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Porque tengo ansiedad

Tenemos ansiedad, hemos sufrido algún ataque de ansiedad y, la pregunta ahora es: ¿por qué tengo ansiedad yo y otros no?


Porque Tengo Ansiedad 02
El origen de los problemas del ánimo (ansiedad, estrés y depresión) todavía no está definido, existen distintas teorías de por qué se produce, teorías de van desde aquellas que defienden que se trata de alteraciones físicas o químicas de nuestro cerebro (fundamentalmente de la zona llamada amígdala) a teorías que defienden que todos los trastornos del ánimo son el mismo trastorno y que la diferencia radica en cómo o qué sintomatología muestra el paciente como más relevante.

Sea cual sea el origen, nuestro problema y el fundamento de esta bitácora (Controlar Ataque de Ansiedad) es aprender cómo controlar la ansiedad y el ataque de ansiedad y, en este objetivo, la teoría que está resultando más útil y efectiva, es la teoría cognitiva-conductual.

Simplificando diremos que, según esta teoría, el proceso por el que nosotros percibimos las cosas es:

   Situación --> Pensamiento --> Sentimiento --> Acción   

  • La situación es aquello que nos ocurre, en principio es algo objetivo distante a nosotros.
  • Ante la situación nosotros pensamos aquello que ha ocurrido, en esta punto añadimos a aquello de lo que nos informan nuestro sentidos nuestras experiencias propias y nuestra “manera de ser”.
  • Del pensamiento, de cómo razonemos la situación (que era algo objetivo, ajeno a nosotros), se construirán nuestros sentimientos: qué sentimos de aquello que ha ocurrido.
  • Son los sentimientos los que determinarán cómo actuamos en respuesta.



De este proceso se desprende que la diferencia entre cómo nos afectan las cosas depende de cómo pensemos las cosas.


Porque Tengo Ansiedad 01
Ante un mismo problema objetivo dos personas no lo piensan igual y, por tanto, las emociones que les generan son distintas. Ejemplo: Dos personas con edades y situación familiar parecidas son despedidos de una empresa; a la primera de ellas esta noticia le llena de preocupación: ¿Qué pensará mi familia?, ¿Cómo voy a ajustar el presupuesto?, ¿Volveré a encontrar trabajo?, ¿Cuándo?, etc.; la segunda persona tras el primer impacto decide afrontarla con optimismo: Voy a tener unos días para aprovechar con la familia, seguro que mi familia me arropa, es sólo un parón momentáneo que superaré enseguida consiguiendo un trabajo mejor, etc. Ambas personas han pensado el mismo hecho objetivo de distinta manera y los sentimientos que se les han generado son distintos, por lo que las acciones, la forma de actuar serán también distintas.

Suponemos que ante el ejemplo anterior puedes estar pensando que el primer caso corresponde a una persona realista, consciente de sus responsabilidades y que, como tal, no puede negar la existencia de un problema tan serio y la segunda persona es un idealista irresponsable, un inconsciente que no reconoce la complejidad de la situación en la que acaba de entrar. Suponemos que es así porque es precisamente ahí donde está el origen de tu problema de ansiedad (y del nuestro).


Pensamientos erróneos en la Ansiedad



En realidad ninguno de los dos pensamientos está equivocado, ni el primero responde a una persona responsable ni el segundo a un irresponsable. Sabemos que sientes que esto te aporta poco pues tu manera de pensar es la que es y, aun en el improbable caso, que consiguiéramos demostrarte que tu razonamiento no es el correcto o, por lo menos, hacerte tener alguna duda razonable, aun así consideras que, ante la misma situación, la pensarías igual.

La teoría cognitivo-conductual ha demostrado que el cerebro humano es un ente plástico, un órgano que puede ser moldeado y, por lo tanto, nuestra manera de pensar puede cambiarse (sí, aunque tú seas reticente), un cambio que es nuestra vía para controlar ataque de ansiedad y la ansiedad en sí.

Veamos brevemente cuales son esos pensamientos erróneos que nos generan ansiedad:

Generalización excesiva.

Trasladar un acontecimiento concreto a la totalidad.

Que el jefe te mira mal, es que vas a perder tu empleo (o que le duele la muela); que la pareja de deja, vas a ser una solterona toda tu vida (o vas a encontrar a tu auténtica media naranja), etc.


Abstracción Selectiva o filtro mental.

Ante un hecho concreto quedarnos sólo con aquellas partes que corroboran lo que tememos y “despreciar” las que se contradicen.

Estas impartiendo una clase y un alumno mira a la puerta: no estás impartiendo bien la clase, estás siendo monótono, no estás sabiendo despertar el interés de los alumnos, no te va a volver a llamar para impartir clases, aunque, en realidad: te han llamado porque ya conocían tu trabajo y saben que eres bueno en él y el tema sobre el que tratas les parece muy interesante a quienes te han contratado.


Autoinculpación o personalización.

Atribuirnos la culpa de algo aunque en realidad no dependa totalmente de nosotros

Han suspendido muchos alumnos; soy un mal profesor (o es un mal grupo).
Reparé el coche y se ha vuelto a estropear; soy un mal mecánico (o el conductor es un manazas).
Si yo hubiera estado con él, mi hijo no hubiera tenido el accidente (probablemente lo hubierais tenido los dos).



Etiquetas.

En el mundo en que vivimos, cuando algo es etiquetado, automáticamente pasa a estar en una clasificación de la que es muy difícil salir. Cuando ocurre algo que interpretamos como malo, automáticamente nos atribuimos una etiqueta extrema e injusta.

Ante un error con tu pareja eres un idiota.
Ante un reproche soy un inútil, incompetente.
Y, lo peor, nunca voy a dejar de serlo.
La realidad es que nadie es perfecto y todos cometemos errores y no por ello somos los peores, ni los más idiotas, ni…. En este punto es importante destacar que no es buena idea ponernos etiquetas a nosotros, pero tampoco a los demás.


Razonamiento emocional.

Tomar nuestras sensaciones como prueba de verdad.

Me siento un inútil; soy un inútil.
Me siento mal; luego algo va mal.
Me siento como un fracasado; por eso soy un fracasado.
Estamos tomando la sensación como una realidad, cuando es sólo nuestra interpretación (sesgada y convenientemente adornada) de la realidad.


Nos hemos dejado para el final el principal problema de los ansiosos, el llamado:

Pensamiento dicotómico o pensamiento todo o nada.

Cuando algo acontece la mayoría de gente tiene en su cerebro una serie de cajones, unos cajones que les permiten almacenar las cosas en función de si son muy malas, bastante malas, malas, poco malas, indiferentes, algo buenas, buenas, bastante buenas o muy buenas. Las personas ansiosas sólo disponemos de los dos cajones extremos y, por tanto, cualquier cosa es clasificada automáticamente en muy buena o muy mala.

Porque Tengo Ansiedad 03
Esta manera de pensar es sencillamente errónea. La vida real no puede ser clasificada sólo en estos dos cajones, la vida real no es en blanco y negro, tiene una amplia paleta de grises. En el supuesto del que partíamos al principio de las dos personas que son despedidas, el hecho objetivo del despido no es en sí ni muy malo ni muy bueno. Por supuesto es malo en la medida de que corta nuestra fuente de ingresos y trastoca nuestro umbral de confort, pero también es buena en la medida que nos permite apreciar aquello que tenemos, aquello que va a seguir aun cuando perdamos el trabajo, y nos empuja a descubrir nuevas experiencias (recordemos el dicho: el que no arriesga, no gana).

Por tanto no podemos clasificar todo como muy malo o muy bueno, debemos aprender a crear cajones intermedios y clasificar las cosas en escala de grises.


Tendremos que aprender a reconocer estos y otros errores de pensamiento que son el origen de nuestra ansiedad. Aprender a reconocerlos y, lo más importante, aprender cómo evitarlos pues es la manera en la que vamos a aprender cómo controlar la ansiedad y como evitar el ataque de ansiedad.


Por el momento vamos a exponer una técnica que va a permitirnos cortar de manera rápida con los pensamientos que nos producen malestar.


Cortar con los malos pensamientos Ansiosos


Cuando estemos en una situación en la que veamos que nos invaden pensamientos negativos que incrementan nuestro malestar dirigiremos nuestra mirada arriba y a la izquierda. Veremos como la sensación mejora rápidamente.

Para quienes buscan una respuesta lógica a esta acción, la cuestión es que nuestro cerebro está dividido en dos mitades siendo el lóbulo izquierdo el responsable de nuestro razonamiento real, analítico y el lóbulo derecho el soñador y artístico. Al mirar hacia el lado izquierdo estamos forzando a utilizar esta parte del cerebro y bloqueamos los pensamientos negativos “irracionales”.




Ansiedad Miedos y Fobias

La ansiedad se dispara ante algún peligro, a los ansiosos sin peligro aparente. ¿Quiere esto decir que los ansiosos somos miedosos?


El espectro de los llamados trastornos del ánimo, aquellas dolencias psicológicas que no responden a una alteración contrastada médicamente de nuestro cerebro (como pueda ser la esquizofrenia), son alteraciones que tienen mala consideración social, sobre todo porque su existencia no puede ser demostrada de la misma manera que el resto de dolencias; cuando tenemos un brazo roto o padecemos paperas, es difícil que alguien te lo cuestione.

Ansiedad Miedos y Fobias
by epSos.de
En el caso de los trastornos del ánimo (depresión, ansiedad y estrés) quien los padece sabe de su sufrimiento, pero este no puede ser demostrado con una prueba clínica, lo cual da pie al engaño y el que la gente que nos rodea pueda pensar que no es realmente nada grave lo que nos ocurre sino que, simplemente: o estamos fingiendo o somos personas débiles que no sabemos afrontar los problemas con los que todos tenemos que lidiar a diario.

En el caso de las personas que padecemos trastorno de ansiedad: sabemos que la ansiedad es un sistema preventivo que nos prepara ante los peligros, sabemos que las personas ansiosas tenemos un mal funcionamiento de este sistema y se nos está activando ante peligros que en realidad no existen.

Si pensamos que el miedo es una emoción que surge cuando interpretamos una situación como peligrosa, que tiene como objetivo alertarnos y obligarnos a actuar para evitarlo, huyendo, luchando o pidiendo ayuda, y que esto es lo que ocurre cuando se dispara el sistema ansiedad, la conclusión es rápida: los ansiosos somos miedosos, somos gente que tenemos miedo a cosas a los que los demás no suelen temer: espacios abiertos, espacios cerrados, muchedumbres, soledad, viajar en avión, etc.

Cuando ese miedo es algo muy intenso y responde a cosas a las que la gente no suele temer porque tienen muy poca probabilidad de ocurrir (que se estrelle un avión) o simplemente no son amenazas reales (las cucarachas), en este caso estamos hablando de fobias. Las fobias por su intensidad extrema de respuesta al peligro serían las desencadenantes del ataque de ansiedad.

Con este panorama es normal que cuando te diagnostican que tienes ansiedad, que padeces de trastorno de ansiedad, que no te estas muriendo sino que tienes un ataque de ansiedad, lo normal es que tu primera reacción sea la negación: lo que a mí me ocurre no es ansiedad, yo no soy una persona débil ni un miedoso, mi problema responde a otra causa, es un error de diagnóstico.

Podemos seguir consultando a distintos especialistas y obteniendo una y otra vez el mismo diagnóstico. Antes de seguir insistiendo en que se trata de errores de diagnóstico deberemos aceptarlo lo antes posible y concentrar nuestros esfuerzos en aprender a controlar la ansiedad y controlar el ataque de ansiedad y, respecto a la opinión popular, preguntarnos:


Los Ansiosos somos miedosos



¿Has observado como con frecuencia las personas mayores tienen más reparos en conducir de noche que las personas jóvenes? Algunas personas, en especial las jóvenes, te dirán que esto responde a que con los años nos hacemos más miedosos. La pregunta ahora sería si estas personas mayores son más miedosos o más responsables: Al conducir, estamos desplazando 1 tonelada a 120Km, esto deja bajo nuestras manos una gran cantidad de energía. Las personas jóvenes no suelen ser conscientes de la responsabilidad que esto supone, por el contrario, las personas mayores sí suelen ser conscientes de ello y de que sus reflejos ya nos son los de antaño, por tanto ¿Son más miedosos o más responsables?

El miedo tiene una función adaptativa, la de informarnos de los peligros.

En principio todos nacemos sin miedos o con miedos muy básicos (no está demostrado pero es posible que todos nazcamos con miedos innatos a cosas como a no tener cubiertas nuestras necesidades básicas, los ruidos fuertes inesperados o los golpes) y nuestra experiencia personal, es la que hace que los desarrollemos por un proceso de aprendizaje: estimulo – desenlace. De esta manera cuando recibimos determinados mensajes, anticipamos determinadas consecuencias.

Ansiedad Miedos y Fobias 02
Por desgracia, proceso de asociación no siempre está muy definido, no siempre está claro qué es lo que provocó que ante determinados estímulos asociemos determinadas respuestas. Ello es debido principalmente a que: todos tenemos días malos, días en los que estamos especialmente abatidos, tristes, cansados, etc. días en los que asociaremos estímulo–consecuencia de manera errónea y que, generalmente, nos gusta muy poco la incertidumbre y tenemos una tendencia natural a asociar aquello que no podemos controlar con malas consecuencias.

Además, está demostrado que los miedos tienen a generalizarse y a extenderse a estímulos similares. Aunque algunas personas tienen más facilidad que otras para diferenciar, con frecuencia tendemos a ser generalistas y extender lo que fue un aprendizaje estímulo-consecuencia concreto a estímulos similares, previendo consecuencias que pueden ser equivocadas, pero que aceptamos como ciertas (y malas).


Siguiendo este razonamiento no siempre es fácil saber qué proceso mental es el que se ha desarrollado en nuestra mente para que ante determinados estímulos responda con una percepción de peligro y dispare el sistema ansiedad. Puesto que desconocemos estos mecanismos, sólo percibimos los síntomas de la ansiedad y no sabemos por qué se están produciendo, lo que nos lleva al equívoco de pensar que no responden a la ansiedad sino a otras causas.

En realidad no tenemos miedo, no tenemos un temor consciente a algo concreto sino una (o varias) malas asociaciones estímulo-consecuencia, que hacen que se dispare la ansiedad sin que – normalmente – sepamos a qué es debido. En el caso de las personas con una ansiedad concreta, las que padecen agorafobia, fobia a volar, fobias específicas, etc. sí son conocedoras del detonante, pero no del proceso asociativo que las ha conducido a esta ansiedad.

Para comenzar a desenredar esta madeja primero debemos comprender que el temor a algo responde a dos cuestiones:
  • El peligro objetivo en sí: No es lo mismo ir paseando por una calle y al girar la esquina toparnos de cara con un gatito o hacerlo con un tigre. Aunque en ambos casos nos hemos cruzado con un felino y un gato que se siente acorralado puede ser muy peligroso, objetivamente es mucho más peligroso encontrarnos con un tigre.
  • Las herramientas, capacidades, medios en definitiva los recursos que tengamos para afrontar esta situación


Ante nuestra ansiedad el primer paso será conocer cuáles son los detonantes reales de nuestro trastorno y aprender a valorarlos en su justa medida. Por ejemplo: si tenemos miedo a volar, no podemos buscar la solución a nuestro problema en una garantía al 100% de que el avión no se estrellará o en transformarnos en lo que le ocurre a la mayoría de gente y es que ni tan solo piensa conscientemente en este peligro; aunque minúscula, la opción de estrellarse existe y superar nuestro miedo pasará por asumirlo igual que asumimos tantos otros peligros, esta vez de forma consciente.

El segundo factor del miedo, los recursos que tengamos para afrontarlos; es la herramienta que nos va a permitir controlar nuestra ansiedad. Aun no conociendo el origen de la misma, aún sin saber qué asociación estímulo-consecuencia fue el detonante de nuestro trastorno de ansiedad, de nuestro ataque de ansiedad, es posible recuperar o desarrollar los recursos que nos permitan afrontar esta consecuencia con garantías y, por tanto, que nuestro sistema ansiedad no se active ante los estímulos pues no apreciaremos peligro en su consecuencia.

Volviendo al caso de las personas adultas y su reticencia a conducir de noche, podemos hablar de los niños pequeños que tienen miedo a la oscuridad. Este temor, habitualmente, se supera con el tiempo cuando el niño razona lo improbable de su miedo (nadie puede asegurar al 100% que la oscuridad no esté “escondiendo” ningún monstruo o malvado) y cuando el niño se desarrolla y adquiere mayor confianza en sus capacidades para solventar ese improbable acontecimiento.




Taquicardias y Palpitaciones por Ansiedad

La taquicardia, la sensación de estar sufriendo un ataque al corazón es frecuente entre los ansiosos. Analicemos por qué y qué podemos hacer.


Taquicardia por Ansiedad
A muchas personas que no saben de qué estamos hablando puede parecerles que las personas que padecemos de trastorno de ansiedad somos personas hipocondriacas (que estamos constantemente pendientes de nuestra salud), eso es porque no saben que - pese a que el nuestro es un trastorno de origen mental - la manera en que se muestran los síntomas es física y muy real, tan real como si respondiera a una alteración física.

En este caso vamos a centrarnos en uno de los síntomas físicos que más suelen preocupar a las personas que padecemos de trastorno de ansiedad: las Taquicardias y Palpitaciones.

Cuando padeces ansiedad, es habitual que en uno u otro momento (en especial cuando estamos ante un ataque de ansiedad), sintamos taquicardias y palpitaciones: nuestro corazón comienza a latir con mucha más fuerza y cada vez más rápido y a esto puede ir unido el que sintamos que nos comienza a doler el brazo izquierdo y que nos duela el pecho. Cualquier persona medio instruida sabe que esto son síntomas claros de un ataque al corazón, por lo que es normal que nos invada la preocupación de estar sufriéndolo y temamos por nuestra vida.

La realidad es que - afortunadamente - no estamos sufriendo ningún ataque al corazón, es sólo otro de los síntomas de la ansiedad; algo desagradable pero inofensivo.

La pregunta que nos haremos ahora es:


¿Por qué la Ansiedad produce 

Taquicardias y Palpitaciones?



Para entender por qué las personas ansiosas tenemos tendencia a sufrir taquicardias, debemos primero entender como funciona el sistema Ansiedad:

La Ansiedad es el sistema que tiene nuestro cuerpo de prepararnos para tener mayores posibilidades de salir airosos de una situación de peligro. Cuando sentimos que estamos en peligro, nuestro cuerpo responde poniendo en marcha el sistema Ansiedad, el cual será el encargado de producir una serie de cambios químicos y físicos para prepararnos para luchar o huir ante esta amenaza.

A grandes rasgos, al activarse la ansiedad, esta manda órdenes a nuestras glándulas suprarrenales (unas glándulas que tenemos encima de los riñones) para que comiencen a producir grandes cantidades de adrenalina. La adrenalina es una hormona que en nuestro torrente sanguíneo va a producir que se activen nuestros sistemas. Nuestros músculos necesitan más fuerza y para ello necesitan más alimentos y por ello comenzamos a respirar con mayor fuerza, pero estos alimentos deben ser distribuidos rápidamente por nuestro cuerpo y ello implica que nuestro corazón debe comenzar a latir con mayor fuerza y a mayor ritmo.

Las personas ansiosas, las que padecemos de trastorno de Ansiedad, aquellos a las que nuestro sistema Ansiedad no nos funciona de manera adecuada, nuestro trastorno nos provoca que el sistema ansiedad se ponga en funcionamiento cuando aparentemente debiera hacerlo. Se dispara la ansiedad, no sabemos que lo ha hecho y nosotros lo que percibimos es que, sin causa aparente, se nos ha acelerado el pulso y nuestro corazón late con mucha más fuerza. Tenemos Taquicardia física real, aunque no responde a que nos esté dando ningún ataque al corazón, “es sólo” un síntoma de nuestra ansiedad.


Ahora ya sabes el porqué científico de las taquicardias y palpitaciones por ansiedad. Aun así, es probable que esta explicación se te quede corta pues no descarta el que realmente estés sufriendo un ataque al corazón y, probablemente, el hecho de que tengas diagnosticado que padeces de trastorno de ansiedad y te hayamos informado de que es un síntoma habitual de los ansiosos, no te tranquilices y necesites el diagnóstico de un profesional que te corrobore este extremo. Si este es tu caso, pese a que te recomendamos que se lo comentes al especialista y que este te realice las pruebas oportunas para descartar que tengas problemas del corazón, te interesa el siguiente apartado.


Qué hacer ante una taquicardia por Ansiedad



Aunque ya sabemos que el trastorno de ansiedad y en concreto los ataques de ansiedad tienen como síntoma frecuente la taquicardia y conocemos a qué responden físicamente, necesitamos saber qué hacer ante estas palpitaciones, como controlar la taquicardia por ansiedad.

Las taquicardias por ansiedad no desaparecerán completamente hasta que aprendamos como controlar la ansiedad el ataque de ansiedad, pero antes podemos reducirlas de manera muy considerable siguiendo estos sencillos pasos:

  1. Obsérvate y recuerda que estabas pensando o haciendo. Lo más seguro es que descubras que hay algo que te intranquiliza; pensamientos negativos, situaciones incómodas, te sientes atacado o simplemente acabas de ver una película u oír una canción muy intensa. Graba este posible detonante para un análisis cuando estés tranquilo y deja de pensar en ello.

  2. Dite a ti mismo que, pese a lo real que se está mostrando, tu sabes que es un síntoma de la ansiedad, que no estas padeciendo ningún ataque al corazón.

  3. Demuéstrate que realmente no estas sufriendo ningún ataque al corazón.
    Para ello debes centrarte en tu respiración, en mantener una respiración profunda y rítmica. Una respiración en la que debes ser consciente de que estas respirando, fijando tu atención en como entra y sale el aire, una respiración en la que oxigenemos nuestro cuerpo sin llegar a hiperventilarnos.
    Cuando hayamos alcanzado el ritmo de respiración debemos centrar nuestra mente en otra cosa, distraer nuestra atención de nuestro corazón. Recordar una película que hayamos visto y nos resulte agradable, preparar una conversación que debes mantener, repasar las tablas de multiplicar, etc. Ocupar la mente en algo distinto y no prestar atención a cómo late nuestro corazón. (Si estás acompañado, no te aísles y busca la conversación con la persona que te acompaña, invítala a tomar algo, descéntrate).

  4. Sin que apenas te des cuenta, tu ritmo cardiaco volverá a la normalidad, tu corazón recuperará la calma, con lo que tendrás dos puntos muy importantes:

    • No padeces de ningún ataque al corazón, pues este no se habría parado.

    • Sabes que, ante un nuevo episodio de taquicardias por ansiedad, tienes herramientas para recuperarte de manera rápida.



La ansiedad, pese a ser una alteración mental, produce muchos síntomas físicos. Síntomas muy reales y uno de los más preocupantes y frecuentes es el de las Taquicardias y Palpitaciones por ansiedad. Descartado el que realmente tengamos un problema de corazón, podemos y debemos aprender que somos capaces de controlarla de una manera fácil que, cuanto mayor control tengamos sobre ella, será además más rápida.







Ansiedad y Depresion

Depresión por Ansiedad, Ansiedad por Depresión. ¿Qué relación existe entre ambos trastornos? Lo analizamos.


Ansiedad y Depresion
Hablar de Depresión y hablar de Ansiedad, es hablar de dos trastornos distintos. Si tomamos como referencia la definición que encontramos en la RAE:

Depresión: “Síndrome caracterizado por una tristeza profunda y por la inhibición de las funciones psíquicas, a veces con trastornos neurovegetativos”. (Intentando aclarar algo más: los signos neurovegetativos de la depresión son los síntomas que afectan el funcionamiento del paciente: por ejemplo, el sueño, el apetito y la concentración).

Ansiedad: Angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos. (Volviendo a intentar aclarar algo más y siguiendo con la RAE; Angustia: Temor opresivo sin causa precisa).

Aunque la RAE, generalmente, no es una buena referencia a la hora de describir qué son los trastornos médicos, sí podemos observar con la definición como ambos trastornos parecen afectar a la mente y a los sentimientos pero hasta ahí llegan sus similitudes. Sí profundizamos algo más en ambos trastornos, comprobaremos que las diferencias se agudizan.

A pesar de tratarse de trastornos distintos, existe una realidad estadística, una realidad que se constata con la frecuencia en que un suceso se repite, una realidad de una coincidencia de los trastornos de ansiedad y de depresión en la misma persona y en el mismo momento que sirve como punto de partida de este artículo: Es frecuente que las personas que padecen trastorno de Ansiedad, desarrollemos cierto proceso depresivo (1)



Cuando tenemos dos sucesos que se relacionan estadísticamente, existen dos opciones para explicarlos:
  • La primera opción es la que establece que esta coincidencia es simplemente estadística y los sucesos no tienen relación.

    En los denominados países desarrollados cada vez es más frecuente el consumo de agua mineral (a pesar de tener la mejor calidad de agua potable “de grifo”) y cada vez es mayor el porcentaje de gente que contrata seguros privados; estamos ante dos sucesos estadísticamente coincidentes pero con una relación casual, esto es, beber agua mineral no hace que contrates seguros privados, ni viceversa.

  • La segunda opción es que sí existe relación:

    Supongamos que contamos las personas que tienen una fractura de brazo y las que padecen gripe, aunque no hemos realizado ningún estudio al respecto, estamos casi convencidos que debe darse algún caso, aunque no creemos que sea muy frecuente, y esto es así, porque ambos trastornos no tienen relación alguna (2).


En el caso de la Ansiedad y la Depresión, la estadística demuestra que sí existen muchos casos en los que las personas con trastorno de Ansiedad desarrollan procesos depresivos (y viceversa), de hecho, la estadística demuestra que lo extraño son aquellas personas que padeciendo Ansiedad no padecen cierto grado de depresión.


Por qué Ansiedad y Depresión



Siendo dos trastornos distintos que comparten su centro origen en la mente y suponiendo demostrada una relación entre ellos, la pregunta sería pues ¿qué produce esta coincidencia?

Ante esta cuestión se han planteado varias teorías:

La primera teoría parte del principio de que las personas utilizamos el lenguaje para comunicarnos y tenemos carencias en el mismo. El lenguaje limita la capacidad de intercambio de información (hecho contrastado) y las personas no solemos disponer del vocabulario ni de la inteligencia emocional para describir qué es aquello que realmente nos ocurre. Bajo esta teoría, las personas ansiosas a la hora de describir aquello que nos afecta, que nos trastorna, que nos ocurre, recurrimos a vocablos y expresiones que pueden confundirse con un trastorno de depresión. Bajo este punto de vista, lo que se está indicando es que la coincidencia no es tal, las personas con trastorno de Ansiedad no tienen Depresión, lo que ocurre es que no sabemos transmitirlo.

Una segunda teoría defiende que es el trastorno de Ansiedad el que conduce a un proceso depresivo. Todos los que tenemos Ansiedad sabemos de lo traumatizante, estigmatizante y limitante que es. Todos los ansiosos hemos visto como nuestra vida se ha visto limitada de manera muy considerable por este trastorno, cómo nos ha robado nuestra vida y nuestros sueños y, ante esta situación, es lógico que se desarrolle un cierto grado de negatividad, de tristeza que falta de fuerzas al que se describiría como un proceso depresivo.

La tercera teoría defiende que el trastorno originario siempre es el trastorno depresivo, la depresión estaba presente en nosotros antes de desarrollar el trastorno ansioso y este ha sido una consecuencia directa del primero. Bajo este prisma todos los ansiosos primero fuimos depresivos, esto es: estábamos deprimidos (aunque no lo sabíamos), este primer trastorno depresivo, de manera oculta fue minado nuestras expectativas vitales hasta el punto de que desarrolláramos un temor al futuro, a las expectativas que nos deparaba y este temor creciera hasta hacerse patente, más incluso que la depresión.

La cuarta y última teoría, parte de las justificaciones a esta coincidencia estadística se basa en que ambos trastornos comparten el mismo origen. Según esta teoría Ansiedad y Depresión tienen el mismo origen, responden a los mismos desencadenantes y depende de la persona afectada y sus circunstancias, se van reforzando unos u otros factores lo que hace que se desarrolle más uno de los trastornos que el otro aunque, en realidad, en todas las personas ansiosas-depresivas están presentes ambos trastornos, la única diferencia está en qué factores se han hecho más presentes.


Podemos observar que estas teorías cubren todo el abanico de posibilidades: que sea una confusión generalizada (no hay relación), que la ansiedad provoca depresión, que la depresión es la que provoca la ansiedad o que ambos trastornos han estado siempre presentes.

Como indicábamos en la introducción de este punto, las cuatro explicaciones con las que nos encontramos son teorías. Una teoría es una suposición, normalmente fundada en experiencias, estudios, etc., pero no confirmada; en el momento en que alguna de las posibles explicaciones fuera contrastada dejaría de ser teoría, refutaría a las demás teorías y pasaría a ser la explicación real del porqué de la coincidencia de un cierto grado de depresión en las personas que padecen de Trastorno de Ansiedad.

El centro de esta bitácora está en las personas que padecemos de trastorno de ansiedad y que buscamos aprender cómo curar, cómo controlar la Ansiedad (y los ataques de ansiedad). Sabemos que, para los que padecemos trastornos de ansiedad, saber que las personas ansiosas con frecuencia desarrollan procesos depresivos, nos aporta cierta calma en el sentido que tranquilizarnos por no ser extraños, por no poder decir que nuestro caso es el peor, pero no nos acerca a nuestro objetivo.


Nosotros lo que buscamos es aprender cómo controlar la Ansiedad y, para nuestra tranquilidad, lo que sí podemos afirmar es que al conseguir superar el Trastorno de Ansiedad, con esta superación, se producirá también la desaparición de esta depresión por ansiedad.




(1) También existe también la frecuencia inversa, esto es, la que relaciona la cantidad de personas que padecen trastornos por depresión y desarrollan procesos ansiosos. Aunque lo expuesto en este artículo también sea aplicable en ese caso, esa vertiente del problema no es el objeto principal de esta bitácora.
 
(2) Nota a puristas: Somos conocedores de que la estadística, además de medir la coincidencia estadística de las variables es capaz de determinar el grado de correlación entre ellas, pero este es un tema que se aleja del objeto de este artículo.
 



Sintomas de la Ansiedad

Lo que a mí me pasa es distinto (y peor), no puede ser Ansiedad. La verdad es que sí es Ansiedad, que tiene muchos y muy distintos síntomas.


Sintomas de Ansiedad
Running with the seagulls - By Ed Schipul
Hemos querido comenzar este artículo con la frase de “lo mío es peor”, porque es uno de los pensamientos-sentimientos más frecuentes entre quienes tenemos Ansiedad. Relatemos un caso imaginario que puede acercarse mucho al tuyo:

Me cuesta dormir, en ocasiones duermo, pero no descanso. Estoy algo inquieto pero es lo normal, a fin de cuentas estoy algo preocupado por el trabajo, unos problemillas familiares y de salud no estoy en mi mejor momento.
Con los días estos problemas físicos han ido aumentando, se me cargan los hombros, me duele la nuca y el estómago me está dando bastantes problemas.
Hace una semana, fui a levantarme de la cama y tenía vértigos y ganas de vomitar, me decidí a ir al médico y este, después de mirarme, diagnosticó que no consideraba que tuviera nada físico. Me preguntó si últimamente estaba nervioso y le comenté que nada que considerara fuera de lo habitual, algo inquieto por las circunstancias que me rodeaban pero nada que no considerara que fuera lógico. Me recetó unas medicinas y me dijo que “procurara tomarme la vida con más calma”.
Ayer fue el caso detonante, los dolores no han desaparecido, el estómago continúa dándome problemas (por arriba y por abajo) y, para colmo, han aparecido unos vértigos que me hacen temer que me vaya a caer en cualquier momento (con el consiguiente peligro físico). Acudí al mismo médico quien, en esta ocasión ni me auscultó. Se limitó a oír lo que le decía y me diagnosticó que estaba pasando por algún momento de ansiedad.
¿Cómo puede ese doctor hacerme ese diagnóstico? ¿No es consciente que lo que yo tengo son problemas físicos? ¿Dónde le habrán dado el título? ¿En la tómbola?

Como comentábamos al introducir esta fábula, puede que tu caso se parezca al descrito o puede que sea completamente distinto y tú no tuvieras síntomas físicos pero tuvieras otros relacionados con temores irracionales, conductas repetitivas (rituales), huidas, etc. En realidad un amplio abanico de posibilidades muy distintas y todos síntomas de un mismo trastorno: el trastorno de Ansiedad.


Antes de introducir los síntomas de la Ansiedad vamos a tratar de explicar qué es un síntoma. Al hablar de un síntoma de una enfermedad estamos hablando de una de las maneras que tiene de indicarnos su presencia. Cuando estamos resfriados, notamos que tenemos mucosidades, estornudamos, sentimos frío aunque nuestro cuerpo está sudando y tenemos una congestión en todo el tronco y la cabeza. Lo que acabamos de describir son los síntomas, los indicadores de que estamos resfriados.

Cuando hablamos de una enfermedad como pueda ser un resfriado, o un brazo roto, los síntomas son claros y muy parecidos entre distintas personas que padecen el mismo trastorno. En el caso del trastorno de Ansiedad, esto no es así: La ansiedad tiene muchos y muy distintos síntomas y dos personas Ansiosas no tienen por qué presentar la misma sintomatología.(Algo que sí tienen en común es que són muy desagradables y, por ello, buscamos cómo controlar la ansiedad)

Veamos como son estos


Los Síntomas de la Ansiedad



Para describir los síntomas de la Ansiedad, normalmente se realiza una clasificación de los mismos en tres grandes grupos que serían: cognitivo, conductual y físico, en este artículo hemos preferido utilizar otra clasificación que, pese a no estar tan extendida, creemos que puede resultar más clara para la mayoría de las personas.

En esta clasificación dividimos los síntomas de la ansiedad en cinco grupos:

  • Las conductas de huida o evitación.

    En este grupo se incluyen todas las acciones que realizamos cuando en nuestra vida se nos presentan imprevistos que nos incomodan, acciones que tienen como único propósito la huida, evitar esa situación.
    Habrá quien considere que esto es algo normal, todos queremos evitar situaciones que nos incomoden. No estamos hablando de eso; normalmente queremos huir pero no lo hacemos. Cuando tenemos Ansiedad, sí introducimos este tipo de acciones, realmente huimos de estas situaciones.

  • Respuestas físicas.

    Alteraciones en nuestro cuerpo, en nuestra salud física que no responden a una alteración física.
    • Palpitaciones y Taquicardias, pulso acelerado, sacudidas del corazón, etc.
    • Dolores cervicales, lumbares, etc.
    • Sensación de Falta de Aire, sudoraciones frías, temblores, Dolor de pecho , etc.
    • Mareos.
    • Hormigueos.
    • Nauseas.
    • Inestabilidad.
    • Aturdimiento.
    • Sueño y sensación de no haber descansado.

  • Miedos.

    Temores a cosas o circunstancias que previamente no teníamos y que notamos con una especial presencia.
    • Miedo a Tener Un Infarto y morir.
    • Miedo a que ocurra alguna gran desgracia.
    • Miedo a la soledad o a las muchedumbres.
    • Miedo a los ascensores, al metro, a los animales, a las grandes superficies, etc.

  • Pensamientos repetitivos y obsesivos.

    Aunque los hemos encabezado como pensamientos, pueden ser pensamientos o imágenes o voces que no paran de hacerse presentes en nuestra mente y no podemos deshacernos de ellas.
    En este grupo también incluiremos las acciones obsesivas, repetitivas e irracionales que realizarnos: lavados compulsivos de manos, comprobaciones y vueltas a comprobar, tender la ropa en determinado orden y con determinada posición y color en las pinzas, etc.

  • Temor por perder el control.

    Este síntoma tiene dos vertientes principales: la del temor a perder la cabeza y hacernos daño a nosotros mismos y la que está relacionada con padecer un arrebato incontrolable y hacer daño a otras personas, en especial personas allegadas.


Hemos querido introducir esta clasificación porque hace hincapié en dos de los puntos que mayor desasosiego producen entre las personas que padecemos de trastorno de ansiedad:

  • La Ansiedad es un trastorno producido por un mal funcionamiento de un proceso mental pero, pese a su origen: produce síntomas físicos reales, tan reales como los que responden a procesos físicos.

  • Un temor frecuente y con el que resulta difícil lidiar es el temor a hacernos daño o hacérselo a otras personas o cosas (en especial allegados). En este punto debemos hacer un paréntesis y remarcarte que – pese a tu temor y lo fundado que creas que es – no vas a hacer daño a nadie. El propio hecho de que tengas este temor hace que no pueda ocurrir.


Remarcamos que los síntomas son pues como las luces de emergencia que se encienden cuando hay un incendio o el piloto del coche que nos indica que no tenemos gasolina. Este es un punto muy importante pues: apagar el indicador no soluciona el problema. Por quitar el piloto de no hay gasolina no se llena el depósito y el motor dejará de funcionar. El indicador funciona bien, el problema es otro.

Debemos ser conscientes que la solución está en aprender cómo Controlar la Ansiedad, cuando aprendamos a controlar la ansiedad, todos sus síntomas desaparecerán. De la misma manera que con los indicadores mecánicos que estamos mencionando, en el caso del trastorno de ansiedad, pretender que desaparezcan los síntomas sin aprender como curar, como controlar la ansiedad es querer apagar la señal de alerta sin apagar el fuego; el fuego continuará y nada nos indicará de su presencia.





Que es un ataque de ansiedad

De repente tu cuerpo y tu mente dejan de responder, te invade una sensación de miedo y piensas que vas a morir: en realidad lo que sufres es un ataque de ansiedad.


Ataque de ansiedad, ataque de pánico, crisis de ansiedad, pannic attac, nombres para indicar una expresión exagerada del trastorno de ansiedad, una manifestación desproporcionada, puntual y extremadamente traumatizante.

Abismo - Henrique Matos - Que es un Ataque de Ansiedad
 Abismo - Henrique Matos
En nuestro artículo Que es la Ansiedad  dijimos que la ansiedad es un proceso defensivo del cuerpo que, ante una situación de peligro, prepara nuestro cuerpo para poder superarlo con mayores garantías de éxito. Un sistema automático, que dispara nuestro cuerpo aún cuando nuestro consciente no ha percibido esta alerta. Un sistema que produce un conjunto de alteraciones en nuestro cuerpo, generando sustancias, acelerando sistemas, parando otros, etc. todo con la finalidad de prepararnos para maximizar nuestras capacidades sensoriales y de respuesta.

Insistimos, la ansiedad es un sistema beneficioso que nos ayuda ante situaciones de peligro, el problema radica cuando ese peligro no existe, cuando tenemos un funcionamiento incorrecto del sistema, cuando padecemos de trastorno de ansiedad. Cuando todos esos cambios no responden a un peligro y, por tanto, no son utilizados para responder a él, no los consumimos y permanecen en nuestro cuerpo generando muchas alteraciones.


El trastorno de ansiedad tiene una manifestación continua, pero puede presentarse de repente en lo que llamamos


Ataque de Ansiedad



Puede ser que se presente ante un claro activador, esto es: una situación, un lugar, un acontecimiento definido y conocido que sea el detonante o puede no responder a nada reconocible, la cuestión es que en un momento dado nos invade un sentimiento de angustia extremo, un sentimiento de desesperación (pérdida de control, necesidad imperiosa de huir, temor a sufrir un infarto, etc.) acompañado normalmente de síntomas físicos (mareos, palpitaciones, sudoraciones, pérdidas de visión, hiperventilación, etc.)

El ataque de ansiedad (ataque de pánico)es un sentimiento que nos invade y crece de manera muy rápida (normalmente crecerá durante los primeros 10 minutos, manteniéndose alrededor de 30-40 minutos, para luego ir desapareciendo, aunque este proceso puede prologarse durante varias horas). Es, en realidad, una manifestación extrema (por su virulencia) del trastorno de ansiedad.

Algunas personas que no padezcan trastorno de ansiedad, podrían pensar al leer la descripción anterior que un ataque de ansiedad es pues sólo una sensación puntual desagradable, un momento de pasar un “mal rato” sin ningún tipo de implicación. Aquellos que padecemos de trastorno de ansiedad podemos llegar a hacernos una idea más completa imaginando nuestra alteración de una semana concentrada en un periodo de pocas horas.

Y, aquellos que padecemos o hemos padecido de ataques de ansiedad, de ataques de pánico, sabemos que ese “mal rato”, aunque pasa, deja una marca y un temor a que vuelva a repetirse que – paradójicamente – es el principal detonante de que vuelva a ocurrir.

El ataque de ansiedad, como cualquiera de las manifestaciones del trastorno de ansiedad, no es peligroso, no está poniendo nuestra vida en peligro aunque, cuando se está padeciendo, es muy difícil de discriminar: tenemos un dolor en el pecho, nuestras pulsaciones se han disparado, tenemos sudores fríos, nuestro cuadro no responde a ningún detonante claro y nuestro cerebro no es capaz de analizar qué nos está ocurriendo de manera fría. En esta situación, cierto es que podría (como de hecho es) tratarse de un ataque de ansiedad aunque también podría ser que realmente estuviéramos padeciendo un ataque al corazón y nuestra vida peligrara.

Conocemos la problemática (como comentamos en la presentación de esta bitácora – Controlar Ataques de Ansiedad – nosotros también sufrimos de trastorno de ansiedad y, por desgracia, de más de un ataque de ansiedad), sabemos el conflicto que se genera en la situación de estar sufriendo un ataque de ansiedad, el conflicto de sentir que nuestra existencia peligra y tener el instinto natural de intentar protegerla ante todo (respuesta instintiva natural) y que nuestro razonamiento esté intentando describirnos que es “sólo una manifestación de la ansiedad” no peligrosa aunque desagradable.

En próximos artículos veremos cómo podemos actuar para controlar ataques de ansiedad, de qué herramientas disponemos para manejar los ataques de pánico desde el primer momento, pero ese no es el objeto de la presente entrada sino el describir qué es un ataque de ansiedad y describir que un ataque de pánico es “simplemente” un síntoma, una expresión exagerada de un trastorno general llamado trastorno de ansiedad.

Ataque de pánico = Una respuesta exagerada ante un peligro inexistente que, tratando de protegernos, provoca un gran desequilibrio en nuestro cuerpo.




Controlar la Ansiedad es curarla

Controlar los ataques de ansiedad es hacer de desaparezcan, pero no ocurre lo mismo con la ansiedad. Podemos aprender a manejar la ansiedad.


El trastorno de ansiedad es una enfermedad que provoca mucho sufrimiento en quien la padece, algo que parece que sólo se llega a comprender cuando tenemos la desgracia de caer en ella.

Controlar Ansiedad es Curar Ansiedad
Puede que antes de padecer de trastorno de ansiedad (o en el caso de que estés buscando información no de ti sino de algún allegado), conocieras a alguno de tu entorno al que le hubieran diagnosticado de trastorno de ansiedad. Es posible que hubieras tenido la oportunidad de que te contara en primera persona aquello que le estaba pasando y, con mucha probabilidad, no alcanzaras a comprender en toda su extensión a qué se estaba refiriendo:

  • Te cuenta que se levanta dolorido y tú piensas que es normal.
  • Te comenta que tiene sensaciones de mareo y tú piensas cuando tuviste que quedarte en la cama por ese ataque de vértigo.
  • Te dice que siente temblores que recorren todo su cuerpo, que le duele el pecho como si fuera a sufrir un ataque al corazón, que siente como si estuviera fuera de su cuerpo y tú piensas… que es un exagerado y si no estará fingiendo para no cumplir con sus obligaciones.


Si eres tú quien lo padece ya eres consciente de que el trastorno de ansiedad es una alteración de origen mental que, pese a su origen, con frecuencia cursa con problemas físicos reales (muy reales): palpitaciones, sensaciones de ahogo, dolores cervicales, mareos, sensaciones de vomito, temblores, etc., aunque también existen personas que no perciben ningún síntoma físico. Sea como fuere lo que sí es común es el gran sufrimiento que produce en quien lo padece.

De igual manera que cuando nos duele la cabeza, los odios o una muela, lo único que buscamos es que ese sufrimiento acabe, al hablar del trastorno de ansiedad, de controlar la ansiedad y los ataques de pánico, lo que estamos buscando es que desaparezcan y no vuelvan nunca.


Combatir Ansiedad NO ES quitar Ansiedad



El problema con el trastorno de ansiedad es que, como vimos en nuestro artículo que es la ansiedad, es una alteración del sistema ansiedad, y este es un sistema beneficioso y presente en todas las personas. La ansiedad es nuestro sistema de defensa, es el que nos informa de que hay un peligro, es el que nos prepara para tener más posibilidades de salir airosos de situaciones en las que peligramos.

Los científicos ya hace tiempo que conocen la manera de deshacer las conexiones cerebrales del miedo y son, por tanto, capaces de crear animales que no temen a nada. Esta misma técnica podría ser trasladada a los humanos para ayudarles con su problema de controlar la ansiedad, con lo que tendríamos que el miedo desaparecería de nuestras vidas.

Como es fácil de entender, nadie va a hacer semejante cosa, por dos razones principales.

  • Al no percibir el miedo no seríamos conscientes de estar en peligro y, con ello, nos expondríamos a este con frecuencia (pues no lo percibiríamos y nos rodea constantemente). Las consecuencias de este estado son rápidas y letales para nosotros.

  • Al no percibir los demás el miedo, no sólo no tendrían esta percepción en sí sino tampoco con los demás, por lo que no solo pondrían su existencia en peligro sino también la nuestra.


En cierta manera el miedo es una forma visible de entender que es la ansiedad, a aquello que percibimos que nos va a ser perjudicial, lo tememos. Este temor es el que hace que procuremos evitarlo y, por tanto, que estemos “a salvo”.

Cuando una persona tiene un trastorno de ansiedad asociado por ejemplo a conducir, lo que pretende cuando busca la manera de controlar la ansiedad es el que el conducir no le provoque ninguna alteración. Seamos realistas, cuando estamos al volante todos tenemos momentos en los que nuestra ansiedad se activa: un coche que se nos cruza, el coche de delante de frena de manera inesperada, un conductor nervioso que no para de tocar el claxon, etc. Cuando nuestra ansiedad esta asociada al hecho de conducir, con controlar la ansiedad lo que buscamos es que no haya ningún momento en el que se dispare la ansiedad, algo que – como hemos visto – sería tan anormal como la situación actual en la que se nos dispara antes de subir al coche.

Pensemos, además, que el sufrimiento de la ansiedad nos convierte en personas hiper-vigilantes, que están constantemente escuchándose para ver los síntomas y en esta misma actitud de escucharnos constantemente es donde estamos introduciendo ansiedad que impide superar nuestro trastorno.

Cuando hablamos de controlar la ansiedad, de controlar los ataques de ansiedad, no estamos hablando de hacer que la ansiedad desaparezca de nuestra vida sino de hacer que vuelva a comportarse de la misma manera que lo hacía anteriormente.




Controlar Ansiedad: lo imprescindible eres tú

La ansiedad produce mucho sufrimiento y por ello buscamos cualquier remedio que pueda curarla. Convenientemente, olvidamos lo más importante: nosotros.


Si eres tú quien padece de esta enfermedad, sabes que trastorno de ansiedad genera mucho sufrimiento y, por tanto, aquellos que lo padecemos buscamos desesperadamente una cura, una manera de controlar los ataques de ansiedad, la ansiedad en sí.

Controlar Ansiedad - Imprescintible Tu
Queremos que el trastorno de ansiedad desaparezca y queremos que lo haga de la misma manera que vino: de una manera rápida, inesperada y sin ninguna intervención por nuestra parte.

Vivimos en una sociedad avanzada donde la medicina, afortunadamente, ha hecho grandes avances y tiene solución para muchos de nuestros problemas de salud. En esta situación nos hemos convertido en personas cómodas, acostumbradas a: tener un problema de salud, acudir a nuestro médico quien nos prescribirá una medicación que solucionará nuestro problema. Así, cuando tenemos un resfriado, acudimos al doctor quien nos manda unas pastillas que nos tomamos las veces y en la frecuencia que nos informa y, resolvemos el problema.

En ocasiones, la cosa ya no es tan cómoda. Por ejemplo: cuando tenemos una lumbalgia, además de tomarnos la medicación, permanecer en reposo unos días y, algo adicional, en este caso debemos modificar nuestros hábitos de vida (aunque sea durante el periodo inicial de reposo), para acabar de dificultar la cosa, nuestro especialista nos explicará que está demostrado por la experiencia que, aquellas personas que –a pesar del dolor – se activan antes, tienen una recuperación más temprana y satisfactoria: para recuperarnos tenemos que poner de nuestra parte y – aguantando el dolor – activarnos lo antes posible.

En un caso o en el otro existen una pautas que van ha conducirnos a la solución del problema. Puesto que nuestro problema actual es el de la Ansiedad, acudimos al médico o buscamos la ayuda de cualquier otro tipo que nos permita resolver el problema “como siempre”.

Nuestro médico nos atenderá personalmente o nos derivará a un especialista psiquiátrico. En ambos casos la solución al nuestro problema por parte de estos especialistas de la medicina occidental es el recurso a las pastillas. Como veremos en un artículo posterior, las pastillas no son la solución, pueden resultar un alivio temprano pero nunca una solución a nuestro problema de controlar la ansiedad y sus ataques y, para empeorar las cosas, este “alivio” temprano va a pasarnos una cara factura después.

Puede que aún sigamos buscando una respuesta rápida y esto nos introducirá en el mundo de las medicinas “alternativas”. No estamos criticándolas desde esta bitácora: Existen denominadas medicinas alternativas como la acupuntura, la digitopuntura, las flores de bach, el yoga, la curación naturista, etc. que tienen demostrada su eficacia desde antes de que la medicina occidental despuntara por sus rápidos resultados. El problema es que, en esta búsqueda desesperada, dejemos de ser selectivos y nos pongamos en manos de pseudo-sanadores que, no sólo no mejoren nuestro problema, sino que nos empeoren y mucho.

En este artículo nos vamos a centrar en un punto que tienen en común todas las soluciones anteriores y que es el hecho de que buscamos que algo externo a nosotros sea quien produzca la sanación. Querernos que nos curen, no buscamos cómo curar la ansiedad.

El título de esta bitácora “controlar ataques de ansiedad” lleva implícito un hecho y es que en nuestro objetivo de aprender cómo controlar la ansiedad, cómo manejar la ansiedad vamos a ser necesarios, realmente será lo único indispensable.

La pregunta ahora será ¿porqué para


Controlar la Ansiedad lo imprescindible eres tú?



Como vimos en nuestro artículo Que es la Ansiedad, el trastorno de ansiedad es una alteración de un sistema preventivo-defensivo presente en todos los humanos. Una alteración que hace que este sistema se dispare cuando no existe peligro objetivo, que se dispare con una intensidad desmedida y que no sepa cuando debe parar.

El sistema Ansiedad está anclado en nuestro cerebro, para ser efectivo es un sistema que actúa de manera automática, esto es: no espera a que nuestro cerebro consciente interpreta razonadamente las señales -esto lo haría lento y, por tanto, inútil-, cuando percibe señales de peligro se activa todo el sistema antes de que seamos conscientes ni de que el problema existe. Como han demostrado estudios recientes, es un sistema que aprende, esto es, se adapta y aprende a interpretar nuevas señales como peligros.

En nuestro caso, cuando padecemos de ataques de ansiedad, el sistema ha aprendido a protegernos de peligros que no vemos de manera consciente. Hemos desarrollado un sistema de protección para cosas que nos parecen peligrosas, aunque para el resto de personas no lo sean. Los mismos estudios a los que nos referíamos antes demuestran que el sistema ansiedad también es extremadamente preventivo: si un ruido fuerte es indicio de un peligro inminente y este sonido se produce varias veces con distinta intensidad, el sistema se vuelve preventivo y se dispara ante el menor susurro.

Nuestro objetivo de aprender a controlar la ansiedad, a manejar los ataques de ansiedad, pasará por un proceso de reeducación de este sistema. Es como un piloto de alarma de incendios que ha perdido la configuración y tenemos que volver a introducirle los valores a partir de los cuales se considera que hay incendio y cuando sólo es una subida de temperatura debida al calor del verano.


Y, en este proceso hacemos falta nosotros. Los demás podrán acompañarnos (algo que casi siempre se agradece), podrán reconfortarnos (saber que contamos con apoyos suele ser muy útil para no hundirnos en el camino) y guiarnos (saber reconocer que no lo sabemos todo y aprovechar el conocimiento de otros que ya conocen el camino es de gran ayuda para avanzar más rápido y sin tropiezos), pero al final somos nosotros quienes debemos hacer el camino.

De la misma manera que una persona que tiene miedo a viajar en avión tiene dos formas básicas de afrontar este miedo: La primera de una manera paulatina, con un proceso de aproximación primero mental y luego real y una segunda mucho más brusca que es subiendo al avión y no bajándose hasta haber perdido el miedo, de la misma manera que estas dos técnicas pueden resultar beneficiosas para uno y muy perjudiciales para otros, de esa misma manera ocurre con el control de los ataques de ansiedad.

Debemos encontrar cual es nuestra manera de afrontar el problema, cual es el camino que nos permite cumplir nuestro objetivo de dejar en el olvido los ataques de ansiedad y reconducir la ansiedad a aquello que debe ser, de una manera que nos permita avanzar sin tropezar.





Que es Ansiedad

Queremos controlar la ansiedad, los ataques de ansiedad, en definitiva: curar la ansiedad, para ello primero debemos saber qué es la ansiedad.


Que es Ansiedad
En un caso típico, tras un periodo en el que no te encontrabas muy bien físicamente, en el que estabas algo más excitado de lo habitual (puede que tampoco en exceso), has ido notando como esos problemas aumentaban hasta el punto de convertirse en problemas incapacitantes, esto es: el problema ha aumentado y te impide continuar con tu vida normal.

Acudes a tu medico con la convicción de que tienes alguna enfermedad (grave, algo incurable y fatal) y descubres un diagnóstico inesperado: tu problema es mental. Tienes un problema de ansiedad, un trastorno en tu mente es el causante de todos tus problemas.

Este diagnóstico puede tener distintos nombres, puedes sufrir
  • Trastorno de ansiedad generalizada.
  • Ataques de pánico.
  • Agorafobia.
  • Angustia.
  • Fobia social.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo.
  • Estrés agudo.
  • Estrés post-traumático.
  • ...

Todos estos nombres tienen un elemento común: son un trastorno de ansiedad.

Antiguamente los problemas mentales no eran considerados como enfermedades, con el tiempo se apercibieron del peso real de estos trastornos en la salud y comenzaron a considerarlos. Dado que no se conocía gran cosa sobre ellos, se englobaban con la denominación genérica de Neurosis. Con la llegada de Freud, estos trastornos fueron clasificados en grupos más concretos para especializar el estudio y tratamiento para su cura, una especialización que se ha ido ampliando hasta el momento actual.

En un proceso inverso, podemos volver atrás en las especializaciones realizadas y considerar el problema de ansiedad en su esencia, podemos – a la hora de definir la ansiedad - describir todos estos trastornos por su origen común.


Qué es la ansiedad realmente



Hablar de ansiedad es hablar de los orígenes del ser humano como especie. En los primeros tiempos de los humanos, cuando tenían que competir contra un entorno hostil con la poca aptitud física de la que estaban (estamos) dotados, tuvieron que desarrollar algún sistema que les permitiera superar estas adversidades.

El cerebro desarrolló una capacidad para que, al percibir determinadas señales, previera que nos acechaba un peligro y disparara el sistema de alerta. Un sistema que incluye la generación de determinadas sustancias, la activación de determinados sistemas y que dejen de funcionar otros, un sistema automático que prepara nuestro cuerpo para contar con las mayores garantías de superar este peligro con éxito (bien sea huyendo o luchando).

Este sistema es, por tanto, muy beneficioso y permitió que la especie sobreviviera hasta la época actual. A este sistema es al que llamamos Ansiedad.



Actualmente, los humanos ya no solemos tener que enfrentarnos a esos primeros peligros. En nuestras vidas ya no suele existir el peligro inminente de perder la vida a manos de un depredador o caernos por un precipicio. Los peligros han cambiado pero el sistema ansiedad sigue activo, previendo los nuevos peligros.

Para aquellos que no padecen ansiedad, probablemente la manera más inmediata de saber a qué nos estamos refiriendo sería recordar el estado de excitación descontrolada antes de entrar a realizar una entrevista de trabajo o en la sala de espera de maternidad cuando iba a nacer nuestro primer hijo. Ese nerviosismo incontrolado y que pone en tensión cada músculo de nuestro cuerpo, que hace que dejemos de salivar, que incrementa nuestro ritmo cardiaco, etc., eso es la ansiedad (en estos casos, próximo a un ataque de ansiedad).

En realidad no existía ningún peligro para nuestra integridad. El peligro que percibíamos era el del estar haciendo algo de lo que dependía nuestro futuro (remarcar el tema del futuro pues – como veremos en otros artículos – es esencial en el entendimiento y control de la ansiedad).

De lo anterior podemos concluir dos cosas:
  • La ansiedad es un sistema preventivo beneficioso.
  • La ansiedad está presente en todos los humanos.

Así pues, si es beneficioso y está en todos, ¿cómo nuestro problema es el de tener ansiedad?. La cuestión es meramente de economía de expresión, cuando nos dictaminan que padecemos de ansiedad, en realidad lo que nos han dictaminado es que padecemos de trastorno de ansiedad.

El trastorno de ansiedad, como su nombre indica, es una alteración, un mal-funcionamiento del sistema ansiedad. Una alteración que hace que ante determinadas señales nuestro cerebro perciba de manera equivocada el peligro y dispare el sistema de alerta. La frecuencia de este error de percepción y el nivel de amenaza de la que informe hará que nuestra ansiedad responda a acontecimientos precisos, acotados, definidos o sea general y que la respuesta sea más o menos persistente y más o menos pronunciada.



Como veremos en próximos artículos, la ansiedad es un trastorno que tiene asociados muchos y muy distintos síntomas. Este es el hecho principal de que muchas personas que padecemos de trastorno de ansiedad seamos inicialmente reticentes al diagnóstico.

Acudimos la médico sin sentirnos especialmente nerviosos o alterados, tenemos un problema físico: sensaciones de desmayo, dolores en la zona cervical, problemas gástricos, sensaciones de hormigueo, palpitaciones, etc., sensaciones muy expresas y reales manifestadas en momentos de una manera exagerada (veremos que esto son las llamadas crisis de ansiedad, ataques de ansiedad o ataques de pánico). Como insistimos al especialista, tenemos problemas físicos reales, muy reales y, por tanto, nuestro problema no puede ser de origen mental.

Aunque nos sentimos diferentes en realidad somos iguales y, aunque pensamos que el nuestro es un caso especial, en realidad es igual al de las demás personas que padecen de ansiedad: el problema de la ansiedad se puede estar manifestando de una manera física muy palpable y real, pero su origen no es físico sino mental.

Somos muy conscientes de la dificultad que tiene asumir que el nuestro pueda ser un problema mental que se está manifestando de una manera tan física. Entendemos la tendencia natural a considerar que el nuestro es un caso singular, distinto y de diagnóstico equivocado, Somos conscientes de la valoración social de este tipo de problemas y del hecho de romper el esquema básico de alteración física como respuesta a problema físico, pero: El primer paso en controlar ataques de ansiedad será aprender qué es la ansiedad y asumir que ese es el problema contra el que vamos a tener que trabajar.