablando de hacer que la ansiedad desaparezca de nuestra vida sino de hacer que vuelva a comportarse de la misma manera que lo hacía anteriormente.




Controlar Ansiedad: lo imprescindible eres tú

La ansiedad produce mucho sufrimiento y por ello buscamos cualquier remedio que pueda curarla. Convenientemente, olvidamos lo más importante: nosotros.


Si eres tú quien padece de esta enfermedad, sabes que trastorno de ansiedad genera mucho sufrimiento y, por tanto, aquellos que lo padecemos buscamos desesperadamente una cura, una manera de controlar los ataques de ansiedad, la ansiedad en sí.

Controlar Ansiedad - Imprescintible Tu
Queremos que el trastorno de ansiedad desaparezca y queremos que lo haga de la misma manera que vino: de una manera rápida, inesperada y sin ninguna intervención por nuestra parte.

Vivimos en una sociedad avanzada donde la medicina, afortunadamente, ha hecho grandes avances y tiene solución para muchos de nuestros problemas de salud. En esta situación nos hemos convertido en personas cómodas, acostumbradas a: tener un problema de salud, acudir a nuestro médico quien nos prescribirá una medicación que solucionará nuestro problema. Así, cuando tenemos un resfriado, acudimos al doctor quien nos manda unas pastillas que nos tomamos las veces y en la frecuencia que nos informa y, resolvemos el problema.

En ocasiones, la cosa ya no es tan cómoda. Por ejemplo: cuando tenemos una lumbalgia, además de tomarnos la medicación, permanecer en reposo unos días y, algo adicional, en este caso debemos modificar nuestros hábitos de vida (aunque sea durante el periodo inicial de reposo), para acabar de dificultar la cosa, nuestro especialista nos explicará que está demostrado por la experiencia que, aquellas personas que –a pesar del dolor – se activan antes, tienen una recuperación más temprana y satisfactoria: para recuperarnos tenemos que poner de nuestra parte y – aguantando el dolor – activarnos lo antes posible.

En un caso o en el otro existen una pautas que van ha conducirnos a la solución del problema. Puesto que nuestro problema actual es el de la Ansiedad, acudimos al médico o buscamos la ayuda de cualquier otro tipo que nos permita resolver el problema “como siempre”.

Nuestro médico nos atenderá personalmente o nos derivará a un especialista psiquiátrico. En ambos casos la solución al nuestro problema por parte de estos especialistas de la medicina occidental es el recurso a las pastillas. Como veremos en un artículo posterior, las pastillas no son la solución, pueden resultar un alivio temprano pero nunca una solución a nuestro problema de controlar la ansiedad y sus ataques y, para empeorar las cosas, este “alivio” temprano va a pasarnos una cara factura después.

Puede que aún sigamos buscando una respuesta rápida y esto nos introducirá en el mundo de las medicinas “alternativas”. No estamos criticándolas desde esta bitácora: Existen denominadas medicinas alternativas como la acupuntura, la digitopuntura, las flores de bach, el yoga, la curación naturista, etc. que tienen demostrada su eficacia desde antes de que la medicina occidental despuntara por sus rápidos resultados. El problema es que, en esta búsqueda desesperada, dejemos de ser selectivos y nos pongamos en manos de pseudo-sanadores que, no sólo no mejoren nuestro problema, sino que nos empeoren y mucho.

En este artículo nos vamos a centrar en un punto que tienen en común todas las soluciones anteriores y que es el hecho de que buscamos que algo externo a nosotros sea quien produzca la sanación. Querernos que nos curen, no buscamos cómo curar la ansiedad.

El título de esta bitácora “controlar ataques de ansiedad” lleva implícito un hecho y es que en nuestro objetivo de aprender cómo controlar la ansiedad, cómo manejar la ansiedad vamos a ser necesarios, realmente será lo único indispensable.

La pregunta ahora será ¿porqué para


Controlar la Ansiedad lo imprescindible eres tú?



Como vimos en nuestro artículo Que es la Ansiedad, el trastorno de ansiedad es una alteración de un sistema preventivo-defensivo presente en todos los humanos. Una alteración que hace que este sistema se dispare cuando no existe peligro objetivo, que se dispare con una intensidad desmedida y que no sepa cuando debe parar.

El sistema Ansiedad está anclado en nuestro cerebro, para ser efectivo es un sistema que actúa de manera automática, esto es: no espera a que nuestro cerebro consciente interpreta razonadamente las señales -esto lo haría lento y, por tanto, inútil-, cuando percibe señales de peligro se activa todo el sistema antes de que seamos conscientes ni de que el problema existe. Como han demostrado estudios recientes, es un sistema que aprende, esto es, se adapta y aprende a interpretar nuevas señales como peligros.

En nuestro caso, cuando padecemos de ataques de ansiedad, el sistema ha aprendido a protegernos de peligros que no vemos de manera consciente. Hemos desarrollado un sistema de protección para cosas que nos parecen peligrosas, aunque para el resto de personas no lo sean. Los mismos estudios a los que nos referíamos antes demuestran que el sistema ansiedad también es extremadamente preventivo: si un ruido fuerte es indicio de un peligro inminente y este sonido se produce varias veces con distinta intensidad, el sistema se vuelve preventivo y se dispara ante el menor susurro.

Nuestro objetivo de aprender a controlar la ansiedad, a manejar los ataques de ansiedad, pasará por un proceso de reeducación de este sistema. Es como un piloto de alarma de incendios que ha perdido la configuración y tenemos que volver a introducirle los valores a partir de los cuales se considera que hay incendio y cuando sólo es una subida de temperatura debida al calor del verano.


Y, en este proceso hacemos falta nosotros. Los demás podrán acompañarnos (algo que casi siempre se agradece), podrán reconfortarnos (saber que contamos con apoyos suele ser muy útil para no hundirnos en el camino) y guiarnos (saber reconocer que no lo sabemos todo y aprovechar el conocimiento de otros que ya conocen el camino es de gran ayuda para avanzar más rápido y sin tropiezos), pero al final somos nosotros quienes debemos hacer el camino.

De la misma manera que una persona que tiene miedo a viajar en avión tiene dos formas básicas de afrontar este miedo: La primera de una manera paulatina, con un proceso de aproximación primero mental y luego real y una segunda mucho más brusca que es subiendo al avión y no bajándose hasta haber perdido el miedo, de la misma manera que estas dos técnicas pueden resultar beneficiosas para uno y muy perjudiciales para otros, de esa misma manera ocurre con el control de los ataques de ansiedad.

Debemos encontrar cual es nuestra manera de afrontar el problema, cual es el camino que nos permite cumplir nuestro objetivo de dejar en el olvido los ataques de ansiedad y reconducir la ansiedad a aquello que debe ser, de una manera que nos permita avanzar sin tropezar.





Que es Ansiedad

Queremos controlar la ansiedad, los ataques de ansiedad, en definitiva: curar la ansiedad, para ello primero debemos saber qué es la ansiedad.


Que es Ansiedad
En un caso típico, tras un periodo en el que no te encontrabas muy bien físicamente, en el que estabas algo más excitado de lo habitual (puede que tampoco en exceso), has ido notando como esos problemas aumentaban hasta el punto de convertirse en problemas incapacitantes, esto es: el problema ha aumentado y te impide continuar con tu vida normal.

Acudes a tu medico con la convicción de que tienes alguna enfermedad (grave, algo incurable y fatal) y descubres un diagnóstico inesperado: tu problema es mental. Tienes un problema de ansiedad, un trastorno en tu mente es el causante de todos tus problemas.

Este diagnóstico puede tener distintos nombres, puedes sufrir
  • Trastorno de ansiedad generalizada.
  • Ataques de pánico.
  • Agorafobia.
  • Angustia.
  • Fobia social.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo.
  • Estrés agudo.
  • Estrés post-traumático.
  • ...

Todos estos nombres tienen un elemento común: son un trastorno de ansiedad.

Antiguamente los problemas mentales no eran considerados como enfermedades, con el tiempo se apercibieron del peso real de estos trastornos en la salud y comenzaron a considerarlos. Dado que no se conocía gran cosa sobre ellos, se englobaban con la denominación genérica de Neurosis. Con la llegada de Freud, estos trastornos fueron clasificados en grupos más concretos para especializar el estudio y tratamiento para su cura, una especialización que se ha ido ampliando hasta el momento actual.

En un proceso inverso, podemos volver atrás en las especializaciones realizadas y considerar el problema de ansiedad en su esencia, podemos – a la hora de definir la ansiedad - describir todos estos trastornos por su origen común.


Qué es la ansiedad realmente



Hablar de ansiedad es hablar de los orígenes del ser humano como especie. En los primeros tiempos de los humanos, cuando tenían que competir contra un entorno hostil con la poca aptitud física de la que estaban (estamos) dotados, tuvieron que desarrollar algún sistema que les permitiera superar estas adversidades.

El cerebro desarrolló una capacidad para que, al percibir determinadas señales, previera que nos acechaba un peligro y disparara el sistema de alerta. Un sistema que incluye la generación de determinadas sustancias, la activación de determinados sistemas y que dejen de funcionar otros, un sistema automático que prepara nuestro cuerpo para contar con las mayores garantías de superar este peligro con éxito (bien sea huyendo o luchando).

Este sistema es, por tanto, muy beneficioso y permitió que la especie sobreviviera hasta la época actual. A este sistema es al que llamamos Ansiedad.



Actualmente, los humanos ya no solemos tener que enfrentarnos a esos primeros peligros. En nuestras vidas ya no suele existir el peligro inminente de perder la vida a manos de un depredador o caernos por un precipicio. Los peligros han cambiado pero el sistema ansiedad sigue activo, previendo los nuevos peligros.

Para aquellos que no padecen ansiedad, probablemente la manera más inmediata de saber a qué nos estamos refiriendo sería recordar el estado de excitación descontrolada antes de entrar a realizar una entrevista de trabajo o en la sala de espera de maternidad cuando iba a nacer nuestro primer hijo. Ese nerviosismo incontrolado y que pone en tensión cada músculo de nuestro cuerpo, que hace que dejemos de salivar, que incrementa nuestro ritmo cardiaco, etc., eso es la ansiedad (en estos casos, próximo a un ataque de ansiedad).

En realidad no existía ningún peligro para nuestra integridad. El peligro que percibíamos era el del estar haciendo algo de lo que dependía nuestro futuro (remarcar el tema del futuro pues – como veremos en otros artículos – es esencial en el entendimiento y control de la ansiedad).

De lo anterior podemos concluir dos cosas:
  • La ansiedad es un sistema preventivo beneficioso.
  • La ansiedad está presente en todos los humanos.

Así pues, si es beneficioso y está en todos, ¿cómo nuestro problema es el de tener ansiedad?. La cuestión es meramente de economía de expresión, cuando nos dictaminan que padecemos de ansiedad, en realidad lo que nos han dictaminado es que padecemos de trastorno de ansiedad.

El trastorno de ansiedad, como su nombre indica, es una alteración, un mal-funcionamiento del sistema ansiedad. Una alteración que hace que ante determinadas señales nuestro cerebro perciba de manera equivocada el peligro y dispare el sistema de alerta. La frecuencia de este error de percepción y el nivel de amenaza de la que informe hará que nuestra ansiedad responda a acontecimientos precisos, acotados, definidos o sea general y que la respuesta sea más o menos persistente y más o menos pronunciada.



Como veremos en próximos artículos, la ansiedad es un trastorno que tiene asociados muchos y muy distintos síntomas. Este es el hecho principal de que muchas personas que padecemos de trastorno de ansiedad seamos inicialmente reticentes al diagnóstico.

Acudimos la médico sin sentirnos especialmente nerviosos o alterados, tenemos un problema físico: sensaciones de desmayo, dolores en la zona cervical, problemas gástricos, sensaciones de hormigueo, palpitaciones, etc., sensaciones muy expresas y reales manifestadas en momentos de una manera exagerada (veremos que esto son las llamadas crisis de ansiedad, ataques de ansiedad o ataques de pánico). Como insistimos al especialista, tenemos problemas físicos reales, muy reales y, por tanto, nuestro problema no puede ser de origen mental.

Aunque nos sentimos diferentes en realidad somos iguales y, aunque pensamos que el nuestro es un caso especial, en realidad es igual al de las demás personas que padecen de ansiedad: el problema de la ansiedad se puede estar manifestando de una manera física muy palpable y real, pero su origen no es físico sino mental.

Somos muy conscientes de la dificultad que tiene asumir que el nuestro pueda ser un problema mental que se está manifestando de una manera tan física. Entendemos la tendencia natural a considerar que el nuestro es un caso singular, distinto y de diagnóstico equivocado, Somos conscientes de la valoración social de este tipo de problemas y del hecho de romper el esquema básico de alteración física como respuesta a problema físico, pero: El primer paso en controlar ataques de ansiedad será aprender qué es la ansiedad y asumir que ese es el problema contra el que vamos a tener que trabajar.